Un Toro asoma al ruedo

«Cumple con el glosario del delantero centro: es rápido, va bien por arriba en ambas áreas, sabe jugar de espaldas, pivotea; y aunque no es un dechado técnicamente puede definir con sutilezas y participar en el juego asociado. No obstante, su principal virtud está sobre los hombros.»

EL HINCHA/ La columna de Glauber García Lara

Hoy es día de Balón de Oro, ya lo sé. Por si fuera poco ayer Messi decidió un tremendo partido en el Wanda pero no tengo ganas de escribir sobre temas trending. No, mejor voy a comentar sobre un delantero que esta semana marcó cuatro goles, dos en Champions y otro par el domingo para encaramar a su Inter en la cima de la Serie A. Lautaro Martínez anda en boca de todos, y no por gusto.
El Toro de Bahía Blanca ya es una realidad, lo sabe Conte, Scaloni y lo dicen sus colegas de vestuario. En lo que va de temporada suma ocho dianas en el Calccio y cinco en Europa, no le importa si el rugido de San Siro lo arropa o el Camp Nou intenta encandilarlo, le da igual el Internazionale o la Selección Argentina. Cuando embiste caen defensas y las vallas rivales sufren su ímpetu, vive para el gol.
Lautaro no es una bestia física estilo “Batistuta”, pero comparte con el mítico 9 albiceleste una potencia innata que hace trastabillar a los marcadores cuando van al choque. Sus 174 centímetros pudieran parecer escasos pero la realidad muestra lo contrario, si no, preguntarle a Militao y Thiago Silva, quienes supieron a qué sabe la hierba saudí en el último Clásico de las Américas.
Cumple con el glosario del delantero centro: es rápido, va bien por arriba en ambas áreas, sabe jugar de espaldas, pivotea; y aunque no es un dechado técnicamente puede definir con sutilezas y participar en el juego asociado. No obstante, su principal virtud está sobre los hombros.   
Desde su debut en Racing muestra una madurez avanzada, inusual en muchos futbolistas jóvenes. Cuando aquel 31 de octubre de 2015 sustituyó a una leyenda como Diego Milito todos supieron que un jugador diferente había llegado.
Cuentan que primero contrató a una nutricionista para adoptar una alimentación acorde a la elite del deporte profesional. Eliminó comidas innecesarias, ajustó horarios de descanso, a la vez escuchó mucho a Milito y estudió a fondo todos los movimientos y facetas de Radamel Falcao, ídolo personal, con quien comparte varias características físicas y de juego.
Según estudios psicométricos es una persona con alto grado de concentración y logra mantener ese nivel por tiempo prolongado, de ahí que anote tanto a partir de errores del rival. Lo aprovecha todo.
No es casual entonces que a este joven de 22 años no le pese tomar  responsabilidades y un rol protagónico en el resurgimiento de dos históricos del fútbol mundial como el Inter de Milán y la absoluta albiceleste.
Los fanáticos neroazurri y los hinchas argentinos saben que este puede ser su año de presentación. Si mantiene el ritmo y lo repite en la próxima campaña recibirá sin muchos problemas la exclusiva membrecía VIP del club de cracks que hoy endosan Lewandoski, Suárez, Cavani, Kane, Agüero y una corta lista de etcéteras.
Algunos incluso ya lo dan por seguro y comenzaron a mover fichas. Dicen que lo pretende el poderoso Barça para ocupar el puesto del ariete uruguayo que hoy lleva la 9 blaugrana. Veremos dónde termina, por el momento Conte, fruncido al mejor estilo italiano avisó  que “si lo quieren tendrán que pagar mínimo el valor de su cláusula”, esos 110 millones que reza el contrato, y es que el «Toro» más prometedor de la escuadra interista vale lo que pesa.

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