Antes de Cristiano Ronaldo, antes de la EURO 2016 y la Liga de las Naciones, hubo un tiempo en que Portugal era favorito a todo; no por su historia o gran palmarés, tampoco por contar con una liga al nivel de las mejores en el Viejo Continente. El despegue definitivo y el respeto al fútbol luso es obra de una camada inigualable, el camino al éxito lo pavimentó la Generación Dorada
Hoy con Glauber García Lara
Corría el año 2000 y mientras la mayor parte del mundo hablaba del “error del milenio” y cataclismos profetizados siglo atrás, en la colina universitaria de la UH un grupo de locos al fútbol hacía su clandestina quiniela para la EURO que en esa ocasión acogerían por vez primera dos países.
Hay que ubicarse bien en el tiempo para entender lo riesgoso de apostar tres dólares per cápita en un pote donde estaban casi 50 estudiantes y profesores. Hablar de solvencia económica para mí en aquellos años resultaba cuando menos risible, por eso me preocupé cuando fui el centro de las carcajadas colectivas al depositar mi boleta: “Gracias Glauber, tu dinero será bien gastado. ¡Así que Portugal no!”, decían. Igual lo hice, no había marcha atrás.
Les voy a evitar el suspenso, al final perdí mi dinero; pero antes de que eso ocurriera me divertí de lo lindo, y en el camino muchos de los que rieron en un principio salieron cabizbajos, pero como siempre les digo, vamos por partes.

Escaso palmarés
En la vetusta Europa, Portugal siempre vivió a la sombra de las grandes potencias futbolísticas y rara vez se tuteaba con la realeza continental. Tanto sus vecinos españoles de la península ibérica hasta tradicionales mandamás como Alemania, Italia, Francia e Inglaterra, todos miraban desde arriba a las selecciones lusas que solo tenían al gran Eusebio y su equipo del Mundial 1966 como referentes.
El primer atisbo de cambio ocurrió en 1989 cuando Carlos Queiroz guió a un grupo liderado por Joao Pinto, Fernando Couto y Paulo Sosa al título mundial sub-20 en Arabia Saudita. Dos años después el afamado técnico repitió la hazaña al mismo nivel pero con otros nombres donde destacaban Jorge Costa, Abel Xavier, Capucho, Rui Costa y Luis Figo. El coctel estaba listo, Europa y el planeta avisados. Portugal contaba finalmente con una generación capaz, llena de calidad en todas sus líneas y ansiosa de poner a su país en la elite del fútbol mundial.
Tras el éxito en la categoría juvenil, la mayoría de los talentos portugueses desembarcaron en grandes equipos de las mejores ligas europeas; pero si bien casi todos triunfaron individualmente, a nivel de selección nacional la realidad fue otra. Sendos fracasos en las eliminatorias a USA 1994 y Francia 1998, además de Karel Poborsky en la EURO 1996 sepultaron las esperanzas de los Lusos. Llegó el 2000 y en Holanda y Bélgica era hora de saldar cuentas.

Aquí estamos
Si el asalto a la cima algunos pensaron iba a ser fácil, el sorteo dictaminó que la cita belga-holandesa significaría una especie de escalada al K2 para los portugueses. Les tocó compartir grupo con dos bestias como Alemania e Inglaterra, además de Rumania, que a pesar de andar en el fin de su mejor ciclo, no era un invitado más.
El debut en el Phillips Stadium de Eindhoven fue de los que ponen a prueba a los más duros. Frente a la Selecao los dirigidos por Kevin Keagan pusieron una marcha extra desde el pitazo inicial. En la sala de máquinas Paul Ince y Steve McManaman manejaban tiempos y espacios, mientras David Beckham hacía estragos por la banda derecha y el colorado Scholes llegaba con peligro desde la segunda línea.
Apenas tres minutos de juego y un centro del “Spice boy” encontró la testa de Scholes para abrir la pizarra. La cosa pintaba fea. Por si fuera poco, Shearer y Owen no aparecían en el radar de la defensa lusitana y en otro pase de esos que solo el 7 del United sabía dar, McManaman aprovechó un desmarque de sus delanteros y marcó a placer. En el 18 2-0 y en la mente de todos los seguidores lusos la sospecha de otra decepción fue más real que nunca.
Pero las leyendas no lo son por gusto y fue en ese momento que Luis Figo, tal vez el mejor extremo de los últimos 30 años, decidió entrar en escena y de una vez y por todas poner a su nación en el lugar que le correspondía.
El tiburón tomó el balón en la bomba central y se fue solo a la guerra. Avanzó hasta tres cuartos de cancha y cuando Tony Adams intentó detenerlo soltó un zapatazo lleno de ira, con más potencia que técnica. Pasó entre los pies del central inglés y a David Seaman no le dio tiempo ni a estirarse para la foto. Solo volteó para ver cómo la escuadra resultó el destino perfecto de aquel trallazo histórico. Fue en ese momento que Portugal se hizo mayor de edad.
Tras el gol de Lucho todos los jugadores portugueses desataron ese talento que el mundo conocía y temía. Rui Costa comenzó su recital particular, Joao Pinto aparecía en todas partes y Nuno Gomes lucía casi como el mejor 9 del planeta. Antes del descanso ya el juego estaba igualado.
La segunda parte solo espoleó más a los dirigidos por Humberto Coelho que materializaron la remontada apenas en el 59. La última media hora solo sirvió para que todos supieran que la candidatura al trono europeo para Portugal era un hecho. Habían llegado para quedarse.
El impulso no se detuvo y despacharon a los rumanos en la segunda salida para asegurar el pase a cuartos. Con el boleto en la mano se dieron el lujo de rotar titulares y ver a Sergio Conceicao vivir su mejor jornada profesional con un hactrick que mandó al retiro a toda una generación teutona. A esas alturas todos los focos apuntaban a la selección que las potencias tradicionales siempre miraron desde arriba. Portugal estaba en boca del mundo y mi quiniela ya no parecía tan descabellada.

Maldita Francia y maldito Gol de Oro
Los cuartos de final casi fueron un paseo para la nueva sensación del Viejo Continente y de paso validaron aún más el Balón de Oro que Figo levantó al final de la temporada. Contra los turcos hizo una autopista por la banda derecha, ese día mostró todo su repertorio. Regates, pases, cambios de ritmo, bicicletas… escojan ustedes. Nuno Gomes usó el espectáculo que montó la estrella del momento y con un doblete encaminó la eliminatoria. En semis estaría el campeón del mundo.
Enfrentar a Francia en esos años era el examen de grado. Los galos, lejos de tener fisuras, contaban con el mejor equipo del planeta, por hombres y funcionamiento. Venían de alzar la Copa del Mundo y andaban sobrados de confianza. Como si tener a Zidane, Henry, Trezeguet, Thuram, Blanc y compañía no bastara.
No obstante, la Generación Dorada no creía en rivales de alcurnia a esas horas y salió al verde del Rey Baduino sin complejos. Otra vez Nuno Gomes embocó y adelantó a los suyos. Con el partido 1-0 Francia buscó la igualada hasta que la consiguió gracias a Tierry en la segunda parte, pero ninguno cedía espacios ni cejaba en el ataque. Todo el partido fue de toma y dame. Así llegaron al alargue.
Por esos tiempos la FIFA en su afán de modernidad comprometió parte de la esencia del juego con una regla controvertida. El Gol de Oro premiaba con la victoria al primero que perforara redes en el tiempo extra. Gracias a su implementación nos privó de emociones que jamás pudimos experimentar.
Precisamente a falta de tres minutos para la tanda de penales una mano de Abel Xavier en el área a un tiro de Wiltord fue sancionada por el asistente de línea. Penal claro, pero inmerecido por lo que sucedió en el campo. Protestas aparte, Zidane cobró como los grandes. Duro y arriba. Sentencia final.

Camino a seguir
Pese a no conseguir el título en la Eurocopa consagratoria, Portugal jamás se ausentó en las grandes citas. Con algunos tropiezos sonados, sobre todo en el Mundial 2002, su presencia ya es casi obligada entre los mejores equipos del mundo.
Aquel grupo que ganó por derecho propio su lugar en la elite futbolística estuvo a un paso de la cima en la EURO que organizaron cuatro años después de su irrupción continental. Unos rocosos y suertudos griegos impidieron su asalto a la gloria. El 2006 fue el final de la mejor camada histórica de portugueses en el mundial alemán, allí llegarían a semis como 40 años antes lo hicieran Eusebio y sus acólitos. Nunca ganaron un trofeo, pero el legado estaba escrito.
Gracias a esos que asombraron al mundo cuando levantaron par de mundiales juveniles en los ya lejanos 1989 y 1991, Cristiano Ronaldo, Pepe, Quaresma, Nani, Rui Patricio y otros encontraron el camino a seguir. Hoy Portugal es favorito, ya tiene palmarés, y estoy seguro que a diferencia de aquel loco de hace dos décadas en la UH, más de uno apuesta por los lusos en su quiniela.