Que Ronaldinho con 39 años esté preso en una cárcel paraguaya demuestra que el talento es solo el motivo.
Hoy con Magol Alejandro
Malditos 39. Mientras Joaquín encaraba a Courtois con la suficiencia de un juvenil, y en su intento por eternizar la jugada la adornó con un regate atrevido hacia la zurda, me vino a la mente por un instante Ronaldinho. Fue un acto reflejo, casi inconsciente, totalmente instintivo. Horas antes la noticia de su apresamiento en Paraguay nos había dejado tocados a quienes diariamente encontramos esperanza en esto del fútbol. Hace muchos años, en medio de un gran dolor, un sabio me dijo que las personas no son sino la versión que tenemos de las mismas. Si tal afirmación es correcta entonces Dinho no es esta aberración con pasaporte falso sino aquella criatura extraordinaria que bailaba delante del mundo y nos hacía felices a todos. Lo confieso: el Youtube me ayudó a comprobarlo. Que el gaúcho con 39 años esté preso en una cárcel paraguaya demuestra que el talento es solo el motivo. Aún así, el arte no debería prescribir. Adjunto foto, para los incrédulos.

Benditos 38. Joaquín iba tan sobrado que su remate se estrelló en la intrascendencia. Al Villamarín no le interesó su no gol, igualmente ya es eterno. Para entender mejor su legado bastaría con situarle a la altura de dos mitos de la perseverancia como Raúl y Zubizarreta; su titularidad contra el Madrid le valió para convertirse en el tercer jugador con más partidos en la historia de la Liga. El gaditano es uno de esos futbolistas empeñados en hacerse especiales a fuerza de voluntad. A Joaquín nunca le hemos visto lograr un 10 de calificación general pero tampoco bajar de 6. Que el de El Puerto de Santa María con 38 tacos aún esté luchando a brazo partido en una cancha para ganarse las habichuelas demuestra que la humildad es el instrumento más valioso. En su caso cabría añadir también el amor al Betis y su sentido del humor. Sobre todo lo primero. Así lo demostró luego de su pésima definición a puerta vacía: no se rió.
La mitad más dos. Que los viejos rockeros nunca mueren es un certeza casi científica. Ya lo sabíamos incluso desde antes de que Juan Román Riquelme y Carlos Tévez se juntaran para reflotar una de las instituciones más influyentes de la historia del deporte. En la noche del sábado Boca Juniors certificó una cualidad inherente a los equipos con pedigrí: su arraigo a la inmortalidad. Porque ganarle una liga de 23 jornadas al River de Gallardo no es moco de pavo ni mucho menos. Como toda gran historia de fuertes sentimientos, la de Román y Carlitos con el Xeneize también contó con idilio, despedida y regreso. Y es probable que se renueve muchas veces más en torno a dichos términos. El amor verdadero no discrimina ni entiende de distinciones, simplemente hace creer a la gente; da lo mismo que no tengas ni puñetera idea de cómo ejercer de directivo o te dediques a hacer goles al borde del retiro.

B9. A pesar de que siempre consideré como algo contraproducente comparar jugadores de distintas épocas, con los años he venido a aceptar que si bien por una parte es difícil dictaminar en base a conjeturas, por otra es muy fácil imaginar para emitir un criterio. Por ejemplo, siempre me ha asaltado la duda de cuántos goles hubiera hecho Messi en el Calcio de los 80s o, en contraposición, cuántos Maradona en la Liga actual. Para aquellos que se toman las marcas personales como una cuestión de vida, el partido entre Juve e Inter no era una pelea por el Scudetto sino una posibilidad para Cristiano Ronaldo de lograr un nuevo récord en su carrera. El hecho de no haberlo logrado quizá sea una gran noticia, sobre todo para quienes apenas conocen la importancia de Gabriel Omar Batistuta en la historia del fútbol mundial. Seguramente ahora se preocupen por estudiarlo y al descubrir su entidad hasta se imaginen cuántos goles marcaría Bati en la actualidad. Sin dudas sería la mejor manera de honrarlo.
