El peso de la historia

El ser humano se ilusiona con las historias, con la grandeza o con lo imposible.

LA FIRMA INVITADA / Hoy con: Ernesto Tasse

Llego a mi trabajo y parece que será otro día normal. En el que nos toca impartirles a los alumnos conocimientos básicos (siempre son tediosos los inicios de curso por la teoría). Soy profesor de un curso de cantina, una de mis grandes pasiones, y tengo 18 alumnos que tienen desde 29 años en descendencia hasta el menor, con 18 recién cumplidos. Este último, Adrián, es un muchacho hiperactivo y ocurrente que usa su pelo teñido de verde. Hoy me llama la atención por algo más, su nueva libreta. Tiene una imagen que me resulta demasiado familiar: el escudo del AC Milan (mi club favorito). Sin pensarlo le pregunto si es fan de los Rojinegros. Me responde que sí y que le encanta el fútbol. Me quedo en estado de shock por par de segundos, le sonrío y le digo que yo también. ¿Como un niño de 18 años, nacido en el 2001 puede ser seguidor del Milan? Empiezo a pensar en por qué lo soy yo, que casi he llegado a llorar y me raspa el corazón la ira, fin de semana tras fin de semana, pues últimamente no le anotan un gol ni al arcoiris.

Mi primer recuerdo sobre fútbol se remonta al 2002, en la final de la Copa Mundial, donde Ronaldo arrasó con medio equipo alemán incluido el arquero Khan. Fue ahí cuando me enamoré de Brasil y su jogo bonito. Me vienen flashazos muy lejanos de la primera vez que sentí algo negativo por este deporte. Fue el partido decisivo de la Champions de 2005 cuando el Liverpool remonta al Milan en un partidazo y se lleva la Copa a Anfield. Casi lloro aquella tarde sin darme cuenta que ya me había empezado a correr sangre rossonera por las venas. Ese Milan de Gattuso, Pirlo, Sheva, Seedorf, Nesta, Dida, Kaká y sobre todo de ese hombre que llevaba la cinta de Capitán, el gran Paolo Maldini… Es verdad, dos años después festejé de lo lindo al saber que era campeón de Europa por séptima vez, sin vaticinar que posiblemente fuera la última vez que celebraría eso y aunque nunca olvide ese día siempre tendré mi memoria más fuerte con el club de San Siro aquella tarde de 2005.

Por eso especulo que tal vez Adrián empezó a ver fútbol y le atrajo el equipo por su pasado sin poder festejar un triunfo de su club favorito. El ser humano es así, se ilusiona con las historias, con la grandeza o con lo imposible. Aún recuerdo aquel amigo de la secundaria que era fan de Holanda. Nunca entendí cómo un equipo que no había ganado un mundial podía tener adeptos así. Con el tiempo comprendí que la historia futbolística de la Naranja Mecánica es una de las más grandes del mundo. Esas décadas de los 70 y 80 fueron un escándalo y la generación de finales de los 2000 era digna de ser admirada a pesar de no ganar un título, cosa que a día de hoy es imposible valorar. El resultadismo de este deporte es terrible. ¿Qué pasó? Se toparon con la gran Alemania en el pasado y con el mejor equipo que he visto jugar al fútbol a nivel de selecciones, la España de 2010, que su mejor arma ofensiva era que ni Dios les quitaba la pelota.

Lamentablemente solo se recuerdan a los que ganan trofeos. Nadie se acordará de ese Liverpool que cayó ante el Real Madrid que tenía un monstruo de tres cabezas delante; ni del Dortmund que llegó a la final de la Champions contra el Bayern eliminando entre otros al Madrid de CR7; quién hablará del Atlético del Cholo que logró estar a las puertas de ser campeón de la Champions de no ser por aquel cabezazo en el minuto 95 de Ramos y de lo que vino después. Me cuesta creer que nos olvidaremos de la Colombia de Brasil 2014 o Ghana en Sudáfrica 2010 ganándose el apoyo de un continente entero o la Croacia de Rusia 2018 que se echó al mundo en el bolsillo y que más por ese rendimiento colectivo (además de por los logros individuales claramente) logró Modric su merecido Balón de Oro.

La historia tiene un peso enorme. Es lo que nos trajo aquí y a eso se le debe rendir tributo. Por eso hoy mi equipo favorito es uno de los que más fans tiene en el mundo entero a pesar de que hace casi diez años que no gana su campeonato doméstico y muchos más la Champions. Aún así tienen también millones de “Adrián” por todo el mundo el Zaragoza, la Real Sociedad, la Roma, el Tottenham, el Lyon… Por muchachos como mi estudiante es que se mantienen vivas las memorias y clubes así nunca mueren.

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