Rémoras

Me molestan los oportunistas de las redes sociales, los tótems del periodismo deportivo que les interesa más vender que informar, los espontáneos que desde la complicidad de una laptop o cell opinan con su bufanda. Esta es mi cruzada contra los autollamados periodistas, sin vocación ni profesión definida. Son rameras de likes y el aplauso fácil.

EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara

Conducía el domingo de vuelta a casa mientras la radio pasaba Beer never broke my heart, de Luke Combs, fue un día cómodo en el trabajo, eran casi las tres de la tarde y literalmente todo marchaba sobre ruedas. La pausa comercial interrumpió mi tranquilidad al escuchar breaking news: Kobe Bryant había muerto y todo mi día se fue al traste, como la vida de uno de los mejores atletas que vi en cualquier deporte.

Minutos después, ya en la comodidad del mismo sofá desde el que ahora escribo, todo empeoró. Entre las miles de noticias y medios que daban parte de la muerte del legendario escolta de los Lakers, comencé a leer una sarta de tonterías y frivolidades de todo tipo; desde cuánto dinero heredó la viuda de Kobe hasta el pésame que enviaron Figo y CR7 a la familia del básquetbolista. Que si eran idénticas sus palabras, que si uno lo publicó primero que otro. Repito, toneladas de estupideces.

Lo mismo ocurre cada fin de semana tras las jornadas en las ligas de fútbol por todo el mundo, o después de partidos de Champions. Las rémoras salen, sacan pecho si sus tiburones de turno cazaron en abundancia, publican los memes correspondientes y las estadísticas que favorecen a su depredador-proveedor. Da lo mismo que sean grandes medios como Marca, Sport, As, Mundo Deportivo, Olé, Chiringuito de Jugones, o improvisados de nuevo tipo bajo el disfraz de influencers, youtubers, blogueros y pseudoperiodistas.

He visto personas inteligentes repetir con fervor de pasaje bíblico una rabieta de Roncero o una de las tontas tonadas de Soria. He visto peleas inocuas sobre el número de goles y asistencias que marcaron Messi y Cristiano entre el 2 de diciembre y el 6 del mismo mes y año. He visto a gente con talento publicar un párrafo alabando a Diego Forlán en un medio y después repetir el mismo párrafo para despedir a David Villa en otro. He visto elevar y enterrar a Pochettino en menos de dos meses. He visto a tipos poco competentes inventarse currículos y títulos universitarios con tal de publicar jerigonzas indescifrables de palabra muerta. Hasta vi a uno decir que Eriksen acaba de retirarse por ir de la Premier League al Calcio. Esta gente domina el arte de no decir nada importante.

Lo confieso, me molestan los oportunistas de las redes sociales, los tótems del periodismo deportivo que les interesa más vender que informar, los espontáneos que desde la complicidad de una laptop o cell opinan con su bufanda. Esta es mi cruzada contra los autollamados periodistas, sin vocación ni profesión definida. Son rameras de likes y el aplauso fácil.

El periodismo deportivo en castellano sufre uno de los peores momentos de la historia, a pesar de que vivimos en tiempos donde el acceso a la información y la comunicación es más fácil que nunca. Actualmente existe un ultraje masivo al derecho de opinión, que difiere al acto de opinar. Opinar podemos todos, pero hacerlo públicamente denota cierta responsabilidad para quien emite el mensaje en aras de respetar a quienes lo reciben.

No descubro el agua tibia cuando aseguro que antes de emitir un criterio es mejor informarse, saber, investigar; de lo contrario activamos el detector de idiotez en la primera oración. Increíblemente hoy importa más la cantidad de seguidores que el contenido del mensaje. Cada vez nos aislamos más en un microhábitat pretendiendo expandir nuestra verdad al resto del mundo, ya sea merengue o blaugrana, a veces más antimerengue o antiblaugrana. Y, ¿los demás no existen? Nos comportamos como Neanderthales en la cueva. Andamos en tribus.

Ofrezco disculpas por la diatriba. Quería escribir algo más feliz pero murió Kobe. Perdimos todos.

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