Ahora que el fútbol nos falta deberíamos entender mejor lo dichosos que somos por habernos contagiado de este deporte.
Hoy con Magol Alejandro
Con los números en la mano
En medio de esta recesión balompédica obligatoria, a la cual aún no me acostumbro, sigo sin comprender la resistencia de muchos a aceptar el fútbol como un deporte de obligatoria visión. Durante estos días de asueto he leído de todo, desde seguidores adolescentes afirmar categóricamente que Pelé no es el mejor jugador de todos los tiempos hasta estadísticos mayorcitos invalidar la capacidad pasadora de Messi. Y por supuesto, siempre bajo la misma apología: con los números en la mano.

Decía Pablo Aimar hace algún tiempo que su generación fue la última en mirar partidos completos. Y no le falta razón al Payasito, a este ritmo al fútbol lo convertirán en express; resúmenes de tres minutos y medio en Youtube, las estadísticas de Google y listo, a las redes a discutir con aparente erudición. Cabría analizar la inconveniencia de este fenómeno e idear una solución para los más jóvenes, quienes cada día confían más en el Twitter de Míster Chip que en la columna de Valdano en El País. Y eso sí es muy peligroso.
Ojos bien abiertos
El método Ludovico es una terapia ficticia de aversión asistida mediante drogas utilizada en la novela y película La naranja mecánica. Consiste en exponer obligatoriamente al paciente ante escenas violentas durante largos períodos de tiempo, mientras está bajo los efectos de las drogas. Al ver las imágenes, el paciente asociará las sensaciones de malestar con estos actos feroces y sufrirá hasta quedar incapacitado y asqueado con todo lo relacionado a la violencia.

A riesgo de ganarme un mote neonazi, propongo aplicar la técnica a todos aquellos que encuentran en el fútbol las mismas respuestas que en el baseball o el boxeo. Pero eso sí, en sentido totalmente opuesto, no para crear aversión sino simpatía por el juego y, sobre todo, demostrar lo inmaterial del mismo. Cambiaría las drogas por golosinas y pondría en la pantalla grandes versiones futbolísticas de la historia, en donde indudablemente estaría Cruyff como factor común en muchas de estas. Puede que el experimento inspire y clone las ideas de Johan en la actualidad. Mucha falta que le haría al fútbol mundial, por cierto.
El balón como necesidad
Para los futbohólicos como yo los días deben estar siendo un tanto complicados. Aunque sospecho seriamente haberla contraído por genética, esta condición la sufro desde finales de los 90s, así que son muchos años ya con el mismo tratamiento. Ahora que el fútbol nos falta deberíamos entender mejor lo dichosos que somos por habernos contagiado de este deporte. A fin de cuentas no todos los infectados tienen la suerte de que la enfermedad sea a su vez la única cura. Como diría el poeta: «No puedo vivir junto a ti y sin ti es imposible. Jamás fui infeliz y feliz como he sido contigo».

El fútbol es así de básico y necesario, como el amor o la música. ¿Cuántas veces, a mitad de un disgusto, lo único que necesitamos fue escuchar ‘esa’ canción o tener cerca a nuestra chica? Espero que este tiempo nos haga recordar el significado de este juego en nuestras vidas. Ojalá todo fuera así de fácil. ¡Un partido de fútbol ya por favor!