Ciclos

La corrida más gloriosa y extensa del futbol español llega a su fin. En un inicio de siglo donde los dos gigantes de la Liga de las Estrellas ganaron la friolera de nueve Champions, dominaron Europa a su antojo y maravillaron al mundo, la hora de pasar página llego. Los batacazos propinados por la Real Sociedad y el Atletic de Bilbao en la Copa del Rey solo vinieron a confirmar que el cambio de poderes es un hecho en el Viejo Continente.

EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara

Los ciclos no respetan jerarquías ni nombres, van de la mano con el tiempo, esa variable que nos condena a todos. Más tarde o más temprano el reloj nos atrapa, así ha sido y será siempre. Para el Real Madrid y el FC Barcelona no hay excepciones. Aún tienen caché, aún cuentan con nombres legendarios en sus plantillas pero la realidad indica que sus respectivas dinastías pertenecen al pasado reciente.

La corrida más gloriosa y extensa del fútbol español llega a su fin. En un inicio de siglo donde los dos gigantes de la Liga de las Estrellas ganaron la friolera de nueve Champions, dominaron Europa a su antojo y maravillaron al mundo, la hora de pasar página llegó. Los batacazos propinados por la Real Sociedad y el Athletic Club de Bilbao en la Copa del Rey solo vinieron a confirmar que el cambio de poderes es un hecho en el Viejo Continente.

No voy a entrar en el análisis ni en los pormenores de los juegos que decretaron la salida en cuartos del torneo copero de los mandamases españoles; solo recordarles que las señales vienen de atrás y están a la vista, solo que algunos, ciegos por sus colores, no quisieron o no quieren verlas aún.

Ambos equipos están viciados por plantillas viejas, por vestuarios llenos de poder que intentan aferrarse a métodos exitosos en tiempo pretérito. Hay que ser ingenuos para pensar que algunos retoques llamados Fede Valverde, Vinicíus, Rodrygo, Ansu Fati, De Jong o Arthur tienen alguna influencia en unos locker rooms donde caminan tipos de la talla de Ramos, Modric, Benzema, Kroos, Messi, Piqué, Busquets, Suárez y compañía.

Incluso los místers cambiaron poco o nada en las dos últimas temporadas. Valverde pecó de inmovilidad a la hora de alterar rutinas y Zidane sigue aferrado a la épica de los legionarios que lo llevaron a la gloria continental. Ningún club tiene plan, proyecto deportivo a futuro o idea a seguir.

Si vamos más arriba vemos como Florentino y Bartomeu siguen más interesados en el aspecto económico que en lo deportivo, para ellos todo marcha sobre ruedas “siempre que se gane”; frase maldita y definitiva que oculta muchas trampas y esconde tenebrosos vicios, especialmente la vanidad y el mas adictivo y peligroso de todos, el que otorga el poder.

En honor a la verdad hay que decir que la avalancha de éxitos en los últimos años fue tal que confundirse resultaría comprensible y hasta justificado, solo que no hablamos de clubes ajenos a las primeras planas, aquí hablamos de dos superpotencias.

La historia, esa ciencia social que a muchos aburre en la escuela, nos enseña que no hay nada nuevo bajo el sol, y como ocurrió anteriormente al dominio inglés e italiano a finales de la pasada centuria, hoy anuncia que vienen épocas oscuras en el Camp Nou y el Bernabéu. Así son los ciclos, para bien y para mal por muy grandes que sean.

Dentro de su liga por supuesto que seguirán repartiéndose la porción más grande del pastel, pero que no sorprenda si en los cursos por venir el equilibrio en la clasificación se hace evidente y algún que otro título doméstico cae en otras vitrinas. Al menos la Copa del Rey de esta campaña ya irá a otros lares.

En Europa la cosa pinta peor, ahora les puedo anunciar que ninguno levantará la Orejona en la versión vigente, no les corresponde. Hay equipos mejores y más preparados, con más hambre, con mejores ideas, y por si no lo creen, con mejores jugadores también; así que fanáticos, quítense la venda y sufrirán menos.

Los ciclos amigos míos son parte del futbol. Pero solo para consolarlos les puedo avisar también que los grandes siempre vuelven, es otra verdad intrínseca. Con otros ídolos, caras nuevas, que también pasarán a la leyenda blanca y blaugrana.

Por el momento la era de Messi y su magnífico Barça, la de los merengues y su bestial triplete europeo, ya es pasado. Cualquier alteración de esa verdad entra en la categoría de los milagros. Y esos, ustedes lo saben tan bien como yo, ocurren por intervención divina. Solo que esta vez pienso que Dios se mudó a otra parte.

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