¡QUIQUE, VUELVE YA!

FÚTBOL DISTINTO
La columna de Magol Alejandro Valdés

Económico en el papel. Invento de camarógrafo. Futbohólico sin remedio. Sobre todo eso. Al fútbol lo tengo durmiendo en mi cuarto, en una cama al lado de mis dos hijas. Amo tanto este juego como a mi propia familia. Al punto de que rezo cada día porque mi mujer no me obligue a elegir entre ambos. No sabría qué decirle a mi madre cuando me vea en su puerta con unos maletines.Recuerdo con cierta nostalgia al gran amor de mi adolescencia, aquella chica a la cual quise mucho pero con quien me peleaba cada vez que tenía la impresión de que mi vida era demasiado tranquila. A mi alrededor todos gozaban de una existencia más aventurera y eso siempre atraía, alteraba mis planes, me deformaba hasta desear vivir también de manera accidental. De alguna forma el fútbol moderno me suele devolver a aquella etapa, a esa sensación constante de provisionalidad y miedo infundado a lo definitivo. Quizás no existan dos realidades tan parecidas en sus tesituras, tan disparatadas y pueriles, tan momentáneas, improvisadas e histéricas a la vez.

Quique Setién pasó por la vida del Betis de la misma forma que aquella chica por la mía. Los sucesos son idénticos en el antes (incertidumbre), el durante (estabilidad) y el después (vacío). En ambos casos quedó una huella difícilmente borrable en el futuro inmediato. El estilo coral de Setién se minimizó tanto al final de su mandato que terminó siendo extirpado -para complacer a la plebe- como si se tratara de algo prescindible; digamos una apéndice común y corriente, por ejemplo. A día de hoy el Betis luce como un paciente al que hayan trasplantado un órgano vital: se levanta de la cama con ayuda, da unos pasos, toma el sol en las mañanas y se alimenta con dieta ligera, pero está muy lejos de poder regresar a su vorágine diaria en condiciones.

Aunque la situación en Heliópolis todavía no esté como para tirarse de los pelos y el concurso de Rubi no haya sido puesto abrumadoramente en entredicho, es innegable que el verdadero problema radica en la interpretación actual del juego, en esa versión cuanto menos caricaturizada y alejada de los ideales béticos. La impresión que deja el equipo verdiblanco es de total aturdimiento, padeciendo además del clásico síntoma de las plantillas inutilizadas: la mayoría de futbolistas parecen peores de lo que son en realidad. Y todo a escasos meses de haber endulzado a Europa, y de acostumbrar a su parroquia a controlar el juego desde el balón en Milán, Madrid o Barcelona. Y de perder esos tres o cuatro partidos consecutivos que definen tan bien a una afición.

En el ocaso del proyecto Serra-Setién, la grada del Villamarín entonó en más de una ocasión el «¡Quique, vete ya!», como un himno de protesta a lo que consideraban un punto de no retorno. El beticismo, tan curtido en sonoros fracasos, nunca entendió la importancia de referenciar un estilo ni la paciencia requerida para lograrlo. Al cántabro le echaron, junto a su propuesta, pues el aficionado bético promedio jamás aceptó que su equipo hablara tanto para decir tan poco en el terreno. Me pregunto qué pensará justo ahora que el Betis ni siquiera hace el intento por abrir la boca. Aunque no lo reconozcan, estoy seguro que quienes entonaron el famoso cántico ahora se deben estar sintiendo como yo hace veinte años: que dos horas después de dejar llorando en un parque a la chica del relato, ya tenía ganas de llamarla para pedirle perdón.

El escobazo inconcluso de Solari

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista….

Barrer. Eso hizo Solari. O eso quiso hacer, a decir verdad: tirar por el barranco del olvido toda la hojarasca fétida dejada por sus antecesores, verter un puñado de sal y pimienta en el caldo insulso y anodino del juego madridista y sacudir, casi agrietar con sus propios dientes el subsuelo de un club dormido. Reitero, eso quiso hacer y quizás por osado, o por ingenuo, hincó su rodilla delante del palco de Florentino mucho antes de lo debido.

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MENDILIBAR Y SU LUGAR EN EL FÚTBOL

BALÓN DIVIDIDO
La columna de Javier Arguelles

La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.

Alejado de los grandes focos mediáticos, de las pasarelas y los grandes premios, se encuentra un entrenador brillante. Un míster de equipos que no levantan trofeos, ni copan portadas de periódicos, tampoco titulares en los noticieros. Distante del glamour, de los puestos altos de la clasificación, José Luis Mendilibar vive, o mejor dicho, compite.

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UNA SEGUNDA DE PRIMERA

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista.

La Segunda huele distinto. Basta con inhalar un fin de semana y descubrir ese tufo a pasto y humildad, a grandes tirados en la lona del fiasco y a pequeños henchidos de orgullo por estar ahí, a un paso de donde siempre soñaron. A un paso de la utopía. Esa es la Segunda División de España, apologizada por los magnates y rebautizada como SmartBank, en una de las tantas infamias que ha debido soportar. Pero la Segunda no se raja.

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EL BRUJO BLANCO

LAS COSAS DEL FÚTBOL
La columna de Lorenzo Martínez Gener

Desde que tengo uso de razón el fútbol envuelve casi la totalidad de mis momentos más gratos. El romanticismo del juego de antaño fue erigiendo el concepto que tengo sobre este bendito deporte. Las cosas del fútbol no tienen épocas. Los grandes jugadores, los equipos ganadores y los partidos vibrantes trascienden en el tiempo perdurando hasta la eternidad, con un nivel de idolatría digno de los profetas divinos o los dioses de la Antigua Grecia.

El pasado 5 de septiembre se cumplieron 57 años de una fecha significativa en la historia del Real Madrid: el debut de un ícono del madridismo llamado Amancio Amaro Varela, más conocido por el “Brujo Gallego”. Fue en un partido de la extinta Copa de Europa ante el club belga Anderlecht, como local en los predios del estadio del paseo de La Castellana ante 100 000 espectadores. Luciría el dorsal 7 en su camiseta, número que ya es mítico en la historia del club.

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LA TERCERA VARIABLE

TOQUE CORTO
La columna de Jose Eduardo Borrego Zaldivar

Gamer, geek, nerd, pero sobre todo cubano que vive y muere por el fútbol. Sus cicatrices lo demuestran.

Nunca podría haber llegado a ese balón. Lo sabía bien, y casi como un mantra se lo repetía una y otra vez para convencerse que no había sido culpa suya. «Pero si te han gozado», le diría algún púber de mi isla. Pero él sabía -desde el inicio de la jugada- que esa pared era primero indetectable, luego indetenible. Resignado, agacha la cabeza e intenta entrar de nuevo en el juego. «Parate y seguí, nene», le habría gritado algún entendido argentino.

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COURTOIS, NAVAS Y LA NOVELA DE FLORENTINO

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista.

Sin alharacas, con la simple pero importante virtud de cumplir correctamente sus funciones, Thibaut Courtois dignificó un poco más -si se puede- su lustroso currículum durante los años bajo los arcos de Stanford Bridge.

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CUESTIÓN DE GUSTOS

EL PUNTO CENTRAL
La columna de Raul Hernandez Lima

Se vive mejor cuando el cuero rueda dentro de las líneas. Dicen que hay vida más allá, pero no es vida. La maravilla es redonda y es blanca…

Después del decepcionante empate en casa del Real Madrid ante el Brujas, un debate se reabre para los seguidores del más universal de los deportes. No se trata de la portería con la imposibilidad palpable y desesperante ya para los blancos de dejar el arco en cero, ni siquiera el de la falta de goles que dejó la marcha de Cristiano Ronaldo o el deficiente mercado de fichajes del club que ganó tres de las últimas cuatro Champions.

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FIGHT CLUB

EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara

Soy un tipo que aprendió a leer y escribir en Cuba post 1959, con todo lo que eso conlleva. Cansado de perder el tiempo y la vida me mudé a USA. No represento a nadie. Solo a mí. Puedo vivir con Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, pero lo que de verdad me lleva es mirar a alguien de frente y hablar por horas. De cualquier cosa…

“La primera regla del Club de Pelea es que no puedes hablar del Club de Pelea”, advertía Brad Pitt al estilo Tyler Durden, desafiante y con brazos cruzados, ante los aspirantes a miembros de aquel violento y testosterónico grupo que él y Edward Norton crearon en la ya icónica cinta de David Fincher 20 años atrás.

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EL FÚTBOL POR RADIO EXTERIOR DE ESPAÑA

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista.

El fútbol que yo conocí, el de verdad, el que me pone todavía los pelos de punta de vez en vez, nació en un portal de mi barrio que seguramente no tiene el mismo aspecto de antes, ni las mismas gentes. El fútbol que yo conocí, tan frívolo y a la vez tan pasional -vaya paradoja- solo entendía de esa rivalidad crispante entre blancos y blaugranas, aunque algunos, elementos rarísimos de aquella especie de anti esnobistas, quisiéramos rascarnos la curiosidad con esas jornadas repletas de goles en cualquier confín de la geografía española.

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