EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara
La Liga de las Estrellas se estrella en su propio universo. Ya no es aquel torneo de equipos dominantes que sometían a Europa jornada tras jornada. Tras un lustro dictatorial a golpe de títulos y goles en la Champions, el cambio de poderes en el Viejo Continente llegó .
El Slavia de Praga es la última confirmación. Real Madrid y Barcelona alternaron el reinado europeo por casi una década. El Atlético de Madrid del Cholo Simeone también estuvo cerca del trono, tuvo que consolarse con sus trofeos en el segundo certamen más importante: la Europa League, a la vez objetivo primario de un Sevilla que alzó copas como nunca. Esos tiempos quedaron en el pasado.
El presente de los dos transatlánticos españoles es el reflejo exacto de la realidad deportiva que viven los equipos de su liga. Como anden los grandes traza el camino para los demás. Y a día de hoy merengues y culés tienen más preocupados a sus fieles que ocupados a sus rivales. Amparados en el Star System de sus vestuarios, que al parecer imponen su voluntad por encima del proyecto institucional, Barca y Madrid sufren ante contrarios bien estructurados, que saben a lo que juegan. Para colmo ya no solo ocurre fuera del entorno doméstico, también ceden en su feudo interno.
Hoy la liga ibérica es una competición abierta. La exclusividad en la cima ya no es cosa de dos en la tierra del castellano. Y cuando la mediocridad manda sobre la calidad, la excelencia sufre. Lo que ocurrió la temporada anterior con cuatro ingleses disputando las dos finales continentales no es coincidencia, sino causalidad. En la Premier hay más paciencia para los proyectos a largo plazo, con técnicos preparados y fieles a un estilo, a una forma de trabajo probada y que inevitablemente ofrece resultados favorables.
Paradójicamente, la abundancia de Orejonas está pasando factura en el Bernabéu, pues llegaron más por peso de plantilla que por planificación. En la otra orilla olvidaron hace rato que Messi es un producto de la Masía y los preceptos Cruyffianos, no un Optimus Prime que impone su voluntad y talento cada vez que se lo proponga.
Al final el fútbol impone su verdad, muestra su esencia. La misma que lo hace el más universal de los deportes: es un juego de todos donde todos son importantes y el que mejor lo interprete de esa manera tiene las de ganar. Con sus estrellas cada vez más cautivas de su propio fulgor la Liga de España implosiona y ve como sus astros afrontan la caída final.