Son solo unos niños

FÚTBOL DISTINTO

La columna de Magol Alejandro Valdés Téllez

Mi abuela solía justificar las trastadas de sus nietos a la menor de las posibilidades. No es que fuéramos precisamente unos gamberros pero tanta condescendencia siempre nos terminaba por confundir. Desde su primitiva concepción formativa nos educó sin proponérselo bajo los principios de la sobreprotección. Prácticamente perdí la cuenta de las veces que mis padres llegaban del trabajo ‘buscando culpables’ y nuestras maldades les eran ocultadas con la misma convicción con que el gato del vecino hacía lo propio con sus heces. Y si alguien dudaba de que había sido el viento quien rompiera el búcaro con flores de la sala, ahí salía ella con su cultura pueblerina a explicar una teoría sobre los alisios del norte. Cuando la mentira por casualidad era descubierta, suavizaba el momento con su clásico: «¡Pero qué vamos a hacer si son unos niños!»

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The Fallen League

EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara

La Liga de las Estrellas se estrella en su propio universo. Ya no es aquel torneo de equipos dominantes que sometían a Europa jornada tras jornada. Tras un lustro dictatorial a golpe de títulos y goles en la Champions, el cambio de poderes en el Viejo Continente llegó .

El Slavia de Praga es la última confirmación. Real Madrid y Barcelona alternaron el reinado europeo por casi una década. El Atlético de Madrid del Cholo Simeone también estuvo cerca del trono, tuvo que consolarse con sus trofeos en el segundo certamen más importante: la Europa League, a la vez objetivo primario de un Sevilla que alzó copas como nunca. Esos tiempos quedaron en el pasado.

El presente de los dos transatlánticos españoles es el reflejo exacto de la realidad deportiva que viven los equipos de su liga. Como anden los grandes traza el camino para los demás. Y a día de hoy merengues y culés tienen más preocupados a sus fieles que ocupados a sus rivales. Amparados en el Star System de sus vestuarios, que al parecer imponen su voluntad por encima del proyecto institucional, Barca y Madrid sufren ante contrarios bien estructurados, que saben a lo que juegan. Para colmo ya no solo ocurre fuera del entorno doméstico, también ceden en su feudo interno.

Hoy la liga ibérica es una competición abierta. La exclusividad en la cima ya no es cosa de dos en la tierra del castellano. Y cuando la mediocridad manda sobre la calidad, la excelencia sufre. Lo que ocurrió la temporada anterior con cuatro ingleses disputando las dos finales continentales no es coincidencia, sino causalidad. En la Premier hay más paciencia para los proyectos a largo plazo, con técnicos preparados y fieles a un estilo, a una forma de trabajo probada y que inevitablemente ofrece resultados favorables.

Paradójicamente, la abundancia de Orejonas está pasando factura en el Bernabéu, pues llegaron más por peso de plantilla que por planificación. En la otra orilla olvidaron hace rato que Messi es un producto de la Masía y los preceptos Cruyffianos, no un Optimus Prime que impone su voluntad y talento cada vez que se lo proponga.

Al final el fútbol impone su verdad, muestra su esencia. La misma que lo hace el más universal de los deportes: es un juego de todos donde todos son importantes y el que mejor lo interprete de esa manera tiene las de ganar. Con sus estrellas cada vez más cautivas de su propio fulgor la Liga de España implosiona y ve como sus astros afrontan la caída final.

La angustia de los ídolos

TOQUE CORTO

La columna de José Eduardo Borrego Zaldívar

A veces la gente necesita héroes. Quizás la necesidad de alguna obra milagrosa lo genere o quizás la propia excepcionalidad de la circunstancia lo haga inevitable. Así ha pasado a lo largo de la historia, algunos han sido mitificado como leyendas, a otros sólo como valientes, y de otros solo queda su propia memoria y una medalla desgastada en su pecho.

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Bordalás y el milagro de Getafe

PRESIÓN ALTA
La columna de Eduardo Grenier Rodriguez

La presión alta me dura siempre 90 minutos. Tengo más equipos que pelos en la cabeza, pero sueño con ver al Espanyol ganar una Champions. Sigo pensando que la Segunda División de España es la mejor liga del mundo y que Pirlo es mejor que Maradona. Escribo porque mis goles solo los puedo anotar con tinta… y muy de vez en vez, cuando el portero se despista….

 “Bordalás, te quiero”. Lo canta el Coliseum a viva voz, como un grito único que emana de las entrañas azulonas en tanto azotan sus bufandas por el viento de Getafe. Mientras en otras gradas las chispas saltan de tensión y son más las rechiflas de repudio que el apoyo límpido a los proyectos de sus clubes, Ángel Torres experimenta una sensación nueva en su carrera presidencial: todas las noches duerme como un niño, sin preocupaciones recurrentes más allá de asumir retos mayores.

Cuando Pepe Bordalás desembarcó en el banquillo del Geta, era este un equipo desmoronado y encallado en la zona negra de la Segunda División. Juan Eduardo Esnáider, por aquel entonces entrenador de la tropa azulona, no había conseguido en la categoría de plata influir en el juego de su equipo como un año antes, cuando estuvo a un punto de conseguir una salvación antológica. Pero Ramón Planes, actualmente en la directiva del Barcelona y otrora director deportivo del club madrileño, probablemente nunca imaginó que su apuesta constituiría un antes y un después en la historia de la entidad.

Lo cierto es que la llegada de Pepe revolcó los cimientos del Coliseum y el Getafe pasó a ser uno de los temibles de la Segunda, se coló en los play off pese a la notable desventaja que encontró en la tabla y una vez ahí apeó a un Tenerife imponente liderado por José Luis Martí. A partir de ahí comenzó a crecer su figura a ojos del respetable, una hinchada pequeña pero fiel y acostumbrada a las mieles de la élite, tras 12 años ininterrumpidos en Primera División.

Hasta aquí, todo parece algo normal. Lo extraordinario e irrepetible vino después, con un año de ensueños en que el Geta volvió a ser EuroGeta, con una solidez defensiva dificilísima de resquebrajar incluso para los ataques más efectivos. Bordalás logró que todos sus jugadores alcanzaran su mejor nivel y con una plantilla repleta de hombres, más que de nombres, consiguió un bloque compacto capaz de ganar en cualquier plaza.

Y así Jorge Molina fue un incordio para las retaguardias rivales, Damián Suárez volvió a ser el lateral peleón e incómodo que habíamos visto a las órdenes de Fran Escribá en Elche y Ángel Rodríguez y Jaime Mata demostraron que la confianza depositada en ellos había sido el reflejo fidedigno de un club bien gestionado. Un 4-4-2 clásico, trabajado de manera escrupulosa y casi infalible, fue –y es- su esquema ganador.

Esta temporada pasean sus colores azulones por Europa y el Coliseum se ha despojado de esa mala fama de ser un equipo con “cuatro gatos” en sus gradas. En el último encuentro, un derbi de clubes pequeños en Madrid ante el Leganés, las tribunas rebosaban. 14 mil personas fueron a animar al EuroGeta. Y 14 mil personas, valga reiterarlo, entonaron como locos el nuevo eslogan de la hinchada azulona: “Bordalás, te quiero”.

EL GENIO DEL SILBATO

LAS COSAS DEL FÚTBOL
La columna de Lorenzo Martínez Gener

Desde que tengo uso de razón el fútbol envuelve casi la totalidad de mis momentos más gratos. El romanticismo del juego de antaño fue erigiendo el concepto que tengo sobre este bendito deporte. Las cosas del fútbol no tienen épocas. Los grandes jugadores, los equipos ganadores y los partidos vibrantes trascienden en el tiempo perdurando hasta la eternidad, con un nivel de idolatría digno de los profetas divinos o los dioses de la Antigua Grecia.

Sobra la polémica entorno a la selección del mejor futbolista del mundo, sobre el césped han existido jugadores que han cautivado a millones de seguidores de todas las edades. Diversos son los criterios a la hora de elegir a un jugador que lidere el ranking de los futbolistas más influyentes de la historia. Pero muy pocos se fijan en un personaje tan importante y polémico como suelen ser los árbitros. Ellos son los únicos que al terminar el encuentro siempre regresan solos a casa, sin el reconocimiento debido a tan noble profesión.

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CORAZÓN DE ACERO

EL PALCO
La columna de Henry Morales Marquez

Soy un tipo honesto que dice siempre lo que piensa. Por eso molesto a tanta gente hipócrita.

En ocasiones olvidamos cuán cambiante suele ser la vida y cómo a veces basta solo un minuto para despojarte de todo con lo que un día soñabas. Rubén de la Red, quién fuera alguna vez un flamante producto de la cantera del Real Madrid, conoce muy bien la fragilidad de nuestra existencia y sus impredecibles giros. Su pesar fue tan grande que reconoció: “A veces la vida te golpea fuerte, tan fuerte que es capaz de quitarte un sueño, pero incluso un sueño hecho realidad”. Esta es su historia.

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Fútbol cubano: el querer no es poder.

A BALÓN PARADO, la columna de Alejandro Céspedes Morejón

Fútbol cubano: el querer no es poder. A no ser que su opinión sea forzada por algún interés, solo un porciento fácilmente discriminable de la población futbolera no es esclavo de sus emociones a la hora de tomar decisiones sobre determinado tema.

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