Aprobar por los pelos

Hasta hace poco el Madrid solo se preocupaba por aprobar el siguiente examen y el Barcelona asistía al mismo con la fuerte intención de demostrar su cultura.

FÚTBOL DISTINTO / La columna de Magol Alejandro

Hay equipos que me recuerdan a mi hija mayor en plena etapa de pruebas finales. Me sucede con el de los peritos de criminalística cuando se comete alguna fechoría en mi pueblo, con la brigada de construcción civil en los días previos a la entrega de una obra pública y sobre todo con el Barcelona y el Real Madrid contemporáneos en la semana del Clásico. El finalismo con el cual llegan azulgranas y merengues a la gran cita solo es comparable al de mi primogénita durante la noche anterior a un examen de matemáticas. «Ojalá mañana amanezca lloviendo», susurra Alejandra mientras se aprende, casi de madrugada, el último teorema de geometría.

Aunque todos nos obsesionemos con otra perspectiva, la sensación de inseguridad y atropello mostrados por ambos en el juego durante la presente Liga, nos demuestra que un Barça – Madrid actual ya no es tan «partido del siglo» como antes. En tiempos en los que el fútbol no les alcanza a ninguno de los dos, desde la intimidad de ambas plantillas se acepta el reto más por obligación del calendario que por convicción en sí. No se recuerda un Clásico español con tanta inestabilidad de ideas por parte de ambos. «Lo mejor es salir de esto ya, que sea lo que Dios quiera», como diría Ale, con esa indiferencia típica del adolescente.

Hasta hace poco culés y blancos solían tener los roles muy bien definidos, se evidenciaban mucho más las diferencias entre el estudiante dedicado y el finalista; el Madrid solo se preocupaba por aprobar el siguiente examen y el Barcelona asistía al mismo con la fuerte intención de demostrar su cultura. Pero tanto ha cambiado el presente blaugrana que el Clásico será la primera gran batalla de la guerra mundial del resultadismo. «La prueba de mañana la sacaremos como sea», seguramente sea la frase más repetida a esta hora de ambos lados.

Mientras en Chamartín, a pesar de la ambigua voluntad formativa de Florentino, la vida sigue igual («¡Así, así, así gana el Madrid!»), en la otra orilla Bartomeu parece enfrascado en una burda imitación del galacticidio. El Barça actual estudia para el diario, solo le interesa sacar un aprobado a fin de año, aunque sea por los pelos. «Total, si en el título no dice la nota», pensarán en Catalunya. Ya se encargará el tema de Queen de convencer a los dudosos.

Y ya me encargaré yo de inventar otro recurso más allá de las parábolas futboleras, para explicarle a mi hija por qué lo importante no es la nota sino el conocimiento.

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