El Barcelona no está mal sino mucho peor; sin brújula en la dirección del club, buscando constantemente un parche para el banquillo y preparándose para enfrentar el próximo verano donde dejará más dinero en fichajes de lo que podrá recaudar.
LAS COSAS DEL FÚTBOL / La columna de Lorenzo Martínez Gener
No había visto una versión más amarga del Fútbol Club Barcelona desde la era Rijkaard, cuando en la temporada 2007-2008 quedaron terceros en la liga a 17 puntos del Madrid y con actuaciones para el olvido, como la del Clásico disputado en el Bernabéu en mayo del 2008; un baile blanco en toda su extensión.
Aquella fue una noche especial para el madridismo, pero particularmente para Casillas, Guti o Raúl y el resto de jugadores de la casa. El partido, desde la anotación del capitán blanco, se convirtió en un homenaje a ellos mismos. Cuando se fichan futbolistas también hay que pensar en estas cosas: un equilibrio entre canteranos y foráneos donde cada cual ponga los suyo (corazón y calidad) para lograr un proyecto ganador. Aspectos estos de los cuales el conjunto catalán adolesce en la actualidad mientras distorsionan el precepto de ”Cantera sí, Cartera no” precisamente por todo lo contrario.
Pues bien, si me preguntan cómo veo al Barcelona actual, pues diría que muy parecido al que sucumbió en el Bernabéu aquella noche del 7 de mayo del 2008. Ese partido significó el fin de una era y el comienzo de otra, que felizmente para los culés con Guardiola ha sido la más grande de su historia. Los más que continuos (para unos) y accidentados (para otros) bochornos futbolísticos que ha sufrido el Barça en las últimas temporadas dan por pensar que el final de Valverde (para mi entender el menos culpable de todos) y de muchos jugadores vaciados ha llegado y que la revolución blaugrana debe comenzar de inmediato.
Muchos medios de prensa aseguraban que la directiva repetiría fórmulas del pasado al dar las riendas del banquillo a uno de los héroes y herederos del cruyffismo, Xavi Hernández; oferta que el exjugador desechó por presentir que no es el momento adecuado para dirigir una plantilla desgastada por el paso del tiempo. Hasta Iniesta manifestó hace unas horas su inconformidad con el rumbo que lleva la nave catalana.
El Barcelona no está mal sino mucho peor. Está como hacía años no se le recordaba, sin brújula en la dirección del club, buscando constantemente un parche para el banquillo y preparándose para enfrentar el próximo verano donde dejará más dinero en fichajes de lo que podrá recaudar. En esta semifinal de la Supercopa frente al Atlético de Madrid, Valverde certificó su defunción como director técnico culé. Y lo más preocupante es que el equipo parece estar en estado de putrefacción.
Ahora no parece que el culpable sea Messi, tampoco Valverde, que con estas huestes ganó convincentemente la Liga pasada. El culpable está más arriba, en las oficinas. Y para colmo el acérrimo rival llega de invitado a una copa que no debía disputar y termina llevándosela a casa, un trofeo que contaba en la planificación deportiva azulgrana. Nada que como dice el dicho: «A perro flaco todo lo que le cae son pulgas”. Solo nos queda esperar y ver si Quique Setién logrará devolverle a esta plantilla lo que el viento se llevó.