Juego de Tronos

Inevitablemente vemos una necesidad feroz por establecer el control en dos bandos para determinar quién realmente está al mando, si los que juegan o los que gestionan.

A BALÓN PARADO / La columna de Alejandro Céspedes

Un colega de pasiones comparaba a Messi con Walter White, pues la metamorfosis adquirida tras recibir el brazalete amarillo en la Selección y el Barça, a pesar de seguir con un arsenal limitado en su vocabulario, le ha incorporado algunas armas que son tan certeras como sus tiros libres. Igualmente discrepo de este «Walter Messi» que sugiere mi contraparte.

Pudiéramos decir, y esto sonará como un arma de doble filo, que cuando quieras conocer realmente a una persona, otórgale poder y sabrás de que está hecha. Esto sirve para Messi, pero también para la directiva pancista que ha secuestrado al club y que inteligentemente ha dejado que los jugadores de peso se crean que el vestuario y el campo son la zona rebelde bajo su control. Pero marionetas al fin, nunca pueden mirar arriba y entender de dónde vienen los hilos.

El capitán ha hablado desde una red social para responder, con un arma similar, a las declaraciones de su ex compañero y ahora malabarista de la gerencia deportiva con traje y corbata en las oficinas del Camp Nou. Un hombre que obtuvo la simpatía del mundo tras la condición médica que le pudo costar la vida, el mismo que tanto se enredó en términos legales y a quien Puyol le dejó el regalo de levantar como capitán un trofeo de Champions.

Tras declarar que la marcha de Ernesto Valverde se comenzó a manejar después del pasado clásico contra el Real Madrid y excusarse en que «había jugadores que no estaban contentos con el técnico vasco», todo suena como un balonazo en pleno rostro del equipo; pues los jugadores, sobre todo los de la nueva «gestión de los cuatro», siempre han defendido públicamente a Don Ernesto y no dejaron de expresar entre líneas que fue injusta su destitución. No obstante, los titiriteros «colocaron al mando» a un tipo como Setién que no tiene «la maldita culpa» y que en su gestión de vestuario es un clon mejorado del que ya no está.

Al capitán, que es el que habla en nombre de todos, le han ido drenando como a Guardiola en su día. El de Sampedor se fue lejos a trabajar, pero no alejó su corazón de la ciudad condal, mientras el rosarino no tiene la confianza ni la ingratitud necesarias para dejar a un lado esta Franja de Gaza que se ha vuelto el Camp Nou. Por lo que con el arma amarilla y señera que le otorgaron, juega su propio partido en zona mixta, y clava, a contra golpe, disparos en el ángulo.

Dicen que hay frases, miradas, gestos y/o acciones que desnudan a las personas. Esta pudiera ser otra forma para desentrañar el espinoso camino hacia la verdad. Si analizo a cada actor de esta historia, diría que en el caso de Bartomeu basta solo con estudiar cómo llegó a la presidencia y cuánto se ha perdido en su gestión. En el de Abidal, pudiéramos escudriñar sus decisiones gerenciales y amenizarlas con la mirada que usó para declarar susceptiblemente su relación con Guardiola al llegar procedente del Olimpique Lyonnais en el documental Take the Ball, pass the ball (Toma el balón, pasa el balón).

A Messi lo ejemplificaríamos con su transformación de adolecente perenne a padre de familia, que la vemos en su juego y en su forma de llevar los brazaletes, como lo manifestó en el programa Fox Radio del Pollo Vignolo de Fox Deportes Sur el 31 de mayo de 2019.

Inevitablemente vemos una necesidad feroz por establecer el control en dos bandos para determinar quién realmente está al mando, si los que juegan o los que gestionan. Ha dejado de ser un juego de equipo, para llegar a ser un Juego de Tronos.

Deja un comentario