Un réquiem antes del Clásico

Cuando algo grande ha muerto lo más noble es rendirle el tributo que merece sin
escatimar en honestidades. Los buenos tiempos del Clásico de las Américas
han muerto y no sabemos si habrá resurrección. Por eso, pido perdón por mis
pecados de ignorancia y espero arrepentido el día del juicio final.

A BALÓN PARADO, la columna de Alejandro Céspedes Morejón

Sigue leyendo «Un réquiem antes del Clásico»

Maradona

EL PUNTO CENTRAL

La columna de Raul Hernandez Lima

Cada 30 de octubre Villa Fiorito reaparece en el mapa argentino, luego se borra de los mapas de tanto dedo apuntándole y pasando sobre el papel brillante de las esferas. Allí nació Dios y corrió descalzo por los porteros pegado al balón.

Las siete canchitas le vieron desafiar a los mortales y querer convertirse en campeón del mundo, así lo dijo y ya saben que no hay imposibles para los dioses. No importó que el flaco Menotti le viera muy pibito en el 78 y le sacará temprano de la concentración, a las decepciones también se acostumbró Diego y las vivió como nadie.

Desafiante a las reglas más elementales para los mortales y a las fuerzas extrañas del poder. Irreverente y querellante ante casi todo lo que olía rancio en su nariz de pobre. Sin más fortuna que su carisma y la felicidad de hacer siempre su santa gana, como cuando rechazó dineros de River para ir al maltrecho Boca de sus amores.

Bañado de azul reventó las gargantas en la Bombonera ante los millonarios cuando dejó tirados a Fillol y Tarantini para hacer su arte, el del gol. Así se hacía el amor y la guerra, con pundonor y clase. Y tantas veces hizo la guerra que pareciera su propósito.

La hizo a la Fifa, a los corruptos, a su cuerpo mismo cuando lo entregó a las drogas. La hizo en el mexicano Estadio Azteca a los ingleses. Cualquiera pensaría que la Guerra de la Malvinas era cosa de pasado hasta que Maradona se tomó la justicia por su mano. No fue de pícaro ni tramposos como dicen unos y otros, fue la mano de Dios sobre ese balón inalcanzable para Peter Shilton.

Barrilete cósmico que apretó a la Argentina en un puño dejando en el camino a tanto inglés. Y levantó su izquierda con los del Sur. Ya dirán algunos la izquierda del corazón. La izquierda de con la que explotó las redes donde quiera. La del Che y Fidel Castro.

Por eso se fue al sur italiano a sentirse como en casa. Salió de Barcelona para ser feliz en Nápoles. Donde devolvió el amor que se ganó con goles y desparramó la gloria por las estrechas calles napolitanas. Ni siquiera viviendo entre el Vesuvio y los Campos Flégreos el San Paolo se acostumbró a tanto temblores como los provocado por Diego cada fin de semana.

Los sismos se apartaron de allí y de dentro de las canchas. Quizá se los llevo de la mano aquella rubia vestida de enfermera. Ese día le cortaron la piernas pero las heridas sanaron y en la sangre del Pelusa siguió corriendo su pasión por el fútbol. Hoy celebra Argentina que se olvida por un rato de la vorágine eleccionaria de estos días. Celbrá tú también Diego. Hoy cumple años la historia.

Goal is my name

EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara

Soy un tipo que aprendió a leer y escribir en Cuba post 1959, con todo lo que eso conlleva. Cansado de perder el tiempo y la vida me mudé a USA. No represento a nadie. Solo a mí. Puedo vivir con Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, pero lo que de verdad me lleva es mirar a alguien de frente y hablar por horas. De cualquier cosa…

“GUERRIERO MAI DOMO. DURO NELLA LOTTA. LEALE NELLANIMO”.


Parecía gritar el mármol tallado a las afueras del Artemio Franchi. Un guerrero jamás sometido. Duro en la batalla. Leal en espíritu sería la traducción al castellano. La frase, al sur del goleador inmortalizado en bronce, no admite referencias. En Florencia. En toda Italia. Allá por los 90 el gol tenía nombre propio: Gabriel Omar Batistuta.


Batigol fue el 9 por el que se definían los 9. No creía en sutilezas. Su idioma era el grito de gol. Su fin, las redes. Su mundo, el espacio entre los tres palos. Nada importaba más. Era un dlantero de poder, de esos que ya no existen. Un tipo de otro futbol. El Bati tiranizó la Serie A en la última década del pasado siglo. Nadie marcó más en el duro calcio por ese entonces dominante en Europa. Lo hizo desde una Fiorentina peleona, pero inferior a los gigantes italianos. Igual lo sufrieron. Cansado de escoltar a los grandes se mudó a la Roma, cuna del gladius, y allí solo necesito una temporada para demostrar de una vez y por todas quién era el real Emperador.


Argentina también lo amó ¿Cómo no amar a un futbolista que peleaba siempre, que marcaba siempre? ¿Cómo no amar a uno que vivía por la Albiceleste, uno que alzó Copas que hoy lucen cada vez más lejanas? No era un gran regateador. Tampoco tenía técnica depurada. Era rápido sin ser veloz. Sabio para encontrar los espacios vacíos y aunque no lo buscaba jamás evitaba el contacto con los defensas. Físico le sobraba, eso sí. Sus dos virtudes eran de top one: olfato goleador y potencia en el tiro.


A veces se podría pensar que Batistuta andaba los 90 minutos buscando el gol, otras que el gol lo buscaba a él. Lo cierto es que tenían un romance casi magnético. Lo de la potencia es otra historia. Solo recuerdo una comparación justa: la zurda de Roberto Carlos era la derecha de Batistuta. Cañones. Violencia. Lasers quirúrgicos. Bolas golpeadas tan fuerte que tenían como destino perforar redes. Literalmente. Lo extraño es que nunca las hayan traspasado. Al menos en TV. Son incontables las manos dobladas de los porteros. Guantes quemados dicen los que saben. Aun se nota el dolor en los rostros de Ruggeri y Maradona cuando cuentan cómo el Coco Basile los ponía en barrera en las frías mañanas para que la bestia entrenara los libres directos en la concentración del Mundial 94.


Era un asesino el Coco dicen ellos. El mejor ariete gaucho tuvo el respeto de todos, dentro y fuera del futbol, del que dijo que era su trabajo y nada más. Fue la definición del profesional dedicado. Nunca le faltó esfuerzo. Siempre respetó sus colores. Sobran ejemplos. Su entrega y estilo de juego le pasaron factura. Rompió sus cartílagos. Apenas podía caminar después del retiro. Confesó orinarse en la cama por no querer caminar al baño de madrugada y pedirle al doctor que le amputara las piernas debido al dolor. En activo no se quejó. Atrás quedaron los días en que mandó a callar al Camp Nou, casi le cercena la cabeza a media defensa milanista o lo veíamos domingo a domingo disparar su ametralladora imaginaria antes de posar en el banderín del corner mientras la hinchada le rendía honores.


Hoy que su estatua de bronce en Florencia quedó reducida a busto, gracias a la ingratitud de algunos descerebrados. Hoy que con 50 años cuenta como le jodió que Messi rompiera su récord goleador en la albiceleste. Hoy que muchos no recuerdan la pasión del 9. Hoy que erigieron otra efigie del Bati junto a Lio y Maradona en un parque bonaerense de Recoleta, dicen algunos que cuando los pibes pasean con sus viejos preguntan de vez en vez:¿Quién es ese al lado de la Pulga y el Pelusa?, y tras la pausa se escucha en tono de añoranza aquella frase de Diego:  Ese hijo. Ese es un animal. Un animal que gracias a Dios es argentino.

 

J.R.R

EL FÚTBOL Y YO
La columna de Alay Fuentes

«Mucha gente dice que el fútbol no tiene nada que ver con la vida, no sé cuánto saben de la vida, pero de fútbol, ¡no saben nada!» (Ángel Di María)

“Un último 10 para el futbol táctico, sobre una cancha oscura, en la Tierra de los mediáticos donde se extienden las sombras. Un 10 para regatearlos a todos. Un 10 para acumularlos, un 10 para atraerlos a todos y atarlos en las canchas, en la Tierra del futbol donde se extinguieron los distintos”.

Sigue leyendo «J.R.R»

Loosing my religion

EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara

Soy un tipo que aprendió a leer y escribir en Cuba post 1959, con todo lo que eso conlleva. Cansado de perder el tiempo y la vida me mudé a USA. No represento a nadie. Solo a mí. Puedo vivir con Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, pero lo que de verdad me lleva es mirar a alguien de frente y hablar por horas. De cualquier cosa….

La voz de Michael Stipe evoca las emociones de forma única. Más que cantar nos cuenta una historia, muchas veces desde el lamento de lo que fue y no volverá. Hace unos días mientras en el Whasapp de 9,15 hablábamos sobre las bandas de rock que influenciaron nuestro gusto musical, no pude evitar asociar Loosing my religión con la decadencia del fútbol sudamericano.

Sigue leyendo «Loosing my religion»

Forlán: te declaro culpable

Por Eduardo Grenier

Fue en un partido de la década pasada, cuya fecha no consigo recordar con exactitud, cuando distinguí por primera vez el virtuosismo manifiesto en las cualidades futbolísticas de Diego Forlán. Este tipo es un genio, pensé en aquel entonces, y nunca una primera impresión me generó -almanaque mediante- una sensación de acierto como aquella provocada por el devaneo hipnotizador entre el balón y las piernas del rubio ‘uruguasho’.

Sigue leyendo «Forlán: te declaro culpable»