Kahn y Cañizares, hermandad de arqueros

Ambos dieron una lección de valores humanos que solo el deporte sabe fomentar en sus practicantes, recordándonos a cada uno de nosotros por qué amamos este deporte.

El Palco, la Columna de Henry Morales

La UEFA Champions League, en cada una de sus ediciones, nos deja historias trascendentales que al pasar los años quedan marcadas en la memoria de los aficionados al más universal. Una anécdota de esta competición que sobrepasa el umbral de la memoria futbolística es la que involucra al por aquellos tiempos mejor portero del mundo, Oliver Kahn, y al siempre espectacular español Santiago Cañizares.

Corría el año 2001, específicamente el 23 de mayo y el Estadio Guiseppe Meazza se ponía traje de gala para servir de anfitrión a la final de la edición número 46 del torneo europeo. El impresionante Valencia CF repetía por segunda vez su presencia en la instancia final de la competición, su rival en esa noche mágica no era más que el gigante bávaro Bayern Munich. Bajo los arcos de ambos equipos se encontraban dos hombres que serían a la postre protagonistas del inverosímil espectáculo.

El choque fue marcado por la influencia de ambos cancerberos desde su inicio, ya que el holandés Dick Jol sancionó tres penas máximas durante los noventa minutos reglamentarios. Apenas al tercer minuto el conjunto ché se vio beneficiado con un dudoso penalti que Gaizka Mendieta mandó al fondo de las redes a pesar de la gran estirada de Kahn. Por su parte, el Bayern Munich tendría par de oportunidades desde los once pasos. En la primera ocasión Mehmet Scholl era víctima de un paradón del dragón Cañizares y en la segunda, el capitán bávaro Effenberg no desperdiciaría su cobró engañando al golero valencianista con un tiro ajustado a la izquierda, dejando sembrado en el medio de la puerta al arquero.

Con un empate en el tiempo reglamentario la mesa quedaba servida para la tanda de penaltis donde el protagonismo quedaba en los arqueros. Una lotería no apta para cardiacos dejó sin uñas a más de un fanático. Kahn engrandaría su nombre al detener el envío de Zahovič y parar espectacularmente a una mano el cobro de Carboni.

Cañizares tuvo la suerte de ver el desviado disparo de Paulo Sergio volar por encima del travesaño y sacó las alas de dragón para tapar el cobro de Patrik Andersson con sublime categoría, digna de su estatus mundial. El último lanzamiento de la tanda por cada equipo quedaba en las botas de Thomas Linke y Mauricio Pellegrino. El primero engañó por completo a Cañizares y automáticamente dejó húmedos los ojos del golero español por las lágrimas. Pellegrino se disponía batir a Kahn pero esta vez el alemán acertó en la dirección y tapó el balón coronando al Bayern Munich como Campeón de Europa.

Las celebraciones de los teutones eran desorbitantes, mientras que tendido de rodillas en el suelo se encontraba desparramando lágrimas sin consuelo el dragón Cañizares. En medio de vítores y gritos de emoción las cámaras volteaban para captar un increíble hecho. Oliver Kahn se arrodilló junto al golero español para consolarlo en un gesto de deportividad que hermanaba a los protagonistas de la noche. Los jugadores de la posición más ingrata del fútbol daban una lección de valores humanos que solo el deporte sabe fomentar en sus practicantes. La imagen que dejó este hecho es como diría un amigo «de las que te curan el alma», recordándonos a cada uno de nosotros por qué amamos este deporte.

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