EL GUARDIÁN DE PALACIO

EL PALCO
La columna de Henry Morales Marquez

Soy un tipo honesto que dice siempre lo que piensa. Por eso molesto a tanta gente hipócrita.

El escritor irlandés George Bernard Shaw expresó una vez: «Dichoso es aquel que mantiene una profesión que coincide con su afición». Agustín Herrerín era uno de esos hombres dichosos de la vida y otro de esos tantos héroes anónimos que tiene el deporte de las multitudes.

Hijo ilustre de Mazarrón, municipio de la provincia de Murcia, España. Hombre historia que laboró más de medio siglo en el Real Madrid. Trabajó de cerca con la cantera blanca y más que un apoyo psicológico para muchos jugadores, fue un amigo.

Durante su labor como empleado tuvo un episodio bastante curioso. Resulta que durante la semifinal de la Champions del año 1998 entre el Real Madrid y el Borussia Dortmund, los ultras del fondo sur destrozaron una de las porterías. Agustín salió del Bernabéu en su coche hasta la vieja ciudad deportiva, saltó la cerca perimetral, rompió los candados de la puerta, detuvo un camión que circulaba por la calle, montó la portería y la llevó al estadio para que se reanudara el choque.

Herrerín, además, fue el encargado de hacer sentir a los nuevos como en casa, e inculcarles los valores madridistas. Fue más que un segundo padre para muchos jugadores como Seedorf, Cristiano Ronaldo, Raúl, Ramos, Carvajal, Pepe, Arbeloa y muchos más. Tanto así que hasta impidió que Raúl se fuera de regreso al Atlético de Madrid cuando lo fue a buscar en su coche y se hizo cargo de él. CR7 lo buscaba para fotografiarse con el cada vez que ganaba un premio individual.

Se dice de que a partir de su designación como delegado de campo del equipo mayor en el año 1999, ubicó sus oficinas a unos pasos del vestuario, convirtiéndola en un sitio de charlas. Las visitas eran regulares por parte de jugadores y entrenadores para conversar un rato con él y quedarse anonadados con las anécdotas que contaba sobre sus vivencias en el Madrid. La gran confianza que inspiraba lo hizo ser guardián de joyas muy valiosas que le encargaban futbolistas a su cuidado cuando el cambio de la peseta por el Euro en España.

Su valioso trabajo con las llaves de palacio lo llevó a ser imprescindible. «¿Necesitas algo? Pregúntale a Herrerin», era la frase típica de árbitros, entrenadores y jugadores cuando estaban en el Bernabéu. Gracias a su empeño y calidad humana se ganó el respeto de rivales como lo es el gran Carles Puyol.

Agustín fue homenajeado en el 2018 tras su retiro y falleció al año siguiente. Parecía que lo mantenía vivo su pasión por el trabajo. Se llevó a la tumba historias e interioridades del club que rechazó escribir en más de una ocasión a pensar de tentadoras propuestas monetarias de periodistas sedientos de información.

Tras su partida el guardián de palacio dejó las llaves en manos de Carlos Megía Dávila, antiguo árbitro de Primera. Agustín al irse no solo dejó una enorme huella en el madridismo, sino también un profundo pesar en el mundo de esos héroes futbolísticos en el anonimato.

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