Hoy el Ajax puede verse como una rareza, un club que sin importar el nombre de sus jugadores siempre sale a jugar de una misma manera.
BALÓN DIVIDIDO / La columna de Javier Argüelles
En los inicios del fútbol lo principal era divertirse. Con el tiempo empezó a ser competir y en este instante lo único que importa es ganar. Nos hemos polarizado, ha brotado el odio hacia el rival y da igual si la propuesta entretiene o no.
Por suerte, en algunos rincones de la tierra hacer disfrutar todavía es importante. Quizás en ninguno como en Ámsterdam. Hoy el Ajax puede verse como una rareza, un club que sin importar el nombre de sus jugadores siempre sale a jugar de una misma manera. No miran al rival, ni a la competencia. Claro, por estos días solo nos acordamos que existen cuando ganan o son protagonistas de un gran torneo. Pero en el club holandés desde los tiempos de Rinus Michels se ha visto el juego con una función lúdica.
Sin dudas los ajacied han contado con generaciones maravillosas de jugadores que les han permitido desarrollar un modelo de juego innovador, atrevido, atractivo y diferente. También es válido decir que gran parte de esas generaciones fueron cosechadas en casa, y con el tiempo obtuvieron resultados. A esas quintas se les educó con lo más valioso que tiene el juego y con lo que más te diviertes, el balón. A todo jugador que llegue al Ajax se le pide que sea valiente, ambicioso y que saque todo el talento. Es una filosofía que potencia la creatividad.
Después de la ley Bosman al Ajax le ha costado poder competir con las potencias económicas de Europa. El mercado de la Liga Holandesa es muy pequeño comparado con España, Italia, Inglaterra y Alemania, lo cual obliga al club nerlandés a ser formador y vendedor. Sus estrellas no le duran nada pues no le pueden ofrecer salarios similares a los de otras. Pero nada de esto ha cambiado el concepto de trabajo ni la ideología del club.
Antes de la brillante temporada pasada llevaban cinco años sin ganar la Eredivisie, sucumbiendo una y otra vez ante el PSV y el Feyenoord, pero ellos siguieron intransigentes con su estilo. Continuaron con los fichajes de jugadores jóvenes además de promover su cantera, potenciando un estilo y buscando en el panorama entrenadores que entendieran su filosofía. Peter Bosz en el 2017 y un poco después Erik Ten Hag.
De esa paciencia, inteligencia y convicción es hijo el equipo que nos maravilló en la campaña anterior. La Champions fue la mejor vitrina para un club que intenta jugar siempre de esa manera; pero que no percibimos porque solo lo miramos si tienen éxito, cuando “fracasan” son solo unos suicidas idealistas. Este año quedaron en la fase de grupos y ya se escuchan voces, como susurros justificando su derrota por ser muy atrevidos. Y sí, son atrevidos y al serlo no se traicionan.
Es probable que cuando termine el curso se les escapen varias figuras hacia clubes más acaudalados y el proceso volverá a empezar: construir un equipo, potenciar a sus jugadores, alimentar una idea, desarrollar una filosofía, DIVERTIRSE, COMPETIR Y GANAR. Ese es el ciclo del Ajax y durante ese proceso estaremos mirando hacia Madrid, Liverpool y Munich, porque en esas ciudades es donde se gana.
No obstante, observaré de reojo lo que se cocine en Amsterdam. Es que yo me quedé detenido en el tiempo y soy uno de esos aficionados de los inicios del fútbol, quiero divertirme y ningún equipo me entretiene más que el Ajax.