Hay quienes marcan el inicio de estos lazos. Lo hacen con la derrota dolorosa, el triunfo aplastante o incluso con el jugador llamativo.
LA FIRMA INVITADA / Hoy con: Darien Medina Bonilla
No existe una pregunta tan difícil de responder como esas que comienzan con un desde cuándo o cómo te comenzó a gustar… Buscar la hora, el día y el momento exactos del justo inicio del nacimiento de una preferencia o de una pasión es verdaderamente desgastante y, hasta cierto punto, innecesario. Puede que encuentre alguna respuesta en mi mapa genético o algo más místico en mi signo zodiacal, o quizás hasta en el origen humilde de mi familia tenga la respuesta; pero yo no sé qué decir cuando me piden el instante exacto y a continuación las pruebas fehacientes que me hicieron hincha del Bayern.
Antes me maldecía por ser un mal aficionado y no haber hecho un apunte especial en alguna hoja para luego enmarcarla, una constancia que demostrara con mi puño y letra el día que, por resolución propia y un suceso deportivo “x”, yo quedé cautivado por ese equipo. Hay quienes marcan el inicio de estos lazos. Lo hacen con la derrota dolorosa, el triunfo aplastante o incluso con el jugador llamativo. También con cualidades desde el número en la espalda, pelado, manera de celebrar los goles hasta a la simple cuestión de moda, justificación esta cada día más presente entre durakos y todos sus derivados.
Algunos empiezan en la familia, el menor de los hermanos en su afán de imitar al de más edad, la novia para tener un pretexto que la una a su amor de turno y evitar que le quede ese horario vacío en que no sepa dónde y con quién está su pareja. Solo sé que descarto (para mí) la opción de la televisión y los medios de prensa. A los alemanes les cuesta vender su carácter y su cultura. La industria automovilística teutona se exporta más que su fútbol, y en este lado del Caribe hay otros ídolos a los que venerar. No recuerdo un domingo en la mañana en que el programa televisivo Gol (único en su perfil durante toda la semana) le diera un chance a la Bundesliga, al menos en mis experiencias nunca tuve la dicha de despertar con esa imagen en mi televisor.
Hoy admiro a los que guardan y recuerdan con lujo de detalles y suficiente justificación el minuto exacto de sus primeros 90 de pasión. Me he inventado historias románticas para igualarlos, algunas hasta llego a creérmelas por su originalidad. La suerte es que a muchos ya no les interesa el cómo y cuándo, así me he podido zafar de los inventos que estampan el origen de mi amor. Doy por hecho que la gente también crea sus historias o al menos les parece tan extraña mi fijación deportiva que la génesis de tan “descabellado” gusto debe ser una de sufrimiento y pena. Y ya basta con las propias como para escuchar las ajenas.
Una genial crónica, a la cual me uno, no recuerdo el momento exacto en el que el gigante bávaro llamo mi atención, en gran parte se la debo aun amigo, que lo considero como mi padre, el que me impulsó a disfrutar de su futbol.
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