Ciro, el Capo en su casa

EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara

Recuerdo perfectamente la sensación, quizás ustedes también. Pasaba cada vez que íbamos a jugar un partido serio, o no, al barrio rival. Allí entre los contrarios había un tipo muy bueno pero que entraba en modo allstar si se sabía en casa.

Papito, delantero rápido y técnico pero fallón, conocía todos los huecos del campo, sabía como afectaba el viento los centros cruzados y tenía medido el palo inclinado de cada portería con exactitud nivel NASA. En su terreno ni Maradona le hacía sombra. Era el dueño de aquel pedazo de tierra, fuera de ahí se disipaba, era uno más.

Salvando las distancias de un potrero pinareño al Olímpico de Roma, pudiéramos decir que la carrera de Ciro Immobile tiene dos caras bien contrastadas, una bien oscura fuera de Italia, y otra bien clara, siempre en fase de luna llena dentro de la dura Serie A. Ciro es el Capo de la casa.

Desde que hizo su aparición en el Calcio italiano, el delantero nacido en Nápoles es un habitual entre los máximos goleadores del torneo doméstico; pero por esas cosas inexplicables que tiene el fútbol su periplo fuera del país de la Bota fue un fracaso total, al punto que muchos pensaron en el fin de su carrera como romperedes de categoría mundial.

Tras su bestial campaña 2013-2014 cambió el granate y blanco del Torino por el amarillo y negro del Borussia Dortmund, un equipo de más cache que aun tenía a Klopp al mando. Pero todo el hype de su traspaso fue solo eso, el cartel superó la puesta en escena. Apenas un año duró su travesía germánica.

En 2015 desembarcó a préstamo en el Sevilla, flamante campeón de la Europa League. Más de lo mismo, el síndrome de Papito se apoderó del delantero italiano. Dos temporadas, 32 partidos y cinco goles después Ciro regresó cabizbajo a casa, y por arte de magia reapareció en todo su esplendor.

En lo que fácilmente clasifica como una de las gangas de la década la Lazio pago poco más de ocho millones por el ariete en 2016 y desde ese momento no para de anotar. A día de hoy suma 90 goles en 124 partidos para las Águilas, más que cualquier otro jugador dentro de la Serie A en ese lapso de tiempo, ganó su segundo título de Capocannioneri el año pasado y en el curso actual va lanzado al tercero y a su primera Bota de Oro.

Mas allá de los números y la comodidad que evidentemente le da jugar en su país natal, Immobile encontró el hábitat perfecto y a sus casi 30 años anda en el pico de su carrera. Junto a Correa, Caicedo, Luis Alberto y Milinkovic-Savic forma un ataque que produce goles y títulos. Los de la biancocelesti no solo se defienden, atacan rápido y en bloque, saben asociarse y sin mucho ruido son una alternativa seria al dominio de la Juve y el resurgir de otro gigante dormido como el Internazionale.

Bajo la tutela de Simone Inzaghi, un tipo que cuando vestía de corto compartía características similares, Ciro explota su velocidad e inteligencia para encontrar la espalda de los defensas y rematar casi siempre dentro del área, resolutivo con ambas piernas.

A pesar de medir 1,85 no es un especialista en el juego aéreo aunque cumple en esa faceta, tampoco sobresale en el regate corto pero consigue ubicarse en el lugar correcto y definir con astucia. Además es un tipo que presiona la salida rival y ayuda en defensa, corre siempre, y eso en el fútbol físico actual vale mucho.

Comparte elementos de su juego con clásicos delanteros de la Azurra como los hermanos Inzaghi, Vialli y Giraldino. No es un dotado a lo Baggio, del Piero o Totti, ni un tanque parecido a Vieri y Luca Toni, pero tiene el don del oportunismo, es rapaz en el área grande.

Al parecer ya Ciro maduró y desterró esos fantasmas que lo atormentaron fuera de Italia. Su buen momento a nivel de club también siguió en la selección nacional y para suerte de sus millones de hinchas hoy la escuadra tetracampeona del mundo toma vuelo otra vez.

Personalmente siento alegría por este renacer que vive Immobile, un capo que hoy impone su ley sin importar en la valla que juegue.

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