Bordalás y el milagro de Getafe

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista….

 “Bordalás, te quiero”. Lo canta el Coliseum a viva voz, como un grito único que emana de las entrañas azulonas en tanto azotan sus bufandas por el viento de Getafe. Mientras en otras gradas las chispas saltan de tensión y son más las rechiflas de repudio que el apoyo límpido a los proyectos de sus clubes, Ángel Torres experimenta una sensación nueva en su carrera presidencial: todas las noches duerme como un niño, sin preocupaciones recurrentes más allá de asumir retos mayores.

Cuando Pepe Bordalás desembarcó en el banquillo del Geta, era este un equipo desmoronado y encallado en la zona negra de la Segunda División. Juan Eduardo Esnáider, por aquel entonces entrenador de la tropa azulona, no había conseguido en la categoría de plata influir en el juego de su equipo como un año antes, cuando estuvo a un punto de conseguir una salvación antológica. Pero Ramón Planes, actualmente en la directiva del Barcelona y otrora director deportivo del club madrileño, probablemente nunca imaginó que su apuesta constituiría un antes y un después en la historia de la entidad.

Lo cierto es que la llegada de Pepe revolcó los cimientos del Coliseum y el Getafe pasó a ser uno de los temibles de la Segunda, se coló en los play off pese a la notable desventaja que encontró en la tabla y una vez ahí apeó a un Tenerife imponente liderado por José Luis Martí. A partir de ahí comenzó a crecer su figura a ojos del respetable, una hinchada pequeña pero fiel y acostumbrada a las mieles de la élite, tras 12 años ininterrumpidos en Primera División.

Hasta aquí, todo parece algo normal. Lo extraordinario e irrepetible vino después, con un año de ensueños en que el Geta volvió a ser EuroGeta, con una solidez defensiva dificilísima de resquebrajar incluso para los ataques más efectivos. Bordalás logró que todos sus jugadores alcanzaran su mejor nivel y con una plantilla repleta de hombres, más que de nombres, consiguió un bloque compacto capaz de ganar en cualquier plaza.

Y así Jorge Molina fue un incordio para las retaguardias rivales, Damián Suárez volvió a ser el lateral peleón e incómodo que habíamos visto a las órdenes de Fran Escribá en Elche y Ángel Rodríguez y Jaime Mata demostraron que la confianza depositada en ellos había sido el reflejo fidedigno de un club bien gestionado. Un 4-4-2 clásico, trabajado de manera escrupulosa y casi infalible, fue –y es- su esquema ganador.

Esta temporada pasean sus colores azulones por Europa y el Coliseum se ha despojado de esa mala fama de ser un equipo con “cuatro gatos” en sus gradas. En el último encuentro, un derbi de clubes pequeños en Madrid ante el Leganés, las tribunas rebosaban. 14 mil personas fueron a animar al EuroGeta. Y 14 mil personas, valga reiterarlo, entonaron como locos el nuevo eslogan de la hinchada azulona: “Bordalás, te quiero”.

EL GENIO DEL SILBATO

LAS COSAS DEL FÚTBOL
La columna de Lorenzo Martínez Gener

Desde que tengo uso de razón el fútbol envuelve casi la totalidad de mis momentos más gratos. El romanticismo del juego de antaño fue erigiendo el concepto que tengo sobre este bendito deporte. Las cosas del fútbol no tienen épocas. Los grandes jugadores, los equipos ganadores y los partidos vibrantes trascienden en el tiempo perdurando hasta la eternidad, con un nivel de idolatría digno de los profetas divinos o los dioses de la Antigua Grecia.

Sobra la polémica entorno a la selección del mejor futbolista del mundo, sobre el césped han existido jugadores que han cautivado a millones de seguidores de todas las edades. Diversos son los criterios a la hora de elegir a un jugador que lidere el ranking de los futbolistas más influyentes de la historia. Pero muy pocos se fijan en un personaje tan importante y polémico como suelen ser los árbitros. Ellos son los únicos que al terminar el encuentro siempre regresan solos a casa, sin el reconocimiento debido a tan noble profesión.

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CORAZÓN DE ACERO

EL PALCO
La columna de Henry Morales Marquez

Soy un tipo honesto que dice siempre lo que piensa. Por eso molesto a tanta gente hipócrita.

En ocasiones olvidamos cuán cambiante suele ser la vida y cómo a veces basta solo un minuto para despojarte de todo con lo que un día soñabas. Rubén de la Red, quién fuera alguna vez un flamante producto de la cantera del Real Madrid, conoce muy bien la fragilidad de nuestra existencia y sus impredecibles giros. Su pesar fue tan grande que reconoció: “A veces la vida te golpea fuerte, tan fuerte que es capaz de quitarte un sueño, pero incluso un sueño hecho realidad”. Esta es su historia.

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