El día después…

Seguramente en el día después del coronavirus volverán los comparadores, los memeistas con sus ejércitos de tontos a cuestas. Entonces, solo quedará recluirse otra vez, porque hay pandemias irremediables. No existe la cura para la falta de ideas.

EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara

Roland Emmerich goza de impunidad, él solo aniquiló civilizaciones enteras antes y después de Cristo, produjo cataclismos bíblicos, hizo reales profecías devastadoras y a pesar de toda la devastación, recibió algunas críticas favorables que llenaron sus bolsillos de dólares. Al director alemán lo desean las grandes casas productoras de cine. Si de blockbusters se trata su nombre es un fijo en todas las listas de candidatos, al fin y al cabo eso de acabar con el planeta siempre genera ganancias, aunque sea de mentirita.

Hoy la humanidad enfrenta una pandemia real, que sutilmente termina vidas y amenaza con seguir su estela asesina por tiempo indefinido. Quizá por eso Netflix, HBO o Amazon sugieren títulos cinematográficos de ese corte. Durante estos días en casa, repasé The Day After Tomorrow, ese filme que destrozó la Tierra gracias a un sistema de grandes tormentas que provocó descensos violentos en la temperatura global y con ello, la casi aniquilación de continentes, ciudades y la raza humana tal como la conocemos.

Más allá de la credibilidad científica o no del filme, la cinta nos muestra un evento de lo que pudiera suceder después de una catástrofe de esa magnitud. Y salvando las distancias reales con el COVID-19, que no es cuento de película, a mi mente regresó un pensamiento que llevo años dándome vueltas. ¿Qué ocurrirá con el fútbol una vez que Messi y Cristiano abandonen las canchas? Les confieso que la idea, lejos de atemorizar me emociona, de hecho es un clamor personal, tengo unas ganas enormes de no verlos jugar más; no por el fútbol, al cual amo por encima de ellos, sino por las legiones de tontos atrincherados que generaron a lo largo de sus carreras.

Es por esos fanáticos de revista y coleccionistas de memes que no los quiero vestidos de corto, no aguanto otra insulsa comparación, estadística intranscendente o tema trending en redes sociales tipo modelo de avión particular o tamaño de nalgas de sus parejas. Realmente me acojona tanta imbecilidad, pandemia oculta que por no ser mortal físicamente es tan impune como el bueno de Emmerich, solo que Roland sabe pensar y es millonario, mientras los tontos que viven como suya la dualidad Messi-Cristiano/Madrid-Barca no ganan nada con ello.

Si piensan que exagero les recomiendo echen un vistazo a los grupos de fútbol en las redes sociales que comparan a Zidane con el dúo Xavi-Iniesta, es de antología. Lo mejor del debate, que parte de la clásica y tan subjetiva cuestión de “quién fue mejor”, es que a la mayoría saca tablas y estadísticas, ni siquiera vieron a Zidane en su prime, solo les basta un bulto de números y lanzan criterios a mansalva.

A falta de las banales trincheras argumentales que nos regala cada jornada el fútbol europeo, los nuevos fans de ese deporte en Cuba dieron importancia capital a dicha comparación histórica. Si mantenemos este ritmo la semana próxima veremos el análisis Butragueño-Salinas, o incluso peor, imaginan uno sobre quién es mas atinado entre Roncero y Soria.

Señores, la vida nos está dando una cura de humildad, gratis y letal al mismo tiempo que recibimos una dosis de realidad brutal, no demos nada por sentando. Si de verdad aman al fútbol, disfruten a sus ídolos, no se pierdan en discusiones banales y reconozcan lo efímero y bello del momento. Messi y Cristiano son regalos únicos con distintas envolturas, nada más.

Esto del coronavirus tomó por sorpresa a todos, no sabemos cuándo terminará y por ende el día que el fútbol regrese a su rutina clásica. Con ambos cracks casi en el ocaso de sus carreras resulta inexacto prever cómo volverán. Sé que algunos optimistas imaginan balones rodando en poco más de un mes, otras opiniones bien realistas, sitúan la fecha para el 2021.

Yo quiero pensar que jugarán mañana, que tendrán 25 años y esa voracidad ganadora intrínseca a las leyendas. Los imagino nuevamente protagonistas de gestas, amos de estadios, cantos de grada y graffiti de fans, pero esa es mi mitad ilusa. La real, la del tipo llegando a sus 40, sabe que en el día después del coronavirus volverán los comparadores, los memeistas con sus ejércitos de tontos a cuestas. Entonces, solo quedará recluirse otra vez, porque hay pandemias irremediables. No existe la cura para la falta de ideas.

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