Si el fútbol no puede…

BALÓN DIVIDIDO La columna de Javier Arguelles

La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.

Si el fútbol no puede….

Mañana deberíamos amanecer con El Clásico. Todo nuestro día tendría que haber girado alrededor de lo que sucediera en el Camp Nou. Porque un Barca-Madrid cada vez que se juega es el partido del año, del siglo. Pero no, mañana no habrá clásico. Se hizo arriesgado celebrarlo por las protestas independistas en Catalunya. Parece que es imposible guardar en un cajón las diferencias políticas y durante 90 minutos solo disfrutar, sufrir, gritar, vivir como lo harían los seres normales. Si el fútbol no puede ser una válvula de escape, entonces…

El último diciembre trajo de regalo el superclásico Boca-River como final de la Copa Libertadores. La mayor rivalidad del fútbol argentino serviría para encontrar al nuevo rey de América. Lo que debería ser una fiesta para el balompié albiceleste se convirtió en vergüenza. Después del empate a cero en la Bombonera, todo quedaba listo para el asalto final en el Monumental. No se pudo efectuar el duelo en el barrio de Núñez. Unos inadaptados repletos de odio arrastraron por el suelo a toda la hinchada argentina lo que obligó a jugar la vuelta a 10000 km de distancia en el Santiago Bernabéu. Si el fútbol no puede con el odio, entonces…

Hace unos días Hristo Stoichkov terminó un programa de televisión llorando avergonzado por la actitud de sus compatriotas en el partido celebrado en Sofía entre Bulgaria e Inglaterra. Toda una grada hizo que la goleada de los ingleses fuera cosa anecdótica, lo importante fue los constantes gritos racistas que les lanzaron a varios jugadores de los tres leones. Lo peor es que no es un hecho aislado, en Italia casi todos los fines de semana ocurren actos similares. Si el fútbol no puede con el racismo, entonces…

En la última fecha FIFA se jugó un partido entre las dos Coreas, dos países que a día de hoy, aunque la guerra terminó hace casi 70 años. El desafío se desarrolló sin público y sin transmisión televisiva en vivo. Se desaprovechó la oportunidad de extenderse la mano, de edificar un poco de paz. Si el fútbol no puede, al menos durante una hora y media detener una guerra, servir de tregua, entonces…

Parece que el odio, el racismo, las diferencias políticas, la intolerancia nos han vuelto tontos. Ya no somos capaces de discernir ni durante 90 minutos aquello que nos puede hacer feliz. Quiero creer que el fútbol nos enseña un poquito a vivir, que el fútbol nos aleja un rato de las miserias humanas. El juego en sí es una lección de vida. Generosidad, esfuerzo, valentía, sacrificio, pero sobretodo amor y mucho respeto hacia compañeros, rivales y afición se pueden ver en cada cancha del mundo.

Si el fútbol no puede durante 90 minutos volvernos humanos entonces, discúlpenme la palabra, estamos jodidos.

Vidic, la muralla Serbia

MEDIA VOLEA
La columna de Ernesto Amaya Esquivel

En tiempos de reguetón cualquiera es músico. Me incomoda todos los días escuchar a los que “saben de fútbol” confundir a Mateja Kežman con un whisky. Mi onda es la de Buena Fe, amo las viejas glorias.

El fenómeno de la internet hace que los recuerdos futbolísticos más lejanos vuelvan a ser vivencias del presente. Algo similar me pasó por estos días al ver que Nemanja Vidic cumplía años y de repente una ola de pasajes invadieron mi mente.

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¡QUIQUE, VUELVE YA!

FÚTBOL DISTINTO
La columna de Magol Alejandro Valdés

Económico en el papel. Invento de camarógrafo. Futbohólico sin remedio. Sobre todo eso. Al fútbol lo tengo durmiendo en mi cuarto, en una cama al lado de mis dos hijas. Amo tanto este juego como a mi propia familia. Al punto de que rezo cada día porque mi mujer no me obligue a elegir entre ambos. No sabría qué decirle a mi madre cuando me vea en su puerta con unos maletines.Recuerdo con cierta nostalgia al gran amor de mi adolescencia, aquella chica a la cual quise mucho pero con quien me peleaba cada vez que tenía la impresión de que mi vida era demasiado tranquila. A mi alrededor todos gozaban de una existencia más aventurera y eso siempre atraía, alteraba mis planes, me deformaba hasta desear vivir también de manera accidental. De alguna forma el fútbol moderno me suele devolver a aquella etapa, a esa sensación constante de provisionalidad y miedo infundado a lo definitivo. Quizás no existan dos realidades tan parecidas en sus tesituras, tan disparatadas y pueriles, tan momentáneas, improvisadas e histéricas a la vez.

Quique Setién pasó por la vida del Betis de la misma forma que aquella chica por la mía. Los sucesos son idénticos en el antes (incertidumbre), el durante (estabilidad) y el después (vacío). En ambos casos quedó una huella difícilmente borrable en el futuro inmediato. El estilo coral de Setién se minimizó tanto al final de su mandato que terminó siendo extirpado -para complacer a la plebe- como si se tratara de algo prescindible; digamos una apéndice común y corriente, por ejemplo. A día de hoy el Betis luce como un paciente al que hayan trasplantado un órgano vital: se levanta de la cama con ayuda, da unos pasos, toma el sol en las mañanas y se alimenta con dieta ligera, pero está muy lejos de poder regresar a su vorágine diaria en condiciones.

Aunque la situación en Heliópolis todavía no esté como para tirarse de los pelos y el concurso de Rubi no haya sido puesto abrumadoramente en entredicho, es innegable que el verdadero problema radica en la interpretación actual del juego, en esa versión cuanto menos caricaturizada y alejada de los ideales béticos. La impresión que deja el equipo verdiblanco es de total aturdimiento, padeciendo además del clásico síntoma de las plantillas inutilizadas: la mayoría de futbolistas parecen peores de lo que son en realidad. Y todo a escasos meses de haber endulzado a Europa, y de acostumbrar a su parroquia a controlar el juego desde el balón en Milán, Madrid o Barcelona. Y de perder esos tres o cuatro partidos consecutivos que definen tan bien a una afición.

En el ocaso del proyecto Serra-Setién, la grada del Villamarín entonó en más de una ocasión el «¡Quique, vete ya!», como un himno de protesta a lo que consideraban un punto de no retorno. El beticismo, tan curtido en sonoros fracasos, nunca entendió la importancia de referenciar un estilo ni la paciencia requerida para lograrlo. Al cántabro le echaron, junto a su propuesta, pues el aficionado bético promedio jamás aceptó que su equipo hablara tanto para decir tan poco en el terreno. Me pregunto qué pensará justo ahora que el Betis ni siquiera hace el intento por abrir la boca. Aunque no lo reconozcan, estoy seguro que quienes entonaron el famoso cántico ahora se deben estar sintiendo como yo hace veinte años: que dos horas después de dejar llorando en un parque a la chica del relato, ya tenía ganas de llamarla para pedirle perdón.

Gol

EL PUNTO CENTRAL
La columna de Raul Hernandez Lima

Se vive mejor cuando el cuero rueda dentro de las líneas. Dicen que hay vida más allá, pero no es vida. La maravilla es redonda y es blanca…

El árbitro anuncia con el silbato el comienzo del partido. Carlos la mueve en el círculo del medio y la hace correr alegre por el pasto. A ambos costados le acompañan dos de sus compañeros, acaso escuderos en carrera frenética para agredir al enemigo, para herirlo de muerte y poner el balón a dormir entre las redes.

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El escobazo inconcluso de Solari

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista….

Barrer. Eso hizo Solari. O eso quiso hacer, a decir verdad: tirar por el barranco del olvido toda la hojarasca fétida dejada por sus antecesores, verter un puñado de sal y pimienta en el caldo insulso y anodino del juego madridista y sacudir, casi agrietar con sus propios dientes el subsuelo de un club dormido. Reitero, eso quiso hacer y quizás por osado, o por ingenuo, hincó su rodilla delante del palco de Florentino mucho antes de lo debido.

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LAS DOS CARAS DE JUNIO

LAS COSAS DEL FÚTBOL


La columna de Lorenzo Martínez Gener

Desde que tengo uso de razón el fútbol envuelve casi la totalidad de mis momentos más gratos. El romanticismo del juego de antaño fue erigiendo el concepto que tengo sobre este bendito deporte. Las cosas del fútbol no tienen épocas. Los grandes jugadores, los equipos ganadores y los partidos vibrantes trascienden en el tiempo perdurando hasta la eternidad, con un nivel de idolatría digno de los profetas divinos o los dioses de la Antigua Grecia.

Nuestras vidas están marcadas inevitablemente por los recuerdos que nos han dejado ciertas fechas significativas. En la mía, el mes de junio siempre ha sido un tobogán de emociones y sentimientos encontrados, un espacio de tiempo en el que he vivido felicidad y tristeza a partes iguales.

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MENDILIBAR Y SU LUGAR EN EL FÚTBOL

BALÓN DIVIDIDO
La columna de Javier Arguelles

La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.

Alejado de los grandes focos mediáticos, de las pasarelas y los grandes premios, se encuentra un entrenador brillante. Un míster de equipos que no levantan trofeos, ni copan portadas de periódicos, tampoco titulares en los noticieros. Distante del glamour, de los puestos altos de la clasificación, José Luis Mendilibar vive, o mejor dicho, compite.

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Moneyball in Red

A BALÓN PARADO
La columna de Alejandro Céspedes Morejón

El fútbol es como la vida, golpeas bien la pelota y no siempre es gol.

Hace unos días Klayton Kershaw tuvo otra salida terrible en la post temporada frente a los Nacionales de Washington, que a la postre influyó en que los Dodgers quedaran fuera de la carrera por la Serie Mundial, tras otra temporada regular arrasadora en la que Klayton volvió a ser fundamental en la agotadora guerra por clasificar a los playoffs.

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MLS: UNA LIGA EN ASCENSO

MEDIA VOLEA
La columna de Ernesto Amaya Esquivel

En tiempos de reguetón cualquiera es músico. Me incomoda todos los días escuchar a los que “saben de fútbol” confundir a Mateja Kežman con un whisky. Mi onda es la de Buena Fe, amo las viejas glorias.

La Major League Soccer clasifica como una de las ligas de fútbol más vistosas fuera del continente europeo. Su constante ascenso y la constelación de estrellas que han pasado por ahí la hacen ver como el paraíso perfecto para que varias figuras de este deporte marquen sus últimos goles antes del retiro.

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