«Si la táctica y la motivación no copulan bien con regularidad, no pueden procrear buenos partidos asiduamente.»
A balón parado / La columna de Alejandro Céspedes
La diferencia entre los buenos y los grandes jugadores está en que, cuando están motivados los primeros lucen excelentes y los segundos brillan. Además, cuando tienes una legión de tipos que han ganado, polémicas aparte, cuatro Ligas de Campeones, denominarlos como grandes futbolistas es una redundancia.
El Real Madrid que muchos conocen desde hace algún tiempo, no asistió al Santiago Bernabéu este martes ante el PSG en la 5ta jornada de la fase de grupos de la Champions League 2019-2020. En su lugar, Zidane mandó al Madrid que tantos desean, pues la leyenda francesa podrá transmitir sus tácticas en latín a la grada y a la prensa, pero a sus jugadores los motiva en blanco y negro, y eso está futbolísticamente probado.
Este partido ha reafirmado que, si a alguien no le molesta la salida de Cristiano Ronaldo, es a Benzema, quien se quitó el disfraz de «aristogato» y ahora es un temible felino montés. Dos goles le arañó al club de la capital francesa, adornados con un recital de toques, regates y sacrificio defensivo, y potenció el performance del hasta hoy desechable Isco, clave en el esquema del rombo en el medio campo blanco que tantas glorias llevado a Cibeles.
Marcelo, Kroos, Ramos y compañía, son los «capos» en la manada que, con el cuchillo entre los dientes, tienen una capacidad excelsa para correr, centrar, disparar y cortar pelotas a un tiempo y velocidad de clase superior. De esta forma, un crack como Hazard tiene más confianza para adaptarse a jugar con el 7 en la Casa Blanca. Y Valverde, a ese hay que gritarle ¡uruguayo!
Por esa razón el PSG volvió a ser otro dolor de muelas para Thomas Tuchel durante 80 minutos. Pues la arrogancia del imberbe Mbappè y el común «no-buen-día» de varios de sus compañeros provocó que los pases se estancaran, los centros se quedaran cortos, los disparos no dieran miedo y su portero fuera el santo.
Fue el París que conocemos hasta que la defensa blanca se equivocó en favor de Kylian, y en los últimos 10 minutos fue el PSG que desearíamos ver, al plantarle cara y aguantar el embate del Real mientras empataban las acciones con la inexorable ley del ex, en la firma de Sarabia.
Si la táctica y la motivación no copulan bien con regularidad, no pueden procrear buenos partidos asiduamente. Por tanto, estos excelentes partidos jugados a tan alto nivel, se pueden ver empañados por el resultadismo de la Champions.