Memorias de la EURO II: Cuando la Generación Dorada dijo presente

Antes de Cristiano Ronaldo, antes de la EURO 2016 y la Liga de las Naciones, hubo un tiempo en que Portugal era favorito a todo; no por su historia o gran palmarés, tampoco por contar con una liga al nivel de las mejores en el Viejo Continente. El despegue definitivo y el respeto al fútbol luso es obra de una camada inigualable, el camino al éxito lo pavimentó la Generación Dorada

Hoy con Glauber García Lara

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Un monstruo de rayas rojas y negras

Primero fue Ancelotti, «¡coño, qué bombazo! El portero ni la vio», dijo Landy asombrado. Eso fue al minuto 17. Ya al descanso aquellos tipos vestidos con rayas rojas y negras ganaban tres a cero. Dos morenos de Holanda con nombres rarísimos (Rijkaard y Gullit) habían soltado par de cabezazos bestiales.

EL HINCHA, la columna de Glauber García Lara

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Goal is my name

EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara

Soy un tipo que aprendió a leer y escribir en Cuba post 1959, con todo lo que eso conlleva. Cansado de perder el tiempo y la vida me mudé a USA. No represento a nadie. Solo a mí. Puedo vivir con Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, pero lo que de verdad me lleva es mirar a alguien de frente y hablar por horas. De cualquier cosa…

“GUERRIERO MAI DOMO. DURO NELLA LOTTA. LEALE NELLANIMO”.


Parecía gritar el mármol tallado a las afueras del Artemio Franchi. Un guerrero jamás sometido. Duro en la batalla. Leal en espíritu sería la traducción al castellano. La frase, al sur del goleador inmortalizado en bronce, no admite referencias. En Florencia. En toda Italia. Allá por los 90 el gol tenía nombre propio: Gabriel Omar Batistuta.


Batigol fue el 9 por el que se definían los 9. No creía en sutilezas. Su idioma era el grito de gol. Su fin, las redes. Su mundo, el espacio entre los tres palos. Nada importaba más. Era un dlantero de poder, de esos que ya no existen. Un tipo de otro futbol. El Bati tiranizó la Serie A en la última década del pasado siglo. Nadie marcó más en el duro calcio por ese entonces dominante en Europa. Lo hizo desde una Fiorentina peleona, pero inferior a los gigantes italianos. Igual lo sufrieron. Cansado de escoltar a los grandes se mudó a la Roma, cuna del gladius, y allí solo necesito una temporada para demostrar de una vez y por todas quién era el real Emperador.


Argentina también lo amó ¿Cómo no amar a un futbolista que peleaba siempre, que marcaba siempre? ¿Cómo no amar a uno que vivía por la Albiceleste, uno que alzó Copas que hoy lucen cada vez más lejanas? No era un gran regateador. Tampoco tenía técnica depurada. Era rápido sin ser veloz. Sabio para encontrar los espacios vacíos y aunque no lo buscaba jamás evitaba el contacto con los defensas. Físico le sobraba, eso sí. Sus dos virtudes eran de top one: olfato goleador y potencia en el tiro.


A veces se podría pensar que Batistuta andaba los 90 minutos buscando el gol, otras que el gol lo buscaba a él. Lo cierto es que tenían un romance casi magnético. Lo de la potencia es otra historia. Solo recuerdo una comparación justa: la zurda de Roberto Carlos era la derecha de Batistuta. Cañones. Violencia. Lasers quirúrgicos. Bolas golpeadas tan fuerte que tenían como destino perforar redes. Literalmente. Lo extraño es que nunca las hayan traspasado. Al menos en TV. Son incontables las manos dobladas de los porteros. Guantes quemados dicen los que saben. Aun se nota el dolor en los rostros de Ruggeri y Maradona cuando cuentan cómo el Coco Basile los ponía en barrera en las frías mañanas para que la bestia entrenara los libres directos en la concentración del Mundial 94.


Era un asesino el Coco dicen ellos. El mejor ariete gaucho tuvo el respeto de todos, dentro y fuera del futbol, del que dijo que era su trabajo y nada más. Fue la definición del profesional dedicado. Nunca le faltó esfuerzo. Siempre respetó sus colores. Sobran ejemplos. Su entrega y estilo de juego le pasaron factura. Rompió sus cartílagos. Apenas podía caminar después del retiro. Confesó orinarse en la cama por no querer caminar al baño de madrugada y pedirle al doctor que le amputara las piernas debido al dolor. En activo no se quejó. Atrás quedaron los días en que mandó a callar al Camp Nou, casi le cercena la cabeza a media defensa milanista o lo veíamos domingo a domingo disparar su ametralladora imaginaria antes de posar en el banderín del corner mientras la hinchada le rendía honores.


Hoy que su estatua de bronce en Florencia quedó reducida a busto, gracias a la ingratitud de algunos descerebrados. Hoy que con 50 años cuenta como le jodió que Messi rompiera su récord goleador en la albiceleste. Hoy que muchos no recuerdan la pasión del 9. Hoy que erigieron otra efigie del Bati junto a Lio y Maradona en un parque bonaerense de Recoleta, dicen algunos que cuando los pibes pasean con sus viejos preguntan de vez en vez:¿Quién es ese al lado de la Pulga y el Pelusa?, y tras la pausa se escucha en tono de añoranza aquella frase de Diego:  Ese hijo. Ese es un animal. Un animal que gracias a Dios es argentino.