El sustituto adecuado

«Este es el fútbol actual, jugadores que cuestan millones de euros y que creen estar por encima de la historia y el escudo de sus clubes. Atrás quedó el romance jugador-equipo que enamoró a tantos seguidores durante décadas en este precioso deporte.»

LAS COSAS DEL FÚTBOL / La columna de Lorenzo Martínez Gener

Añoro los tiempos en que venía un Fernando Morientes del banquillo y te revolucionaba un encuentro con goles antológicos, de esos que devolvían el aliento y el sabor de la victoria a miles de gargantas que yacían moribundas en el Bernabéu. Te traías un Morientes sin hacer el más mínimo ruido, sin costar casi nada -como quien dice- y te resolvía mil problemas. Además, llevaba la camiseta con tanta dignidad como lo hicieran Di Stéfano o Amancio.

Sin embargo, cuán difícil resulta hoy encontrar un “jugador sustituto” que encaje en el sistema del Real Madrid. Así lo demuestran fichajes fallidos como los de Danilo, y en cierto modo el de Mariano, a quien se trajo por su meritoria producción goleadora en la Ligue 1, y porque según algunas voces dentro del club era capaz de aportar volumen de juego al equipo. Y cuando digo que no es fácil, me remito a cuando se prescindió de Ronaldo por Higuaín. A la hora de la verdad, aunque el argentino tenía buena pinta, nunca estuvo a la altura del “Fenómeno”.

Porque en esto de los fichajes, de buscar sustitutos a jugadores que están plenamente acreditados, hay que ir con pie de plomo y aún así no es fácil acertar. Ese es el caso del culebrón del invierno blanco: buscar un delantero para sustituir a Gareth Bale. Al club le convendría hacer la operación inversa y que Bale se busque un equipo para luego traer un buen sustituto, mas el “Expreso de Cardiff” ya ha dejado claro a través de su representante que él quiere quedarse. Algo muy distinto es que lo demuestre con sus acciones: el espectáculo en la celebración con la bandera en su última convocatoria con la selección, es la gota que rebozó la copa, un gesto que el madridismo no está dispuesto a perdonar.

Lo más triste para muchos seguidores blancos es que han visto como jóvenes jugadores con talento han tenido que salir a probar su valía y amor al club en otros escenarios. Como Odegaard, quien en la previa de su visita al Bernabéu con el equipo vasco declaraba que jamás celebraría si anotase un gol al Madrid, por respeto y por amor; mientras el galés se burla de toda la grada blanca y parece no importarle las repetidas y constantes pitadas de la cuales es objeto.

Este es el fútbol actual, jugadores que cuestan millones de euros y que creen estar por encima de la historia y el escudo de sus clubes. Atrás quedó el romance jugador-equipo que enamoró a tantos seguidores durante décadas en este precioso deporte. El Madrid no debería aceptar actitudes como las del británico y promover más las de Odegaard, Vinicius, Ceballos y Achraf; quienes a pesar del desprecio de entrenadores y directivos continúan siendo fieles a su sueño de triunfar en el equipo de sus amores, mientras otros simplemente continúan viendo su paso por el conjunto merengue como una simple profesión.

El fútbol es más fácil de lo que parece, lo complicamos los seguidores, los medios de comunicación y los empresarios con sus intereses económicos como prioridad. Que vuelva la sensatez y la pasión al fútbol y volverán los ídolos de siempre a nuestros campos, esos como Sanchís, Raúl, Casillas, formados con sello Made in Real Madrid. Hasta que llegue ese momento, nos toca rezar porque Rodrygo no se convierta en otra promesa que cumplió un sueño a medias y el Bernabéu pueda presumir de sus jóvenes promesas desechando a los aburguesados que ya no les importa siquiera los abucheos del público.

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