BASTIAN

EL PUNTO CENTRAL
La columna de Raul Hernandez Lima

Se vive mejor cuando el cuero rueda dentro de las líneas. Dicen que hay vida más allá, pero no es vida. La maravilla es redonda y es blanca…

‘Les digo yo que lo han echado y le echan otra vez porque el rubio se calienta como la madre que lo parió’. Juraba Luis Aragonés que se fijaba en él cuando otros miraban en Ballack el escollo más difícil del entramado teutón, advirtiendo en la banda del joven el camino más rocoso hacia la gloria en la Euro de 2008, porque esto del fútbol ‘…es de listos…’ decía. ‘Le decimos algo que no le guste…’ proponía sin un ápice de pudor.

Luis sabía lo que se jugaba y tenía bien claros y fundados sus temores. Aquel rubio de apellido impronunciable estaría allí para aguarles la fiesta. Su robusta envergadura y la infatigable determinación de sacrificar el cuerpo si es necesario, de derramar la última gota de sudor y correr más allá del cansancio representaban un peligro para cualquiera que osara retar a los bávaros. Por eso se la jugó a destruirlo aunque no lo consiguiera. Con él allí todo fue más difícil.

Nunca alguien apostó mejor. A más de uno se le vio sudar de cansancio y de temor enfrentado al volátil cerrojo del Bayern de Munich y la selección alemana. En su cara roja se dibujaba una furia infinita en cada disputa de balón. Maestro de la pelota parada, visionario como pocos para la entrega a larga distancia y un leñador de la escuela menos ortodoxa, sin que resulte una contradicción mezclar esos atributos en una misma persona.

Jamás se vio una combinación así. Delicadeza de bailarín en el regate y cuchillos de carnicero entre los dientes esperando al enemigo, intimidando, cumpliendo su promesa de no dejar pasar intrusos en mitad de la cancha. Dueño de una potencia que le ganó resaltar entre todos. Su despiadada manera de pegarle al balón y la determinación de no rendirse nunca, de no dejar de correr jamás, mostraron su fuerza física y mental quizá salida del esquí, la única musa que le causó pensamientos alejados al fútbol.

No gozó jamás de las banales alfombras ni el brillo y las lentejuelas que suele traer la fama. Ni siquiera logró desbordar carisma a pesar de su sonrisa de niño inmaduro. En cambio supo sortear adversidades con su admirable decisión de seguir. Así toleró salir del Bayern de sus amores, se repuso de eso y hasta superó el disparate épico de quien le mandó a entrenar con los juveniles en Manchester.

Entonces Bastian se largó de allí, pero se negó a la derrota y se fue al exótico fútbol norteamericano. Quizá para seguir corriendo de un lado a otro aunque cada vez le costase más. Probablemente para dejar su rabia en el césped verde. A sus 35 ya no se piensa igual. Su rostro aún se torna rojo en cada partido pero sus piernas ya no son las de antes. Tal vez por eso anunció este martes 8 de octubre que deja las canchas al finalizar la temporada con el Chicago Fire de los Estados Unidos.

Seguramente los rivales se frotan las manos porque en lo adelante todo será más fácil. Puede ser también que a ellos, como a todos los que vivimos este maravilloso deporte les escuece aceptar su ausencia. La ausencia de quien se ganó, por derecho propio, un palco entre los jugadores más talentosos y peculiares que pisó las canchas. Hoy sale de los terrenos para siempre, pero para los que disfrutamos de su inigualable talento tiene un lugar eterno en el once ideal de nuestros corazones.

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