LAS COSAS DEL FÚTBOL
La columna de Lorenzo Martínez Gener
Desde que tengo uso de razón el fútbol envuelve casi la totalidad de mis momentos más gratos. El romanticismo del juego de antaño fue erigiendo el concepto que tengo sobre este bendito deporte. Las cosas del fútbol no tienen épocas. Los grandes jugadores, los equipos ganadores y los partidos vibrantes trascienden en el tiempo perdurando hasta la eternidad, con un nivel de idolatría digno de los profetas divinos o los dioses de la Antigua Grecia.
Sobra la polémica entorno a la selección del mejor futbolista del mundo, sobre el césped han existido jugadores que han cautivado a millones de seguidores de todas las edades. Diversos son los criterios a la hora de elegir a un jugador que lidere el ranking de los futbolistas más influyentes de la historia. Pero muy pocos se fijan en un personaje tan importante y polémico como suelen ser los árbitros. Ellos son los únicos que al terminar el encuentro siempre regresan solos a casa, sin el reconocimiento debido a tan noble profesión.
Cuando un equipo gana, en la mayoría de los casos los fanáticos y la prensa resaltan el papel de goleador del encuentro (en el mejor de los casos), o un error del equipo perdedor, o un error del grupo arbitral, pero casi nunca resaltan positivamente el papel determinante del referee, solo si se equivocan sacan portadas donde hacen trizas la actuación de los colegiados, haciendo caso omiso a la actuación de los jugadores.
Pues bien para el año 1991 debutó en el principal campeonato italiano un joven árbitro que llamaría la atención de todos por su espigada anatomía y una particular cabeza despoblada de cabellos, pero que pronto su trabajo sobre la cancha lo convertiría en internacional FIFA. Desde entonces se convertiría en habitual en los más trascendentales torneos que se realizaran en el mundo.
Pierluigi Collina es según la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) el mejor árbitro de todos los tiempos. Recuerdo la final del mundial de Corea y Japón , la cual lo tuvo como protagonista como silbante, así como los Juegos Olímpicos de 1996, y la Liga de Campeones de 1999.
Su presencia en el césped generaba la confianza de todos los que amamos el fútbol, y no por gusto fue el preferido de los jugadores, técnicos, y directivos por más de una década.
No solo imponía respeto por su físico y su cara de personaje salido de una película de terror, sino por su actitud dialogante y su singular inclinación a explicar los motivos de sus decisiones, lo cual le llevó a ganarse la aceptación de la mayoría tanto dentro y fuera del terreno. Pero si bien Collina fue un crack mundial dentro del terreno, igual de exitosa ha sido su vida fuera del deporte. Es consejero financiero y padre de dos bellas jóvenes, ha publicado un libro con su autobiografía y su visión del fútbol. Fue elegido como portada de uno de los juegos de fútbol más comercializado en el mundo el Pro Evolution Soccer 3.
Pero sobre todas las cosas su participación en actos benéficos en favor de los más necesitados ha sido un gesto digno de admirar. La universidad de Hull le reconoció con el título de Doctor Honoris Causa por su amplía contribución al deporte en general. Al igual que varios grandes jugadores como Pelé, Maradona, Messi, Cristiano, Collina ya es parte de la historia dorada de este deporte y como magno al fin, desde su retiro el fútbol ha quedado esperando otro genio del silbato.