Pochetino, un profe con espuelas

Al parecer ya su discurso no motivaba lo suficiente a esos atletas y dirigentes presumidos y, cuando su objetivo siempre fue que pelearan con espuelas naturales, muchos pensaron que el problema era del cuidador y no de los gallos.

A balón parado / La columna de Alejandro Céspedes

Poner un gallo a punto de pelea implica darle un «cuido» de primera, y para combatir en la valla el animal requiere de espuelas. Unas espuelas de calidad necesitan una media de 18 meses para crecer y un gallo vive aproximadamente diez años, y logra alcanzar la madurez a los dos años de vida.

Sin embargo, generalmente los cuidadores más temerarios los «echan a pelear» con solo 13 meses y ante la falta de espuelas naturales, grandes y fuertes, les colocan unas artificiales de algún material resistente, amarradas con cordeles y cera para evitar que se quiebren o se caigan, y molesten lo menos posible al peleador. Algo que Mauricio Pochettino nunca hizo con sus Spurs.

El hoy exentrenador del Tottenham Hotspurs, ha sido un formador caritativo y paciente con sus polluelos, sin dejar de lado la exigencia durante más de un lustro. En los momentos más ilusionantes de su proyecto en White Hart Lane, era el maestro querido que el presidente Daniel Levy y los miles de fanáticos Spurs querían para su amado club; pero cuando el trabajo pedagógico es tan bueno que incluso los menos aventajados sacan notas sobresalientes, llegan las exigencias delirantes.

El Tío Daniel encontró en Mauricio la persona perfecta para ser el guía de su joven, talentoso y prometedor equipo. Su gran conocimiento futbolístico, su discurso dominante y unificador y el carisma de profesor de película de Hollywood eran justo lo que necesitaba para justificar -ante la junta y la opinión pública- el sacrificio que pedía su nuevo proyecto económico; desde la venta de su mega estrella Gareth Bale, los fichajes de jugadores de segunda línea o en formación (Fazio, Dier y Alli), hasta la promoción de precoces canteranos (Nabil Bentaleb y Harry Kane).

Pasó el tiempo y Pochettino, como su mentor Marcelo Bielsa, no ganó ningún título; pero llevó a la mejor versión a un grupo de jugadores, sobre todo ingleses, que hoy son la base de la selección de las rosas, algo por lo cual recibió un reconocimiento especial de la Asociación Inglesa de Fútbol. Mas, eso no ha sido suficiente para respetar al entrenador y ser consecuentes con los resultados obtenidos. Directiva, medios y fanáticos presionaban para soñar con la Premier o la Champions, títulos que el club nunca ha tenido en sus vitrinas y que este grupo acarició en par de ocasiones.

Al parecer ya su discurso no motivaba lo suficiente a esos atletas y dirigentes presumidos y, cuando su objetivo siempre fue que pelearan con espuelas naturales, muchos pensaron que el problema era del cuidador y no de los gallos. Estos, a los ojos del mundo, ya son grandes y fuertes para pelear en cualquier ruedo y con las armas que sean.

Quizás por esto, tras los contradictorios resultados de este inicio de campaña posterior a la primera final de Champions League alcanzada por el club en su historia, han sustituido al Profe Mauricio por un prestigioso entrenador: José Mourinho, el mismo que expresó en varias ocasiones que nunca dirigiría un club como el Tottenham Hotspur, pues no estaba a su altura.

Quizás The Special One, con su ojo de viejo zorro ha visto una oportunidad única para relanzar su majestuosa carrera como entrenador, y gracias a la labor de Pochettino, el Tío Levy le entrega un equipo con jóvenes pero certeros talentos, otros ya futbolistas perfeccionados y la cartera, que nunca tuvo Mauricio, abierta para fichar para ganar.

Por Manchester andan buscando alternativas para Ole. Por ahí pasó Mou y no pudo lidiar con tantos pollitos y mucho menos con lo poco que le brindó la gerencia para cubrir sus expectativas. Quien sabe si un cuidador experimentado como este profe con espuelas termine convirtiendo a Old Trafford en «La valla de los sueños».

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