«Mientras el Manchester United es como un hombre de traje gris a quien le han robado el mes de abril, Juan Mata parece el hermano mayor que, con los mismos sueños y ganas de cuando tenía veinte años, motiva a un puñado de muchachos a quienes les cuesta encontrar su norte en la cancha.»
A BALÓN PARADO / La columna de Alejandro Céspedes
Thomas disfruta de sus vacaciones en el Caribe a miles de kilómetros de Manchester. Salió huyendo del tedioso frío y la niebla sobrecogedora de su ciudad, la que parece tener una fuente de energía en el pesadumbrado Old Trafford.
«Una vez fue llamado El Teatro de los Sueños, ahora solo nos da pesadillas. Por eso ya no voy al estadio. Veo los juegos por televisión». Así habla este hombre de 60 años quien es observado por su esposa a unos metros de distancia. Ella, llamada Sarah, saborea unas frutas (porque no come nada con gluten) mientras comenta que le interesa muy poco el football. Solo la pasión de su esposo por Los Rojos de Manchester le hace mirar de vez en vez y de reojo los partidos. Admite que hace tiempo lo único que le llama la atención del equipo es el español Juan Mata. «Un gran jugador, pero mejor persona», me dice mientras se va a buscar agua.
Esa fue la chispa para que Thomas encendiera su teléfono celular y me enseñara decenas de fotos sobre Mata y lo describiera como el futbolista más subvalorado de toda la Premier; un tipo con un don en los pies y el corazón, a quien le tocó la mala suerte de haber sido la estridente versión «Blue and Red» de Pedro León en las partituras de José Mourinho.
Mientras el Manchester United es como un hombre de traje gris a quien le han robado el mes de abril, Juan Mata parece el hermano mayor que, con los mismos sueños y ganas de cuando tenía veinte años, motiva a un puñado de muchachos, portadores todos de una brújula descompuesta, a quienes les cuesta encontrar su norte en la cancha. El que fuera mejor jugador del Chelsea durante dos años consecutivos en la Premier, constituye un espejo en el cual deberían mirarse compañeros con pantalones cortos y trajes caros. Con su excelsa calidad técnica, Juanín difícilmente falla un pase, pierde un balón tras un regate y demuestra que las carreras más importantes no son las más veloces por la banda, sino las que van a donde irá el balón. Además, como todo un budista aguanta en el banquillo su oportunidad para salir y clavar un tiro libre en el ángulo para salvar de otra noche de pesadillas a la afición.

Pero dice Thomas que lo que más le emociona a Sarah de Juan Mata es que su calidad sobrepasa el juego, pues él ha llevado a cabo un campaña para motivar a sus colegas a donar el 1% de su salario para las comunidades menos favorecidas. Algo que en tiempos de políticos al estilo del «The Special One» es como un trozo de carne entre una jauría. Y eso quizás es lo que ha dejado en un segundo plano su acto filantrópico.
«Quizás sea la buena paga de Inglaterra, su necesidad de querer borrar con su juego la mala imagen que le tatuaron o que en España no le han motivado con una buena propuesta, pero lo cierto es que Juan Mata aún es de los mejores jugadores que andan por Europa y es subvalorado. Es un ángel entre tantos demonios que andan entre la niebla de nuestro querido Old Trafford». Así termina Thomas su apología, y se apresta a buscar un lugar donde ver, a miles de kilómetros, el próximo juego de su Manchester United.