Resaca de lunes

La polémica en cuanto a estilos futbolísticos entre Setién y Bordalás nos demostró una vez más que este juego es una partitura en blanco.

Hoy con: Magol Alejandro

Fútbol ideológico

Nunca un Barça – Getafe género tanto tráfico mediático como el del pasado sábado, sobre todo a nivel de controversias ideológicas. En nuestra redacción, como no podía ser de otra forma, también hubo conflicto. Verbal, aclaro. La gran pregunta a responder: ¿Es el Getafe de Bordalás un equipo defensivo? Como en casi todo debate civilizado, las razones eran válidas de ambos lados. De parte del NO se argumentaba que la altura de la línea defensiva y la cantidad de jugadores que involucre un equipo en el ataque son los parámetros que marcan su naturaleza ofensiva. Por el SÍ se sostuvo como premisa una analogía de boxeo; el Geta es como un boxeador que bloquea mucho, ensucia la pelea y saca sus manos bien rápido. Al analizar ambas tesis me percaté una vez más de que el fútbol es una partitura en blanco. A expensas de encontrar un jurado, aunque nunca nos ponga de acuerdo, que cada cual emita su veredicto final. O mejor dicho, que rellene el pentagrama vacío con notas a su gusto.

¿Goles o juego?

No menos airada fue la porfía en otras plataformas luego del gol enmudecedor de Santi Mina en el Bernabéu y que hizo resurgir la polémica de siempre: ¿Al Real Madrid le falta gol o le falta juego? Puesto a escuchar a quienes todavía claman por Cristiano y promueven que Chamartín echa en falta a un tipo como él, me topé con la tabla de clasificación de la Serie A. Resulta interesante que la Juventus, equipo del amado portugués, haya marcado los mismos goles a estas alturas que los blancos (46). Al rastrear en otras ligas y ver los registros goleadores del Liverpool (61) y Manchester City (65), he llegado a una conclusión: el fútbol suele estar lleno de tópicos o mitos que casi siempre son falsos. Uno de los más erradamente repetidos consiste en asociar los éxitos colectivos al individuo. El Pool y el City no han marcado tal cantidad de goles porque tengan tipos como Messi o Cristiano en sus filas. Comprender cómo lo logran Klopp y Guardiola podría respondernos la pregunta de allá arriba.

Que viene el coco

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que el Atlético de Madrid era un equipo fiable, rocoso, invulnerable, un grupo de jugadores conjurados en no fallarle a la pasión de su entrenador. Hasta el comienzo de esta temporada, el Atleti de Simeone, a pesar de la incertidumbre a la cual nos acostumbró su juego, siempre nos hizo encontrar numerosas certezas en la implementación de su propuesta. Por ejemplo, sabíamos que a los rojiblancos rara vez algún rival les anotaría un gol a balón parado; que encajaran dos en un mismo juego resultaba prácticamente una quimera para cualquier adversario. Después de los recibidos en Mestalla a los del Cholo les han fabricado nueve goles por esta vía en lo que va de curso. Y sí, es probable que aún el Atleti sea aquel equipo pero necesitan recordarlo cuanto antes. Es curioso que uno de los conjuntos que mejor domina el recurso aéreo visite esta semana el Metropolitano. Realmente no estoy seguro si el Liverpool de Klopp sea el enemigo ideal para recuperar la memoria.

Delirios de sevillismo

Volvió a empatar el Sevilla de Julen Lopetegui y estiró la crisis de resultados hasta cuatro partidos sin conocer la victoria, un pecado mortal en los tiempos que corren. Tristemente a estas alturas ya no sería ni noticia que la directiva hispalense hiciera caso al runrún del sevillismo y corriera al entrenador vasco. Contra el Espanyol, el conjunto de Nervión controló la pelota un 68% del tiempo y remató dieciocho veces a portería (cinco por parte de los periquitos) y aún así la prensa deportiva y parte de la grada del Pizjuán insisten con que Julen tiene un problema. La situación me recuerda tal cual a la vivida por Quique Setién en el Betis. Al parecer el aficionado andaluz, sea bético o sevillista, se ha pasado a la aristocracia triunfalista. Y eso es algo muy peligroso. Porque si para los hinchas del Sevilla ya no es suficiente que su equipo marche quinto (empatado a puntos con el Atlético y a dos del Getafe, tercero), evidentemente el problema lo tienen ellos.

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