BALÓN DIVIDIDO
La columna de Javier Arguelles
La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.
El futbol es un negocio. Uno de los más lucrativos del mundo.
Posiblemente sea la mayor publicidad para cualquier empresa, consorcio o
estado. Por eso no es de extrañar que en los últimos años hayan
aparecido en el panorama balompédico ciertos y determinados personajes.
Magnates del petróleo , dueños de tiendas de aeropuertos, emires y jeques han tomado protagonismo en el mundo del futbol.
Han irrumpido con todo su dinero cambiando todo el paisaje. Han
covertido equipos normales en contendientes a todos los títulos. Han
rescatado a clubes a punto de la desaparación. Han traído patrocinio y
publicidad desde todos los rincones de la tierra. Sin dudas su inversión
ha beneficiado la globalización de este deporte y su crecimiento
mediático .
Pero en muchas ocasiones esto señores no entienden el
fútbol. No habló solo del factor deportivo sino también del social.
Para ellos simplemente es un negocio, donde hay que recuperar la
inversión y recoger las ganancias, sin darle ninguna importancia a la
repercusión social que pueda tener.
Sin ir más lejos tenemos la
destitución de Marcelino Garcia Toral, el pasado miércoles . Al
entrenador del Valencia, Peter Lim, lo fulminó entre otras cosas por
ganar la Copa del Rey.
Y sí suena ilógico, pero el principio del mal
fue en Enero, cuando el de Singapur, ordenó tirar la Copa en busca de
clasificar a la Champions en LaLiga. Al asiático ni le importó que el
club estuviera cumpliendo su centenario y tampoco celebró el trofeo al
que se abrazó todo la afición che. Después la crisis se amplificó con
las diferencias en la política de fichajes y con las declaraciones casi
belicas del entrenador asturiano.
A Lim no le importan las
consecuencias que puede traer este despido. No le importa generar
conflicto con el vestuario, ni con la grada de Mestalla. A Lim esos que
llenan el estadio o ven al Valencia por televisión les da igual, a él le
importa ser el que manda y recoger la plusvalía de su inversion.
Otro ejemplo es el Manchester United. A los Glazer les de igual que les
red devils sean los números uno en la clasificación de la Premier o
sean décimos, siempre y cuando al final de año siga siendo el club que
lidere el escalafón de los que más ganancia obtuvieron.
Al Malaga
y al Racing de Santander, los Jeques los han dejado en situaciones
precarias, al ver como el negocio no cuadraba la caja.
Hoy en
Almería hay ilusión pero también cierta duda. Ha llegado un Saudí y ha
invertido mucho en el equipo andaluz, pero la pregunta es: ¿Hasta cuándo
lo hará?
Comprendo el negocio y por tanto que no puede dar
pérdidas . Pero no se puede desdeñar los sentimientos de tanta gente,
porque sin ellas el futbol no sería esa industria tan lucrativa, ni con
tanta capacidad publicitaria. La ganancia de sus inversiones depende
mucho del amor de cada uno de los aficionados hacia sus respectivos
equipos. En el momento en que el hincha no vaya al estadio o apague su
televisor, los clubes no valdrán ni un centavo. Harían bien estos
personajes en respetarlo y valorarlo, si no quieren perder su negocio.
Pero parece que ellos no lo entienden.