The GOAT III: Números Relativos

El fútbol es la finta de Pelé a Marzurkiewicz, los 14 pases de la Naranja Mecánica tras el pitazo inicial en la final del 74, la galopada de Maradona contra media Inglaterra o la cintura hecha pedazos de Boateng.

El Hincha/La columna de Glauber García Lara

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Un aristócrata del fútbol

Fernando Carlos era un futbolista de otra época y de todas las épocas a la misma vez. Considerado por algunos como el mejor mediocentro de los últimos 40 años, desbordaba elegancia y entrega sobre el césped. Decidía partidos incluso desde una posición retrasada en el campo y mandaba como pocos. Si tuviera que definirlo en una palabra diría Clase en toda su magnitud.

EL HINCHA / La columna de Glauber García Lara

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Maradona

EL PUNTO CENTRAL

La columna de Raul Hernandez Lima

Cada 30 de octubre Villa Fiorito reaparece en el mapa argentino, luego se borra de los mapas de tanto dedo apuntándole y pasando sobre el papel brillante de las esferas. Allí nació Dios y corrió descalzo por los porteros pegado al balón.

Las siete canchitas le vieron desafiar a los mortales y querer convertirse en campeón del mundo, así lo dijo y ya saben que no hay imposibles para los dioses. No importó que el flaco Menotti le viera muy pibito en el 78 y le sacará temprano de la concentración, a las decepciones también se acostumbró Diego y las vivió como nadie.

Desafiante a las reglas más elementales para los mortales y a las fuerzas extrañas del poder. Irreverente y querellante ante casi todo lo que olía rancio en su nariz de pobre. Sin más fortuna que su carisma y la felicidad de hacer siempre su santa gana, como cuando rechazó dineros de River para ir al maltrecho Boca de sus amores.

Bañado de azul reventó las gargantas en la Bombonera ante los millonarios cuando dejó tirados a Fillol y Tarantini para hacer su arte, el del gol. Así se hacía el amor y la guerra, con pundonor y clase. Y tantas veces hizo la guerra que pareciera su propósito.

La hizo a la Fifa, a los corruptos, a su cuerpo mismo cuando lo entregó a las drogas. La hizo en el mexicano Estadio Azteca a los ingleses. Cualquiera pensaría que la Guerra de la Malvinas era cosa de pasado hasta que Maradona se tomó la justicia por su mano. No fue de pícaro ni tramposos como dicen unos y otros, fue la mano de Dios sobre ese balón inalcanzable para Peter Shilton.

Barrilete cósmico que apretó a la Argentina en un puño dejando en el camino a tanto inglés. Y levantó su izquierda con los del Sur. Ya dirán algunos la izquierda del corazón. La izquierda de con la que explotó las redes donde quiera. La del Che y Fidel Castro.

Por eso se fue al sur italiano a sentirse como en casa. Salió de Barcelona para ser feliz en Nápoles. Donde devolvió el amor que se ganó con goles y desparramó la gloria por las estrechas calles napolitanas. Ni siquiera viviendo entre el Vesuvio y los Campos Flégreos el San Paolo se acostumbró a tanto temblores como los provocado por Diego cada fin de semana.

Los sismos se apartaron de allí y de dentro de las canchas. Quizá se los llevo de la mano aquella rubia vestida de enfermera. Ese día le cortaron la piernas pero las heridas sanaron y en la sangre del Pelusa siguió corriendo su pasión por el fútbol. Hoy celebra Argentina que se olvida por un rato de la vorágine eleccionaria de estos días. Celbrá tú también Diego. Hoy cumple años la historia.

El viejo y las espadas.

SEGUNDA JUGADA
La columna de Zéner Caro

«Escribiendo, iba a hacer con las manos lo que nunca había sido capaz de hacer con los pies: chambón irremediable, vergüenza de las canchas, yo no tenía más remedio que pedir a las palabras lo que la pelota, tan deseada, me había negado.» (Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra).

La primera vez que escuché hablar a Chris Wilder pensé en las novelas de Hemingway.En uno de esos personajes atormentados que lucha por volver al reducto primario de la felicidad, aunque en ello le vayan la vida y las canas. En Harry Street y su agonía a la sombra del Kilimanjaro. Y también en Santiago, confesando que tal vez no debería ser pescador, pero había nacido para eso.

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