A star is born

Lo vemos en una celebración in extremis o en una falta por detrás para evitar un gol que vale título. El compromiso de Federico no es una pose tribunera, ni es fingido, es su forma de entender el fútbol, de vivirlo.

EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara

Jackson “Jack” Maine tenía fama, dinero y todo lo que un músico exitoso puede alcanzar, pero andaba perdido, sin rumbo por la vida. Aún sus conciertos llenaban estadios pero por dentro el vacío dictaba su rumbo… y el alcohol. Una noche de esas en las que solo importa encontrar un bar abierto para calmar los demonios internos, volvió a ver la luz en la voz de una desconocida. Allí, en el escenario menos pensado, Ally deslumbró al famoso artista y la felicidad fue posible otra vez.

Para aquellos que no creen en los guiones de Hollywood, la historia de Federico Valverde es un recordatorio vivo de que la realidad en ocasiones alcanza niveles insospechados de fábula. Con apenas 21 años y cinco millones gastados después, el Real Madrid, reencarnado en Jackson Maine, encontró a su estrella particular, un jugador que encarna como pocos la esencia del equipo más grande de la historia.

Después de tres orejonas consecutivas la tormenta llegó al Bernabéu. La partida de referentes dentro y fuera del césped (CR7 y Zidane), además del lógico relajamiento de una platilla ganadora, hicieron que el club merengue viviera una temporada 2018-2019 para el olvido. Un cambio se antojaba necesario y obligatorio.

Sin proponérselo, al igual que Maine, Florentino se topó con un tesoro uruguayo. Su radar tenía la frecuencia fija en Manchester y Pogba, la abultada billetera ya lista para soltar una millonada y los periódicos a punto. Por suerte para la casa blanca el negocio se frustró y hoy en Valdebebas nadie se acuerda del bueno de Paul.

A base de calidad y entrega, Valverde ganó primero la confianza de Zizou y después los corazones de la parroquia merengue, es un tipo que cumple siempre, no escatima sudor ni regala centímetros sobre el verde. Lo mismo de mediocentro que de extremo. Valverde es prototipo Madrid, y si no hay accidentes en el camino, estamos en presencia de la próxima leyenda blanca.

Hay jugadores que necesitan tiempo de formación, no es fácil resistir el hype y la presión de vestir una chamarreta histórica, otros parecen que nacieron vestidos con grandes uniformes. Ese carácter necesario para estar a la altura de las circunstancias no se compra ni se vende en una bodega, está en la sangre, y a aquellos que nacieron en Uruguay y presentan ADN Madrid, les corre a torrente por las venas.

Lo vemos en una celebración in extremis o en una falta por detrás para evitar un gol que vale título. El compromiso de Federico no es una pose tribunera, ni es fingido, es su forma de entender el fútbol, de vivirlo. Aún es pronto para hablar de sus virtudes técnicas, que las tiene y seguramente mejorará con los años; hoy sobresale por su entendimiento del juego, la madurez impropia de su edad y el peso que gana día a día en un vestuario lleno de estrellas.

A diferencia del filme dirigido por Bradley Cooper, esta historia no aparenta un final triste, todo lo contrario. Heredero de la garra charrúa y el legado de ídolos como Gento, Sanchis, Hierro o Ramos; FedericoValverde se pinta solo como futuro capitán madridista. Ya veremos si el guion le depara el honor. Por el momento a Chamartín le ha nacido una estrella.

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