Por Eduardo Grenier
¿Quién dijo que la gloria estaba lejos, cuando el maestro decidió apartar sus destinos de la yerba del Olímpico? ¿Quién le llamó loco, incoherente, incauto, cuando dejó en el final del reglón una historia de fidelidad con el club de su vida? Habría que ver, entre dioses y mortales, quién tiene la razón.
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