THE BAND

EL HINCHA
La columna de Glauber García Lara

Soy un tipo que aprendió a leer y escribir en Cuba post 1959, con todo lo que eso conlleva. Cansado de perder el tiempo y la vida me mudé a USA. No represento a nadie. Solo a mí. Puedo vivir con Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, pero lo que de verdad me lleva es mirar a alguien de frente y hablar por horas. De cualquier cosa…

Fue el primer partido de fútbol que vi en mi vida. Era un domingo cualquiera de 1986 y algún iluminado del ICRT tuvo la genial idea de transmitirlo. Evidentemente el calendario de eventos locales andaba de asueto y no había pelota o boxeo que colocar en la parrilla de la televisión cubana. Gracias a Dios.

Jamás olvidaré aquel centro colgado al área que el Cabezón Ruggeri bajó para Enzo. El Príncipe se inventó una chilena de época en tiempo añadido y River remontó un 2-4 frente a Polonia en los últimos 10 minutos de juego. Locura en el barrio de Núñez. No importaba que se compitiera por una Copa de Verano cuyo nombre no intento ni quiero recordar. Era el avance de lo que resultaría una temporada de leyenda para el club de La Banda.

En un mundo perfecto debí coser CARP en mis camisetas. No fue así. Pudo más el entorno familiar y me hice hincha de Boca y Maradona. Imaginen entonces cuánto me cuesta escribir del eterno rival. Pero honrar honra. 33 años después de aquella bestialidad que me regaló Francescoli un domingo cualquiera, la versión del Millonario que conduce Marcelo Gallardo encuentra muchas semejanzas con aquella que dirigiera Héctor Veira, ganadora de la primera Liberadores y de la Intercontinental ante el Steaua Bucarest. Ambas viven de la intensidad. Es su principio y final, marca de presentación y la clave del éxito.

Hoy River Plate es el mejor de Sudamérica, de lejos. Varios especialistas aseguran que ganara Back to Back la también añorada Copa Libertadores y mucho tiene que ver la mano del «Muñeco», el DT más laureado en los 118 años de la institución y a quien algunos ubican en un futuro cercano a la cabeza del poderoso FC Barcelona. Dicen los que viven el diario de River que Gallardo lo entrena a fuego sagrado, en las prácticas no se practica, se juega. El nivel de intensidad es altísimo, las entradas son fuertes y nadie regala una gota de sudor.

Todos se esfuerzan y el míster exige, pero también recompensa. Desde que manda Marcelo en la lateral del Monumental los cambios de alineación y sistemas tácticos se suceden de acuerdo a los rivales. Enemigo de los onces tipo, ofrece oportunidades a todos sus dirigidos y estos le responden con fervor espartano. Pasó de un clásico 4-4-2 inicial a distintas variantes que van de un 4-2-3-1 al 4-1-4-1 de la infame final contra Boca o al más actual 4-1-3-2.

Pero olviden tantos números y posiciones. El secreto está en que los enseñó a pelear y a pensar como equipo. En el campeón de América los egos no tienen cabida, indistintamente calentaron el banco nombres ilustres como D’Alessandro, Cavenaghi, Saviola, Lucho, Maidana y Ponzio. Hoy brillan Armani, Pratto, Martínez Quarta, Montiel y Palacios. Todos ganadores. La ambición impregnada parte de una idea que implantó Gallardo desde el primer día y que la directiva ha respetado. Proyecto. Palabra que muchos usan y pocos aplican a cabalidad. Solo los exitosos. A River los rivales le respetan. Salen a esperar el error. No a provocarlo. Y al final terminan pagando. Mi amado Boca fue el último ejemplo en la ida de la semifinal. La vuelta se antoja más que cuesta arriba. Así de dominante es La Banda a día de hoy.

En un mundo futbolístico donde Europa manda casi a placer, el River Plate de Marcelo Gallardo es una bocanada de aire fresco y única alternativa probable a desbancar del trono al próximo campeón de Champions. Pronto sabremos si Flamengo, Gremio o Boca pueden interponerse al poder del Rey de América. Ojalá al menos ese día tengamos otro iluminado del ICRT que transmita el gran partido. Aunque no haya ningún evento local calendariado y Enzo recuerde desde la tribuna del Antonio Vespucio el día que tiró aquella chilena eterna y un niño cubano por primera vez sintió de qué se trataba el fútbol.

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