A día de hoy la afición nervionense vuelve a soñar con títulos, no importa la jerarquía, y sobre todo disfruta con su club.
EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara
Julen nunca tuvo demasiado reconocimiento en el ámbito futbolístico español. Como arquero apenas destaca su paso por el modesto Logroñés que lo catapultó a la “Roja”, pero entre Arconada, Zubizarreta y otra lista de nombres poco trascedentes vivió sus años de jugador apartado de las grandes portadas. De entrenador parecía que la historia sería un ídem, un “one hit wonder” dirían los ingleses, pero llegó al Sevilla y el apellido Lopetegui entró en modo revancha.
Hace poco más de un año supo lo que es el vértigo, fue un juguete de esa montaña rusa que es la maquinaria futbolística. Pasó de liderar a una selección favorita al Mundial a ser destituido 48 horas antes de la competencia. Firmó por el portentoso Real Madrid y en menos de seis meses perdió dos oportunidades de glorificarse. Ni Copa del Mundo ni leyenda blanca. A la calle. Deja vú, pensaron todos.
Decían los ancianos de mi barrio que no hay nada mejor que un día detrás de otro, es el “partido a partido” del fútbol. Suena a tópico pero es real. Nada como el tiempo para poner las cosas en su sitio. Mientras esto ocurría y Julen organizaba sus ideas, otro tipo con ganas de revancha regresaba a casa después de un paso turbulento por la Roma. Monchi, arquitecto del mejor Sevilla que se recuerde en mucho tiempo, instalaba su oficina otra vez en Nervión y decidió que su nuevo proyecto tendría como líder al ex portero vasco. La hora de la reivindicación comenzó con esa firma.
El estilo siempre estuvo claro en la mente del míster, solo necesitaba tiempo y paciencia para incubarlo en el ADN de sus dirigidos, algo que Florentino y la cúpula blanca no le dieron, aunque en honor a la verdad el Bernabéu no es el Sánchez Pizjuán, para bien o para mal.
Los equipos de Lopetegui tienen elementos comunes, desde el Rayo Vallecano al Sevilla actual, del Oporto al Madrid, pasando por toda la pirámide de la selección española. Siempre gustaron del buen pie, el juego de posesión que comienza con el portero y una defensa sobria, aseada en la salida y un mediocentro fijo. Es adepto al 4-3-3 pero no le asusta el juego directo. Prefiere tener el balón y no rehúye a cruzar el campo en tres toques, no obstante esto le cuesta un poco más.
Sus laterales tienen que ser profundos, a día de hoy el joven Reguilón y Navas, leyenda sevillista, son de los mejores de la Liga. Como interiores requiere el buen toque y traspasar líneas para llegar al área rival. En esa parcela del terreno los argentinos Banega y el “Mudo” Vázquez encuentran altos performances. Arriba los extremos participan en la circulación del balón y llegan al área rival, tanto por velocidad como por regate. Ocampos, Munir y Nolito orbitan alrededor del delantero centro, ya sea De Jong o el “Chícharo”. Si algo hay que reprocharle al Sevilla a estas alturas es que le falta algo de pólvora y de la mitad para atrás baja un tanto el rendimiento grupal. Necesita mayor resolución arriba y experiencia en la retaguardia. Pero eso ahora sí hay tiempo de trabajarlo.
Lo cierto es que la afición nervionense vuelve a soñar con títulos, no importa la jerarquía, y sobre todo disfruta con su club. Hoy el equipo con más palmarés en Andalucía luce como la única alternativa al binomio Barca-Madrid en la competencia doméstica, se pasea por la Europa League en vísperas de las eliminatorias directas y la sensación es que aún tiene amplio rango de mejora. Eso, señores, es gracias en gran parte a Lopetegui, no lo duden. Definitivamente Julen es más que quince minutos de fama.