¿Jugar bien?

BALÓN DIVIDIDO

La columna de Javier Arguelles

Llegamos y nos vamos de esta vida con algunas preguntas sin respuesta. ¿Ser o no ser? ¿Existe Dios, sólo uno o miles? ¿Hay algo más allá del infinito? ¿Qué es jugar bien al fútbol? Como no tengo ni idea de filosofía, teología o matemáticas, siendo muy atrevido intentaré darle solución a la incógnita futbolera.

¿Será tener la pelota todo el tiempo, será renunciar a ella? Pudiera ser atacar todo el partido o defenderse los 90 minutos. Contra golpear, jugar a la segunda pelota. Será acaso competir con los recursos humanos disponibles, mientras potencias las virtudes y ocultas los defectos.

Pudiera ser tan simple como ganar, hacer un gol más que el rival sin importar como lo hiciste, con la premisa de que el fin justifica los medios. Jugar bien, pudiera ser también respetar una identidad, una filosofía, una cultura, una manera de vivir. No es lo mismo jugar en Sudamérica que en España o Inglaterra.

Por lo general es necesario adaptarse a una liga, un clima, un presupuesto o una plantilla, o simplemente a la idiosincrasia del país anfitrión. Según Bielsa el «jugar bien es crear ocasiones, convertirlas y que no te generen oportunidades». Valdano agrega que «se debe buscar la belleza y el que no lo intente se acerca a la mediocridad». Todas estas hipótesis pudieran estar equivocadas o en su conjunto ser la respuesta acertada.

No existe un modelo único para interpretar el fútbol. Lo importante es controlar los espacios y el tiempo. Recuperar la pelota donde uno quiere y atacar de manera eficiente. Se puede competir con o sin balón. Competir como primer paso para ganar, pues incluso “jugando bien” se puede perder, bien porque el rival ha sido mejor, por un error puntual o del árbitro.

Llegados a este punto, Jurgen Klopp desmonta cualquiera de mis conjeturas anteriores con una frase soberbia: «Si los espectadores quieren emociones fuertes, pero tú les ofreces una partida de ajedrez sobre césped, alguna de las dos partes tendrá que buscarse un estadio nuevo». ¿Será que jugar bien es simplemente divertir a la parroquia, esa que te quiere y te apoya incondicionalmente? Yo lo dejo ahí.

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