Legado de Capitanes

Henderson, que no juega como Gerrard, ha logrado títulos importantes para su palmarés, que nominalmente lo ponen al nivel de su ídolo, incluso va camino a levantar el trofeo que más pasión hará brotar en Anfield, la Premier.

A BALÓN PARADO / La columna de Alejandro Céspedes

Hay una frase común y con frecuencia mal utilizada, algo parecido a que el mundo se divide en dos tipos de personas, estos y otros. En pleno uso de mis facultades mentales y físicas, voy a cometer el agravio de usarla aquí. En este mundo (el del fútbol) hay dos tipos de personas: los que comparan y los que admiran. Veremos a cuál pertenecemos.

Cuando Jordan entró a la academia del Sunderland con 8 años en 1998, ya Steven era un jovenzuelo que ilusionaba en Anfield y se colaba como fijo en la plantilla titular. Por esa época, el rubio flaco, casi preadolecente del nordeste de Inglaterra alternaba sus entrenamientos con balón, con el que su padre le imponía en las montañas para mejorar su estado físico y forjar su carácter en base al esfuerzo, el sacrificio y la inteligencia para las oportunidades. Algo que le pudo haber sido de gran ayuda al Steven adolecente, cuando la presión de ser una emergente estrella nativa del Liverpool, le llevara a pensar en buscar otros equipos; pero Alex Ferguson estaba más entretenido que un “Guiri” en Tropicana y el Manchester United le viró la espalda.

Mientras Jordan comenzaba a ser llamado Henderson en su periplo ascendente por las inferiores de los Gatos Negros, y lograba debutar en el primer equipo en el año 2008, ya era Steven Gerrard un tipo con 300 apariciones en Premier League y el capitán de una banda que había conquistado nueve títulos para el club. De todos esos, los más recordados fueron la Copa de la UEFA en 2001 por su golazo del año, y la Champions League de 2005 que se recuerda como El Milagro de Estambul, donde el Capitán Fantástico comenzó una remontada épica ante el AC Milan, cuando perdían 3-0 tras la primera mitad, para terminar venciendo en penales 3-2.

Pasados tres años, lo máximo que Henderson había logrado era ser reconocido dos veces como el mejor jugador joven de su equipo y cambiar de usar el número 16 por el 10. Realmente no se podía aspirar a mucho más en el zozobrante Sunderland. Entonces llegó la oportunidad que tanto había esperado: el Liverpool llamó a su puerta.

Su debut con la chamarreta de los rojos de la ciudad de los Beatles fue precisamente ante sus excompañeros y teniendo a su lado al capitán Gerrard; el cual buscaba un sueño: conquistar una Premier League, el único trofeo que le había sido esquivo. Steven había sufrido como nadie cuando frente al Chelsea de Mourinho, Demba Ba le robó un balón tras un tropiezo y terminó destrozando como un cristal el ansiado título liguero.

Tras el retiro del Capitán Fantástico, Jordan Henderson se quedó con el brazalete amarillo. Y como hombre de confianza del “Bobby Fisher” de los banquillos, Jürgen Klopp, este no dudó en llevárselo al Camp Nou a estudiar al Barcelona en un cruce de octavos de final en Champions ante el Chelsea, como presagio de que ese era el rival a vencer y el nivel a alcanzar.

Henderson, que no juega como Gerrard, ha logrado títulos importantes para su palmarés, que nominalmente lo ponen al nivel de su ídolo. Incluso obtuvo un Mundial de Clubes que este no pudo alcanzar y va, indiscutiblemente, camino a levantar el trofeo que más pasión hará brotar en Anfield, la Premier. A lo que Stevie se preguntará por qué no le tocó, y a lo que mi abuela le habría dicho: “Mi’jito, no se puede tener todo en la vida”

¿Quién ha sido mejor? Esa es una discusión tan banal como el trago que tomó El «Guiri» Ferguson en Tropicana. Lo que pasará a los libros es este legado de Capitanes.

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