Números exactos (un artículo resultadista)

Este fin de semana hubo flow del bueno en las redes sociales, cuando el Barça sacó pecho al publicar que superaba históricamente en la Liga al Real Madrid. Los culés llegaron a 6151 goles, uno más que los merengues. Enseguida saltó MisterChip con que la causa eran los 42 de ventaja que tenían los blancos antes de la partida a la Juve de CR7, y esa misma cantidad anotó el portugués desde que viste de negriblanco.

EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara

Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis. Así me cantaban mis abuelos en su afán de que aprendiera a contar, sumar y restar antes de comenzar el kindergarden. No creo ser una excepción, la tonada es bien conocida y forma parte del cancionero familiar latinoamericano. Es pegajosa y causa efecto, claro que sí. Más tarde, en la escuela primaria subí de nivel y usaba mis dedos para las cuentas básicas, siempre cuidando que la estricta maestra no me descubriera, en eso tampoco soy pionero, pero aprendí.

En realidad, las matemáticas nunca se me dieron mal, saqué buenas calificaciones siempre en todas las enseñanzas. Solo que no me llenaban. Al descubrir la lectura mi universo giró a mil revoluciones por minuto y el significado del verbo contar cambio para mí. Decidí darle más importancia a las historias que a los números. También es más divertido ser escritor, aún mediocre, que matemático, ¿no lo creen?

Eventualmente me atrapó el fútbol y por un momento la confusión me atacó, entré a un mundo competitivo donde los resultados y estadísticas aparentemente dominan; pero de la misma forma con el tiempo entendí que quienes llevan los números son más tediosos que los relatores.

Los nerds estadísticos casi siempre son tipos sin mucho que decir, sueltan bloques numerales, ecuaciones y gráficos sin alma. Plomos cifrados. Sin embargo, los que narran goles gritan, sienten y padecen; dan color, oxígeno y vida a un juego maravilloso, por algo será que podemos mencionar a decenas de narradores y escritores y a un solo MisterChip, pseudónimo bien rimbombante por cierto.

El fenómeno estadístico siempre estuvo controlado pero en los últimos años encontró campo fértil en la fanaticada de casi todos los deportes, es el reguetón deportivo por excelencia, tiene muchos seguidores y pocos artistas de calidad. Se baila fácil, no necesita muchos pasos, algo de cintura y un coro básico son suficientes. No hay que pensar, solo moverse a los compases de un beat bastante común.

Este fin de semana hubo flow del bueno en las redes sociales, cuando el Barça sacó pecho al publicar que superaba históricamente en la Liga al Real Madrid. Los culés llegaron a 6151 goles, uno más que los merengues. Enseguida saltó MisterChip con que la causa eran los 42 de ventaja que tenían los blancos antes de la partida a la Juve de CR7, y esa misma cantidad anotó el portugués desde que viste de negriblanco. Explicación recta al mentón. Entró en modo NASA. Newton, Einstein, Hawkins y un número indeterminado de genios científicos deben estar revolviéndose en su tumba ahora mismo. Yo estoy en total desacuerdo.

Mi argumentación no es coyuntural, palabrita de moda, ya saben. Que el Barcelona cada vez recorta más distancias con el mejor club de la historia no es un hecho casuístico, es sistémico. Tiene que ver con la aparición de un personaje llamado Johan Cruyff en la ciudad condal allá por el verano de 1988 cuando decidió firmar como DT azulgrana. El pavor de la parroquia madridista hacia cualquier palabra que evoque el apellido o derivados del legendario 14 holandés está más que justificado, por números, hechos y sensaciones. Les voy a soltar unos datos, y como dicen en las redes, se los dejo ahí.

Desde que el alumno aventajado de Rinus Michels revolucionó todo el proyecto barcelonista y estableció una idea continuista sus seguidores vieron como su equipo ganó 50 títulos, más que todos los grandes clubes europeos. El FC Barcelona remontó diez partidos de desventaja en el dual meet con el Real Madrid, hoy domina 96-95 el cara a cara histórico, y de paso solventó casi ¡140 goles! de déficit en la competición doméstica. También recortó a un digito la desventaja en coronas ligueras, abrió brecha en Copas del Rey y casi que abusó con la supremacía blanca en España. Literalmente.

Fuera de casa el Madrid mantiene la casta, pero apenas ganó par de Champions más que su enemigo jurado en las pasadas tres décadas. Solo el AC Milan tiene cinco entorchados como los barcelonistas y otros históricos tipo Manchester United, Bayern Munich y Liverpool no pasan de dos o tres coronas. Los demás llamados “grandes”, una vuelta olímpica europea y basta.

Algunos podrían invocar el efecto Messi para justificar la efectividad del plan Cruyff y olvidan que en el lapso de 30 años el Madrid tuvo a sus dos máximos goleadores: Cristiano y Raúl; amén de una pléyade de jugadores míticos, campeones del mundo y balones de oro vigentes llamados Figo, Zidane, Ronaldo Nazário, Owen, Cannavaro, Kaká, Casillas, Xabi Alonso, Ramos, Kroos, Varane y una larga lista de etcéteras.

Eso para no decir que cada vez que los blaugranas traicionaron su exitoso modus operandi, entiéndase períodos presidenciales bajo Núñez, Gaspart, Rosell o Bartomeu, vieron como su némesis sacó provecho. Ojo que los blancos siempre fueron competitivos como ninguna otra institución. Tienen instinto depredador y cuando huelen sangre son insaciables.

Con todo y eso jamás el club del Bernabéu evitó la respiración en la nuca de sus rivales por excelencia, de hecho la siente hoy más cercana que nunca sin importar los antídotos. Repito, desde que Cruyff apareció, las distancias se estrecharon. Es un hecho numérico, matemático, invariable.

Si a estas alturas piensan que respiro blaugrana o me aprovecho con la inminencia de un Clásico están equivocados. Soy fan al deporte. Ningún gigante español me quita el sueño, mucho menos Messi o CR7, bastante dinero tienen todos para preocuparme por ellos. Solo me divierto con los análisis del momento.

En mi percepción, los hinchas de nueva generación veneran más los resultados inmediatos que el éxito a largo plazo, prefieren la satisfacción instantánea que el triunfo sostenido. Es la ley de la gratificación rápida. Eyaculación precoz a base del éxtasis que otorga el coito perpetuo. Únicamente así puedo explicar las tendencias.

Por favor ofrezco disculpas si leyeron hasta aquí en busca de tomos estadísticos; les advertí, no cuento números, solo historias. Para corroborar tablas tienen Google, Wipikedia, y si buscan exactitud, las páginas oficiales de cada competición.

Lo único que no pude contabilizar del barcelonismo es la cantidad de pases que dio en los últimos 30 años, es que antes no se le prestaba tanta atención a los números. Mejor pido auxilio al gurú MisterChip. Tal vez con el tiempo que dispone para eso de las cifras suelte la laptop, desempolve la videocasetera, reproduzca cada partido de la época y cuente todos los toques al balón, uno por uno, así, exactamente. Eyaculación mediante.

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