La majestuosa actuación de Ronaldo en Old Trafford nos demostró que el fútbol es un pretexto para seguir viviendo.
Las cosas del Fútbol/ La columna de Lorenzo Martínez Gener
Era una tarde calurosa la del 23 de abril de 2003. Se disputaría el encuentro de vuelta de los cuartos de final de la Champions League entre los equipos de Manchester United y Real Madrid. Un grupo de amigos, como era habitual en cada jornada futbolera, nos desplazaríamos 28 kilómetros lejos de casa para intentar (en un hotel del pueblo vecino) ver la transmisión en vivo del partido. Mientras esperábamos por la gestión de un colega de viaje para que se nos permitiera la entrada al lugar (por aquella época era prohibido) saqué mi amuleto sagrado; un radio portátil para sintonizar la señal de Radio Nacional de España (RNE). En ese momento confirmé la alineación del Real Madrid y la presencia de quien por aquellos tiempos era considerado El Rey de la manada; Ronaldo Luiz Nazario da Lima.
Ya eran las 2:45 y comenzaba el encuentro, y nosotros como muchos seguidores que acudieron a Old Trafford aquella noche sin entradas, nos resignaríamos a presenciar el choque en vivo, al menos por la televisión. Nuestro amigo no fue capaz de convencer a los trabajadores del dichoso hotel para que nos dejaran pasar a ver el juego pues, como si estuviéramos en las islas británicas en pleno siglo XIV, el fútbol estaba prohibido por decreto real.
Pero nada impediría que disfrutáramos de la fiesta que significa un partido de fútbol. Rápidamente montamos un picnic en el parqueo del hotel con los cinco sentidos puestos en el pequeño radiotransmisor que siempre me acompañaba. Con la descripción inconfundible del gran Chema Abad, a través de la señal de RNE, comenzaría una historia única e irrepetible en mi vida.
Solo habían transcurrido tres años del último duelo europeo entre los merengues y británicos y volvían a cruzarse en cuartos de final. Los de Ferguson buscaban la revancha pero los de Del Bosque le tenían cogida la matrícula a los ingleses y los eliminaron de nuevo. Esa tarde, en la puesta de escena del “Teatro de los Sueños”, hubo un actor protagónico: Ronaldo, quien bien hubiera merecido un Óscar a la mejor actuación por su desempeño.

Si bien en la ida estuvo algo apagado, en este partido plasmó una de sus actuaciones más redondas en su carrera. El partido tenía un vértigo de ida y vuelta y Ronie en 62 minutos lograría perforar la meta de Barthez en tres ocasiones; un récord que perdura hasta nuestros días pues no ha existido otro mortal capaz de visitar el santuario de los Red Devils que termine mancillando la meta inglesa marcando un Hat-trick, y además al ser sustituido el público le ovacione y se levante en signo de respeto y agradecimiento. Hasta el mítico Bobby Charlton tuvo la deferencia de aplaudir al sudamericano.
El primer gol me sorprendería al minuto 12 de juego mientras degustaba un buen Cubalibre. Así pude calcular cómo en 15 segundo y tan solo con 6 pases se adelantaban los de Madrid. Y todavía continuábamos analizando el juego del equipo blanco cuando la inconfundible celebración de Chema Abad nos interrumpía con el segundo gol de Ronaldo que ponía por delante a los merengues a tan solo cinco minutos del complemento. Nuestra alegría era causa de asombro para algunos turistas que no entendían cómo preferíamos disfrutar del juego por radio cuando en el hotel pasaban el juego por cable. Entre el alcohol y la explicación a los foráneos del porqué de nuestra elección para disfrutar del encuentro, ocho minutos después O Fenómeno brasileño logró la hazaña marcando el tercer gol, adelantando de nuevo al conjunto madrileño y abandonando minutos después el encuentro al ser sustituido.
Al final el marcador final (4-3) favoreció a los locales, pero gracias a los goles y la actuación de Ronaldo los dirigidos por Del Bosque pasarían la eliminatoria. Nuestra emoción se apagó un poco con su sustitución y tras la derrota regresamos a casa con la sensación de que a pesar de no poder ganar y mucho menos presenciar en vivo por la televisión el encuentro, no faltamos a nuestro compromiso con el fútbol y a nuestro apoyo a aquellos jugadores sobresalientes que demuestran que sus cualidades y sabiduría son más producto del cerebro que de su condición atlética.
Mi abuela siempre me decía que todos los mortales necesitamos refugiarnos en alguna actividad, ya sea la música, la pintura, el baile, la religión; ese algo que nos permita motivarnos para continuar la construcción diaria de la obra más difícil que existe: la vida. Yo desde ese día decidí que mi motivación la buscaría en el fútbol. No existe actividad humana que me reconforte más y no importa los kilómetros a recorrer ni los obstáculos a vencer: siempre tendré como pretexto a este deporte y a sus protagonistas para vivir a plenitud y provocarme emociones que me permitan, como dice la canción: vivir mi vida, lalalala…..