FLICK, DE SECUNDARIO A PROTAGÓNICO

El Bayern tiene una química especial con los DTs alemanes. Sus cinco títulos de Champions han salido con técnicos teutones; no han podido romper esa tradición algo nacionalista pero digna de una análisis profundo.

LA FIRMA INVITADA / Hoy con: Darien Medina Bonilla

Hans-Dieter Flick llegó al Bayern con el papel de asistente, esos secundarios a quienes los aficionados no les prestamos mucha atención más allá de leer la nota de prensa de bienvenida del primer día y ver las imágenes de televisión, donde siempre aparece en una esquina, a la espera de ser consultado por alguien o algo. Fuera de eso, Flick era simplemente el segundo de Löw desde aquel Mundial de 2014 en que ayudó a conquistar la cuarta estrella.

El banquillo del Bayern ha sido un hervidero tras la salida de Pep Guardiola. De destituciones en destituciones ha marchado este equipo sin encontrar ese hombre que lo sepa encaminar por una identidad que permanece solamente en los vídeos de YouTube, y en esas memorias humanas donde, por obligación, todo tiempo pasado siempre fue mejor.

Para no perder la costumbre de las últimas temporadas, Kovac (con argumentos más que suficientes y reiterados) fue destituido en una decisión aplazada y prolongada mucho más de lo normal. En su lugar llegó Flick, quien abandonaba su papel de secundario para cambiar a una especie de protagonista interino. Asumió un tres de noviembre, en un recorrido que ya nos comienza a brindar los primeros análisis.

El Bayern posee una química especial con los DTs alemanes. Sus cinco títulos de Champions han salido con técnicos teutones; no han podido romper esa tradición algo nacionalista pero digna de una análisis profundo. El ADN alemán tiene en el Bayern una magnitud diferente, y ese detalle ya lo trae vencido Flick, quien nació en Heidelberg y para mayor fortuna, fue jugador del Bayern.

Entrar con el cartel de alemán trajo alivio a la hinchada bávara, fue un consuelo que sobrepasó el glamour y el historial de cualquier nombre que se pudiera hacer cargo del banquillo y que viniera de otro rincón del planeta. La primera semana de Flick se pintaba complicada, Champions y partido contra el Dortmund, dos juegos que bastaron para prestarle un poco más atención al protagónico-interino.

Su debut en Europa con un esquema 4-2-3-1 propiedad de la casa y victoria de 2-0 frente al Olympiacos fueron su carta de presentación. Contra el Dortmund la confianza se disparó hasta el punto de la ilusión. Luego de la victoria 4-0 en el Klassiker llegaron un par de atropellos más, ante el Fortuna Dusseldorf y Estrella Roja de Belgrado, 4-0 y 6-0 respectivamente. Flick entonces comenzaba a pasar a nivel Dios y más allá.

Los síntomas de fragilidad parecían algo del pasado, cuatro partidos aparentaban bastar para tapar las carencias evidentes del equipo. Luego de aquel vendaval ofensivo y de elogios, llegaron dos derrotas consecutivas en juegos en los que en honor a la verdad, se mereció un poco más.

La primera derrota llegó precisamente utilizando como esquema el 4-2-3-1, el cual no había repetido desde su debut (esas manías del fútbol). Contra el Leverkusen se despertó del sueño: dos goles recibidos y una pequeña alerta. Una semana después, con sed de venganza y de visitante ante el líder del momento, el Borussia Mönchengladbach, los fantasmas volvieron a aflorar; derrota inmerecida, pero al pasar de los años será derrota y punto.

Los cuestionamientos llegaron, y tocaba una noche de Champions para volver a lanzar el nombre de Flick al paseo de las ilusiones. Se logró enderezar el rumbo con una victoria de 3-1 frente al Tottenham y el inicio de una cadena que se ha extendido a cinco victorias seguidas, incluyendo par de encuentros en los que se han visto más terrenales desde que asumiera Hansi.

Hay puntos de los 90 minutos que el juego del Bayern es estéril, sin profundidad, e influenciado de cierto modo por la depresión de un Thiago que no comienza a sentirse importante, una defensa caída en desgracia por las lesiones y esa carga extra que es llegar a dirigir algo que no ayudaste a construir.

Llega el duro invierno alemán y la noticia de que Flick seguirá al menos hasta el final de temporada constituye la pausa que puede ayudar a moldear a este equipo que necesita de una mano y mente con alguna dosis de brillantez.
¿Será este el hombre y nombre indicados? Lo estará diciendo el tiempo. Puede que el estar precedido por un fútbol torpe le de mayor lustre a su trabajo, al que la estabilidad en el juego le ha comenzado a fallar y que sigue arrastrando con carencias pasadas que parecen solo ser solucionadas con fichajes invernales; y ya sabemos de esa cierta alergia para la directiva del Bayern a salir de compras en invierno.

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