FÚTBOL DISTINTO
La columna de Magol Alejandro Valdés Téllez
Mi abuela solía justificar las trastadas de sus nietos a la menor de las posibilidades. No es que fuéramos precisamente unos gamberros pero tanta condescendencia siempre nos terminaba por confundir. Desde su primitiva concepción formativa nos educó sin proponérselo bajo los principios de la sobreprotección. Prácticamente perdí la cuenta de las veces que mis padres llegaban del trabajo ‘buscando culpables’ y nuestras maldades les eran ocultadas con la misma convicción con que el gato del vecino hacía lo propio con sus heces. Y si alguien dudaba de que había sido el viento quien rompiera el búcaro con flores de la sala, ahí salía ella con su cultura pueblerina a explicar una teoría sobre los alisios del norte. Cuando la mentira por casualidad era descubierta, suavizaba el momento con su clásico: «¡Pero qué vamos a hacer si son unos niños!»

