Resaca de lunes

El Barça estuvo ganando el Clásico hasta que el Madrid se dio cuenta de que aún no lo había perdido con el cero a cero. Ahora habría que ver hasta dónde llegarán ambos: el Madrid con su fortaleza física a pesar de la escasez de ideas y el Barça justamente opositando a lo contrario.

Hoy con Magol Alejandro

Conclusión. Cada día comprendo mejor al madridismo. Apenas me asombran ya sus regocijos y pesares. Haberme rodeado de amigos (la mayoría de ellos incondicionales merengues) durante la semana futbolística, me ayudó sobremanera a interpretar mejor la naturaleza de esa corriente. Los partidos frente al City y el Barça me hicieron comprobar que la religión blanca tiene su fundamentación en un principio tecnológico: la mente del hincha madridista solo se activa a partir de que la pelota rebasa la línea de gol. La mal(ben)dita raya blanca debajo del arco, podríamos nombrarla; allí es donde comienzan y terminan todos sus análisis. Los mismos que el miércoles insultaban a Vinicíus por un resbalón inoportuno, le adoraban el domingo después de un gol de rebote. Así, sin escalas hacia los límites. Y todo sin tener en cuenta casi nada de lo que sucedía durante el juego. Caliente o frío. Negro o blanco. Paraíso o infierno. Lluvia torrencial o sol intenso. Como el fútbol es así de concluyente, Vinicíus decidió un Clásico y Messi fue el peor de todos los que pisaron el terreno.

Apreciación. Curiosamente fui testigo de una prueba presencial de esa enorme indefinición de criterios. Uno de mis más enfervorizados compañeros evidenció los contrastes emocionales presentes en un forofo a través del símbolo más ilustrativo de dicha realidad: el control remoto de su televisor. Durante la retransmisión del Madrid-City el infortunado aparato terminó desecho, víctima de un ataque de cólera a raíz del penalti convertido por De Bruyne. A pesar de la cinta adhesiva que desde ese momento lo cubre, en el Clásico su suerte cambió: fue un espectador de lujo en la metamorfosis experimentada de un partido a otro. Hasta besos, inconscientemente, le dieron. Esta vez no fue lanzado sino que permaneció como amuleto en la mano de mi amigo hasta el final. La experiencia me recordó que el Madrid vive inmerso hace mucho tiempo en un descontrol constante, sobre todo en su estilo, enmascarado en una frase que anteponen sus devotos: “Siempre que ganen…”. Como el fútbol es así de apreciable, el madridismo solo recordará sus ocasiones y el barcelonismo sus sensaciones.

Acto de fe. La jugada que retrata a la perfección la realidad de los gigantes de La Liga es la de Marcelo ganándole “la carrera” a Messi. Tan acostumbrado estoy a los datos ofrecidos constantemente por las televisiones que al ver la velocidad alcanzada por el argentino me llevé las manos a la cabeza. Fue un momento tierno, no lo niego, la nostalgia me invadió. Más que a un par de profesionales, el citado sprint me hizo evocar a dos ancianos durante el calentamiento para una sesión de Tai Chi Chuan. Aquella apreciación campestre que Setién dejó para el fraseario popular durante su llegada a la Ciudad Condal quizás encierre el secreto de todo; y es que Quique, es hora de enterarse que el ganado ya no pasta como antes pues ahora está compuesto por vacas sagradas. Para el grueso de la plantilla blaugrana bastaría con poner un video de hace tan solo cinco años para comprobar la verdad más impoluta de este deporte: un equipo juega como entrena. Como el fútbol es un acto de fe para algunos, Setién lucha cada día por hacerles recuperar la memoria.

Ironía. El Barça estuvo ganando el Clásico hasta que el Madrid se dio cuenta de que aún no lo había perdido con el cero a cero. La dinámica del partido fue una radiografía de la actual lucha entre los dos ¿gigantes? españoles; una guerra a muerte de altibajos constantes desde el inicio del torneo que no tiene visos de cambiar de aquí al final. En eso se ha convertido la proclamada mejor liga del mundo, en una disputa mediocre que con suerte llegará hasta los 85 puntos. Incluso podría ser emocionante ver hasta dónde les alcanza a cada uno; al Madrid con su fortaleza física a pesar de la escasez de ideas y al Barça justamente opositando a lo contrario. Como el fútbol es tan irónico, la hinchada que con tanta fuerza pidió la destitución de Setién hace apenas un año, podría llevar en volandas al Betis en el Villamarín el próximo domingo y así devolver el liderato al cántabro, Alguacil y la Real Sociedad mediantes. La ironía se completaría si Rubi no sobrevive a esta semana y en el banquillo verdiblanco frente al Madrid se sienta Pellegrini. Hagan sus apuestas.

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