SECUESTRAR A GUARDIOLA

FÚTBOL DISTINTO

La columna de Magol Alejandro Valdés

Dijo Arthur Schopenhauer hace casi dos siglos que «el odio a una persona tiene sus raíces en la estimación involuntaria de sus virtudes». La frase -rescatada de un gran libro recién acabado de devorar- me ha devuelto de alguna forma a la aversión que inexplicablemente continúa generando Josep Guardiola, a esa práctica tan viciada y facilista que tiene el populismo de alinearse en su contra. Envuelto siempre en un halo de censura debido a su dialéctica,

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Maradona

EL PUNTO CENTRAL

La columna de Raul Hernandez Lima

Cada 30 de octubre Villa Fiorito reaparece en el mapa argentino, luego se borra de los mapas de tanto dedo apuntándole y pasando sobre el papel brillante de las esferas. Allí nació Dios y corrió descalzo por los porteros pegado al balón.

Las siete canchitas le vieron desafiar a los mortales y querer convertirse en campeón del mundo, así lo dijo y ya saben que no hay imposibles para los dioses. No importó que el flaco Menotti le viera muy pibito en el 78 y le sacará temprano de la concentración, a las decepciones también se acostumbró Diego y las vivió como nadie.

Desafiante a las reglas más elementales para los mortales y a las fuerzas extrañas del poder. Irreverente y querellante ante casi todo lo que olía rancio en su nariz de pobre. Sin más fortuna que su carisma y la felicidad de hacer siempre su santa gana, como cuando rechazó dineros de River para ir al maltrecho Boca de sus amores.

Bañado de azul reventó las gargantas en la Bombonera ante los millonarios cuando dejó tirados a Fillol y Tarantini para hacer su arte, el del gol. Así se hacía el amor y la guerra, con pundonor y clase. Y tantas veces hizo la guerra que pareciera su propósito.

La hizo a la Fifa, a los corruptos, a su cuerpo mismo cuando lo entregó a las drogas. La hizo en el mexicano Estadio Azteca a los ingleses. Cualquiera pensaría que la Guerra de la Malvinas era cosa de pasado hasta que Maradona se tomó la justicia por su mano. No fue de pícaro ni tramposos como dicen unos y otros, fue la mano de Dios sobre ese balón inalcanzable para Peter Shilton.

Barrilete cósmico que apretó a la Argentina en un puño dejando en el camino a tanto inglés. Y levantó su izquierda con los del Sur. Ya dirán algunos la izquierda del corazón. La izquierda de con la que explotó las redes donde quiera. La del Che y Fidel Castro.

Por eso se fue al sur italiano a sentirse como en casa. Salió de Barcelona para ser feliz en Nápoles. Donde devolvió el amor que se ganó con goles y desparramó la gloria por las estrechas calles napolitanas. Ni siquiera viviendo entre el Vesuvio y los Campos Flégreos el San Paolo se acostumbró a tanto temblores como los provocado por Diego cada fin de semana.

Los sismos se apartaron de allí y de dentro de las canchas. Quizá se los llevo de la mano aquella rubia vestida de enfermera. Ese día le cortaron la piernas pero las heridas sanaron y en la sangre del Pelusa siguió corriendo su pasión por el fútbol. Hoy celebra Argentina que se olvida por un rato de la vorágine eleccionaria de estos días. Celbrá tú también Diego. Hoy cumple años la historia.

Zinedine y la promesa

TOQUE CORTO

La columna de José Eduardo Borrego Zaldivar

Dicen aquellos cuyos escurridizos oídos llegan a lo más profundo del Bernabéu que un día, arropado por los títulos, Zinedine Zidane les prometió a sus jugadores que contaba con todos y cada uno de ellos y que ninguno iba a quedar fuera, que confiaba a muerte y con ese grupo lo ganaría todo.

Promesa cumplida en aquella épica campaña de las “famosas rotaciones”, cuando jornada tras jornada, no importase la alineación, el equipo rendía adecuadamente. Con el paso del tiempo y a medida que se fue diluyendo el rendimiento competitivo de su equipo, ZZ recortaba la lista de confiables, creando dentro de una plantilla de 25 jugadores, un selecto grupo de 13 o 14 de ellos que disputarían la mayoría de los partidos. Aquella bendita fórmula de las rotaciones había quedado atrás.

El resto del cuento todos lo conocen: en su última temporada, tropezando en la Liga, pero levantando la Decimotercera, Zidane sorprendería al mundo con aquella rueda de prensa anunciando su dimisión como entrenador del Real Madrid Club de Fútbol.  El míster en su despedida alegaba un desgaste de su mensaje y la correspondiente disminución de su capacidad para dirigir al grupo.

A muchos se les atragantaba este argumento, y todavía creen que la verdadera razón de la partida fue la incapacidad de deshacerse de varios de sus futbolistas, de renovar un equipo con claros indicios de desgaste -tanto físico como mental- que lo había llevado a triunfar. Zidane, de facto, se ha negado a ser quien dé por terminado este ciclo; se ha negado a dar el adiós a los pilares de su éxito.

Hoy día ZZ está de nuevo entre el madridismo y con el reto más difícil: superarse a sí mismo en su vuelta. Más allá de mitos pasados, lo avalan los títulos alcanzados que suman méritos suficientes para ser querido y respetado por la afición, la directiva y el vestuario.

Sin embargo, es vital que un técnico de su nivel y con tamaña responsabilidad (ganarlo todo) haga gala en el terreno de un despliegue táctico que vaya más allá de alinear el once de la jornada. Basta ya de ese aparente –o no- empirismo que facilita la tarea a los equipos rivales.

El Madrid se ha convertido en un equipo mediocre y Zinedine debe buscar soluciones solo ahí donde quedan: en el resto de su plantilla, en su fondo de armario o incluso en la cantera madridista. Aunque muchos dudan –dentro de los que me incluyo- de la capacidad del entrenador o del club para gestionar un proyecto más allá del corto plazo.

La ecuación no es complicada, SUMAR, no RESTAR, todo pasa por ahí. Zidane tiene que arriesgar en cada convocatoria y transmitir confianza a cada jugador; si un día las rotaciones lo hicieron campeón, entonces seguramente puede ser una opción, aún más si pensamos en la calidad de este grupo. Ojalá alguien lo haga recordar. El crudo invierno de Europa se acerca y todos saben que la Champions no perdona y ya lo van teniendo más que claro; espero –por el bien del madridismo- que tanto el equipo como su entrenador reaccionen. Quizás estén esperando por el himno de la Champions para despertar en el camino a Estambul.

La maldición del Capocannonieri: Parte 2

Higuain:

Otro de los grandes delanteros de los últimos tiempos en la Serie A es Gonzalo Higuain. El ¨Pipa¨ llego a la Serie A de la mano del Napoli, cuando Aurelio De Laurenttis logró cerrar un excelente negocio con el Madrid en el ya lejano verano del 2013. Digo excelente negocio por lo que luego le daría el argentino al conjunto del sur italiano. Ya en su primer año, el ex de River dio muestras de que él y el gol tienen una relación especial, 24 goles en todas las competiciones dieron fe de ello. La segunda temporada con la maglia azul del Napoli sería muy parecida en cuanto a registros que la anterior, aunque la filosofía de juego de Rafa Benítez quizás no le favoreció tanto como la del entrenador que lo llevaría a cumbre del gol en Italia. Aunque solo trabajaron un año en Napoli, Sarri entendió rápidamente qué podía darle Higuain como delantero.

El Pipa fue piedra angular de la ¨Máquina de Sarri¨, con 36 goles en 35 partidos el nacido en Brest se cansó de hacer goles a lo largo y ancho de la ¨Bota¨. Tan buena fue aquella temporada que anotó 9 dobletes y un triplete. Sus goles al final no servirían de mucho, pues la Juve ganó su Scudetto sin mucho sobresalto, pero sus 36 goles le dieron para superar un legendario récord de Gunnar Nordhal, que en 1950 anotó 35 dianas con el Milan. A sus 28 años el subcampeón del mundo estaba en la cima de su carrera en su tercer año en Napoli. Su buen hacer lo llevó a la Juventus, un odiado rival del conjunto napolitano, algo que rompería el hechizo de amor con los tifosis y con San Paolo. Lo cierto es que es Higuain no volvió más, si bien tuvo un buen primer año con la Juve estuvo lejos de aquellos registros, poco a poco su retroceso goleador inició tras par de temporadas en la Juve, mientras pasaría sin penas ni glorias por el Milan y el Chelsea. Hoy busca hacerlo mejor que antes, por lo que ahora con Sarri en la Juve esperamos todos ver una mejor cara del Pipa, aunque de momento su dorsal 21 carga con la pesada maldición del Capocannonieri.

Luca Toni:

Luca ni en sus mejores años pudo mantener en temporadas consecutivas el título de mejor goleador de la Serie A. El campeón del mundo con Italia en 2006 en el momento de colgar los botines se llevó bajo el brazo par de blasones de Capocannonieri, ambos con muchos méritos y separados por 9 años, uno en la flor de su carrera y otro cuando ya iba de retirada en un club modesto como el Hellas Verona.  Pero jamás los repitió. El primero de los premios a sus goles llegó por el 2006, vistiendo el característico color púrpura de la Fiorentina, una Fiore que encanto a muchos y seguro una de las mejores de los últimos años. El fútbol ofensivo y alegre de Cesare Prandelli encajó de maravilla en las características de Toni (31 goles en 38 partidos), quien, dicho sea de paso, en aquella ocasión fue el primero en superar las 30 perforaciones en la Serie A desde 1959. Anotó a casi todos los equipos en aquella edición de la Serie A desde grandes a pequeños, sus goles no sirvieron de mucho a la Fiore, pero a título personal, el italiano reinó en Europa, haciéndose a final de temporada con el título de la Bota de Oro Europea, al superar a dos monstruos del gol como Thierry Henry y Samuel Eto´o.

Luego ¨Lucas Patroni¨ viajó a Baviera para ponerse la elástica del Bayern Munich. Con el conjunto teutón tuvo muy buenas temporadas hasta que las lesiones comenzaron a maltratarlo, por lo que salió de Alemania dejando muchos goles y buenas sensaciones para volver a casa. De vuelta al Calcio, Toni vestiría las camisetas de Roma, Genoa, Juventus y Fiorentina en su segunda etapa hasta llegar a Verona, en la ciudad de Romeo y Julieta jugó para uno de los equipos locales: Hellas Verona. Aun con algo de pólvora en los botines el oriundo de Módena vivió unas muy buenas temporadas en el norte de Italia, en dos de ellas marcó veinte o más goles. Específicamente en la temporada 14/15, desafió todas las probabilidades y se alzó con el título a mejor goleador de la Serie A junto con un joven Mauro Icardi.

Toni, en aquella época con 38 años recién cumplidos, se convirtió en el Capocannoniere de la Serie A de mayor edad. Luca sufrió de la maldición, no repitió el título en campañas consecutivas, pero poco importó, puesto que se despidió del fútbol italiano y mundial como uno de los ‘9’ más trascendentales y míticos del país transalpino.

Un club (casi) grande

Viaja entre el cielo y las penumbras, puja, cede, sorprende y decepciona. Su casa es un sitio pulcro y sereno, a veces mohíno, que un día le decían El Madrigal y al siguiente le impusieron el nombre de La Cerámica. Vive así, con la ilusión de los pequeños y el linaje de los grandes, respetado en Europa y de vez en vez con casa de campo en Segunda. Es el del Villarreal, eso sí, uno de los proyectos más sobrios y pacientes de la Liga.

En el palco principal hace mucho tiempo las cámaras captan el mismo rostro: Fernando Roig, dueño de ilustre apellido y gestor eficaz de un submarino que ha navegado por casi todos los océanos. Dicho esto, al parecer la tolerancia del señor Roig comienza a rendir sus frutos en la actual temporada, con una hilera de buenos resultados tras el trastabillante inicio de contienda y el aciago rendimiento del año anterior.

Recordemos que hace una campaña fue Javi Calleja el encargado de enrumbar al club, cuya talentosa plantilla no consiguió nunca durante 38 jornadas establecer un juego acorde con su nivel. Las notables carencias defensivas lastraron al Villarreal, incapaz de ser sólido en ninguna de las dos áreas. Así, en uno de los movimientos más inauditos regalados por el fútbol y el ingenio de las directivas, Calleja fue echado y luego del paso igualmente triste de Luis García Plaza, repescado para alejar al submarino de la negra triada del descenso.

Esta temporada Calleja, entrenador pragmático y buen gestor de vestuario, hombre de club amén de sus dudas como idealizador de una táctica triunfal, cuenta con un grupo compacto, ayudado por el aporte de figuras nuevas como el prometedor Pau Torres, probablemente uno de los centrales de más futuro en todo el viejo continente. Torres, complexión física ideal para un zaguero (delgado y alto), es de aquellos defensores que jamás pone en riesgo la seguridad de su arco. Pese a no ser un dechado en el manejo del balón, tiene la suficiente inteligencia para estar siempre bien ubicado y echar la pelota a la banda para evitar complicaciones.

Al lado de Pau, para conseguir al fin una defensa como Dios manda, aparece el veterano Raúl Albiol, del cual pocas cosas se podrán decir a estas alturas de su exitosa carrera. Así, con juventud y experiencia, Calleja posee una retaguardia eficiente y ha cerrado la hemorragia que mantenía al conjunto más en el suelo que en el cielo. Por las bandas aparecen Rubén Peña y Alberto Moreno, laterales por encima de la media del torneo, y en el arco quien aparece a juicio de este redactor en el top 5 de porteros de la Liga: Sergio Asenjo.

De ahí en adelante todos los problemas son solucionables, pues el Villarreal posee talento en todas sus líneas, especialmente gracias al legendario Santi Cazorla y al subvalorado Gerard Moreno, los cuales hacen bueno el esquema clásico de Calleja, un 4-4-2 que une dos mediocentros con dos volantes abiertos en una línea compacta por detrás de dos puntas. A simple vista un dibujo básico, pero dirían los que saben, la sencillez a veces constituye la clave de la victoria.

Queda entonces observar desde fuera la evolución del club castellonense en la Liga. A priori, el propósito es retornar a sus viajes por aguas del Viejo Continente y basta con otear lo sucedido en las primeras páginas del calendario para notar que es posible el objetivo.

FRANCK RIBÉRY: LA HISTORIA NO CONTADA

El expropietario de los Orlando Magic Richard DeVos una vez dijo: «La única cosa que se interpone entre un hombre y lo que quiere de la vida es a menudo simplemente la voluntad de intentarlo y la fe para creer que es posible», una frase que skidrow-reloaded resuma la vida de Franck Ribéry, una historia personal de un futbolista top muy poco conocida y sin dudas digna de ser contada. De no conocer el novelesco camino de este hombre, quizás solo me quedaría con aquello de Scarface, del magnífico jugador de fútbol iracundo y con su característica cicatriz en el rostro.

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Si el fútbol no puede…

BALÓN DIVIDIDO La columna de Javier Arguelles

La diferencia entre el triunfo y el fracaso depende más de lo que queremos creer de los goles marcados o no marcados en los que la suerte es el factor determinante.

Si el fútbol no puede….

Mañana deberíamos amanecer con El Clásico. Todo nuestro día tendría que haber girado alrededor de lo que sucediera en el Camp Nou. Porque un Barca-Madrid cada vez que se juega es el partido del año, del siglo. Pero no, mañana no habrá clásico. Se hizo arriesgado celebrarlo por las protestas independistas en Catalunya. Parece que es imposible guardar en un cajón las diferencias políticas y durante 90 minutos solo disfrutar, sufrir, gritar, vivir como lo harían los seres normales. Si el fútbol no puede ser una válvula de escape, entonces…

El último diciembre trajo de regalo el superclásico Boca-River como final de la Copa Libertadores. La mayor rivalidad del fútbol argentino serviría para encontrar al nuevo rey de América. Lo que debería ser una fiesta para el balompié albiceleste se convirtió en vergüenza. Después del empate a cero en la Bombonera, todo quedaba listo para el asalto final en el Monumental. No se pudo efectuar el duelo en el barrio de Núñez. Unos inadaptados repletos de odio arrastraron por el suelo a toda la hinchada argentina lo que obligó a jugar la vuelta a 10000 km de distancia en el Santiago Bernabéu. Si el fútbol no puede con el odio, entonces…

Hace unos días Hristo Stoichkov terminó un programa de televisión llorando avergonzado por la actitud de sus compatriotas en el partido celebrado en Sofía entre Bulgaria e Inglaterra. Toda una grada hizo que la goleada de los ingleses fuera cosa anecdótica, lo importante fue los constantes gritos racistas que les lanzaron a varios jugadores de los tres leones. Lo peor es que no es un hecho aislado, en Italia casi todos los fines de semana ocurren actos similares. Si el fútbol no puede con el racismo, entonces…

En la última fecha FIFA se jugó un partido entre las dos Coreas, dos países que a día de hoy, aunque la guerra terminó hace casi 70 años. El desafío se desarrolló sin público y sin transmisión televisiva en vivo. Se desaprovechó la oportunidad de extenderse la mano, de edificar un poco de paz. Si el fútbol no puede, al menos durante una hora y media detener una guerra, servir de tregua, entonces…

Parece que el odio, el racismo, las diferencias políticas, la intolerancia nos han vuelto tontos. Ya no somos capaces de discernir ni durante 90 minutos aquello que nos puede hacer feliz. Quiero creer que el fútbol nos enseña un poquito a vivir, que el fútbol nos aleja un rato de las miserias humanas. El juego en sí es una lección de vida. Generosidad, esfuerzo, valentía, sacrificio, pero sobretodo amor y mucho respeto hacia compañeros, rivales y afición se pueden ver en cada cancha del mundo.

Si el fútbol no puede durante 90 minutos volvernos humanos entonces, discúlpenme la palabra, estamos jodidos.

Conte es Internazionale.

A BALÓN PARADO La columna de Alejandro Céspedes Morejón

El fútbol es como la vida, golpeas bien la pelota y no siempre es gol.

A finales de los noventas, un amigo apasionado del Calcio me mostraba una foto de Antonio Conte ejecutando una chilena con la maglia juventina. Estaba tan bien tomada que el jugador parecía un tipo temerario y exquisito a la vez.
No recuerdo que como mediocentro bianconero destacara por ser técnicamente mejor que Didier Deschamps, o jugara con más entrega que Alesio Taquinardi, pero si por ser muy inteligente para moverse por todo el campo y resolver situaciones sin llegar a parecer un box to box inglés o robarle reflectores a Paolo Montero o Alessandro Del Piero. Quizás por esto no me extraña la evolución de sus esquemas tácticos como director técnico de la Juventus al Inter de Milán.
Si algo es fijo en sus propuestas es la defensa de tres, un esquema por muchos años acusado de ser defensivo, hoy día ha sido revalorizado. Con la llegada a los banquillos de Cruyff en los ochentas del pasado siglo, se comprobó que puede ser un esquema versátil, según manden de la línea de cal hacia fuera. En los últimos diez años hemos sido testigos de cómo los italianos han perfeccionado este sistema táctico.
Con la Juventus, Conte podía alinear defensas muy sólidos y experimentados como Chiellini, Barzagli y Bonucci, apoyados por dos carrileros, que en repliegue formaban una línea de 5 en el fondo. Por delante un medio como Pirlo con pocos toques daba salida al juego.
Luego de casi un año fuera de los banquillos que le ha servido para estudiar y perfeccionar el juego, el efusivo entrenador ha llegado al barrio de San Siro con la misma cara, pero con distintas mañas.
Su Internazionale es tan inclusivo como dictan los preceptos fundacionales del club y más arraigado que el de Mourinho (último en ganar un trofeo para la causa neroazzurra) pues la seguridad de Handanovic, la experimentada garra de Godín, el solvente De Vrij y la fortaleza de Skrinniar, marcan un bloque defensivo muy disciplinado. Es atrevido con Sensi y Barella en el medio, escoltados por el eficiente Brozovic, profundo por los carriles con Asamoah y Candreva; y en ataque goza de la potencia de Lukaku y la movilidad picaresca de Lautaro.
Todas estas herramientas conforman una armada eléctrica, fogosa y martirizante para los rivales cuando intentan presionar arriba, y ven que, tras repeler un ataque, sacan con una tranquilidad pasmosa el balón desde atrás, sin importar el rival. Sabe que un balón dividido en el centro del campo es medio gol del rival cuando te presionan en tres cuartos de cancha. Tal parece que Conte de Klopp, Sarri y Guardiola tomó un precepto: «Al rival, muy pocos espacios”.
Pero este Inter de Antonio que juega con desenfado, tiene otro as bajo la manga: la juventud que se cocina en el banco y se va contagiando con su pasión. Nominar el mejor papel de reparto puede ser una osadía, porque tanto D’Ambrossio como Biraghi son piezas claves para sorprender en un cambio de esquema según va el partido, pero Politano y Esposito van tomando protagonismo según decida el allennatore.
En todos los rincones mediáticos ven al Inter de Milán como un proyecto interesante y prometedor. Así le advertía Zanetti al ex de la Juventus y La Nazionale cuando se sentaron a comer dicen los más cercanos; y en el campo se va reflejando. Primero es jugar y después ganar dirían algunos, pero Conte es un catalizador.

 

Vidic, la muralla Serbia

MEDIA VOLEA
La columna de Ernesto Amaya Esquivel

En tiempos de reguetón cualquiera es músico. Me incomoda todos los días escuchar a los que “saben de fútbol” confundir a Mateja Kežman con un whisky. Mi onda es la de Buena Fe, amo las viejas glorias.

El fenómeno de la internet hace que los recuerdos futbolísticos más lejanos vuelvan a ser vivencias del presente. Algo similar me pasó por estos días al ver que Nemanja Vidic cumplía años y de repente una ola de pasajes invadieron mi mente.

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¡QUIQUE, VUELVE YA!

FÚTBOL DISTINTO
La columna de Magol Alejandro Valdés

Económico en el papel. Invento de camarógrafo. Futbohólico sin remedio. Sobre todo eso. Al fútbol lo tengo durmiendo en mi cuarto, en una cama al lado de mis dos hijas. Amo tanto este juego como a mi propia familia. Al punto de que rezo cada día porque mi mujer no me obligue a elegir entre ambos. No sabría qué decirle a mi madre cuando me vea en su puerta con unos maletines.Recuerdo con cierta nostalgia al gran amor de mi adolescencia, aquella chica a la cual quise mucho pero con quien me peleaba cada vez que tenía la impresión de que mi vida era demasiado tranquila. A mi alrededor todos gozaban de una existencia más aventurera y eso siempre atraía, alteraba mis planes, me deformaba hasta desear vivir también de manera accidental. De alguna forma el fútbol moderno me suele devolver a aquella etapa, a esa sensación constante de provisionalidad y miedo infundado a lo definitivo. Quizás no existan dos realidades tan parecidas en sus tesituras, tan disparatadas y pueriles, tan momentáneas, improvisadas e histéricas a la vez.

Quique Setién pasó por la vida del Betis de la misma forma que aquella chica por la mía. Los sucesos son idénticos en el antes (incertidumbre), el durante (estabilidad) y el después (vacío). En ambos casos quedó una huella difícilmente borrable en el futuro inmediato. El estilo coral de Setién se minimizó tanto al final de su mandato que terminó siendo extirpado -para complacer a la plebe- como si se tratara de algo prescindible; digamos una apéndice común y corriente, por ejemplo. A día de hoy el Betis luce como un paciente al que hayan trasplantado un órgano vital: se levanta de la cama con ayuda, da unos pasos, toma el sol en las mañanas y se alimenta con dieta ligera, pero está muy lejos de poder regresar a su vorágine diaria en condiciones.

Aunque la situación en Heliópolis todavía no esté como para tirarse de los pelos y el concurso de Rubi no haya sido puesto abrumadoramente en entredicho, es innegable que el verdadero problema radica en la interpretación actual del juego, en esa versión cuanto menos caricaturizada y alejada de los ideales béticos. La impresión que deja el equipo verdiblanco es de total aturdimiento, padeciendo además del clásico síntoma de las plantillas inutilizadas: la mayoría de futbolistas parecen peores de lo que son en realidad. Y todo a escasos meses de haber endulzado a Europa, y de acostumbrar a su parroquia a controlar el juego desde el balón en Milán, Madrid o Barcelona. Y de perder esos tres o cuatro partidos consecutivos que definen tan bien a una afición.

En el ocaso del proyecto Serra-Setién, la grada del Villamarín entonó en más de una ocasión el «¡Quique, vete ya!», como un himno de protesta a lo que consideraban un punto de no retorno. El beticismo, tan curtido en sonoros fracasos, nunca entendió la importancia de referenciar un estilo ni la paciencia requerida para lograrlo. Al cántabro le echaron, junto a su propuesta, pues el aficionado bético promedio jamás aceptó que su equipo hablara tanto para decir tan poco en el terreno. Me pregunto qué pensará justo ahora que el Betis ni siquiera hace el intento por abrir la boca. Aunque no lo reconozcan, estoy seguro que quienes entonaron el famoso cántico ahora se deben estar sintiendo como yo hace veinte años: que dos horas después de dejar llorando en un parque a la chica del relato, ya tenía ganas de llamarla para pedirle perdón.