Por Eduardo Grenier
Nunca hubo más llantos, más risas, más vida esparcida entre el ambiente que en esos aplausos en Cornellá. No hubo nunca más sinceridad en aquella gente que se puso de pie y arrancó un sonido tremendo de sus palmas, un sonido con sentimiento. Porque fueron aplausos de nostalgias, pero también de impotencias, de saber que solo llegarían a conformar un homenaje, un recuerdo y nunca –esta palabra punzante abre muchas heridas-, nunca un atisbo de pasado.
Sigue leyendo «Aplausos»