El PUNTO CENTRAL
La columna de Raúl Hernández Lima
La noche no estaba apta para los puros, quizá debí decir los puritanos que no es lo mismo. Una banda de atrevidos venían desde Praga a retomar la afrenta donde mismo la dejaron hace un par de semanas. Sabían los llegados que tenían que dejarse el alma en el imponente Camp Nou de Barcelona.
Los culés temían eso y Valverde protegió la mitad con un doble pivote. El veterano y el novato. Pero la experiencia de Busquets y la frescura del joven De Jong se rompían ante el asedio de algún checo obstinado que se encargaba de cortar el oxígeno al juego blaugrana. Piqué encontró en los balones largos un aliado circunstancial. A falta de quien sacara los balones hacia el frente sólo Semedo entendió que debía correr. Y corrió como obligaban los valientes que nada tenían que perder. Corrió para cubrir las amenazas a su posición y luego corrió también para proponer cuando faltó Messi.
El diez apareció para poner en la escuadra un balón que rebotó violentamente amenazando con arrancar el poste. Luego se topó con Kolar. El portero checo tiraría en sus hombros todo el peso del desgaste y soportó estoico su arco cuando las piernas de los suyos no pudieron contener la ofensiva del gigante.
Los catalanes se durmieron aletargados y se cansaron. Faltaron luces y oxígeno. Se premió con un punto el valor del Slavia y como pocas veces un empate a cero no dio oportunidad para el aburrimiento. Mal día para los pusilánimes. El fútbol es coraje, lo demás un espejismo.