TOQUE CORTO
La columna de José Eduardo Borrego Zaldivar
Dicen aquellos cuyos escurridizos oídos llegan a lo más profundo del Bernabéu que un día, arropado por los títulos, Zinedine Zidane les prometió a sus jugadores que contaba con todos y cada uno de ellos y que ninguno iba a quedar fuera, que confiaba a muerte y con ese grupo lo ganaría todo.
Promesa cumplida en aquella épica campaña de las “famosas rotaciones”, cuando jornada tras jornada, no importase la alineación, el equipo rendía adecuadamente. Con el paso del tiempo y a medida que se fue diluyendo el rendimiento competitivo de su equipo, ZZ recortaba la lista de confiables, creando dentro de una plantilla de 25 jugadores, un selecto grupo de 13 o 14 de ellos que disputarían la mayoría de los partidos. Aquella bendita fórmula de las rotaciones había quedado atrás.
El resto del cuento todos lo conocen: en su última temporada, tropezando en la Liga, pero levantando la Decimotercera, Zidane sorprendería al mundo con aquella rueda de prensa anunciando su dimisión como entrenador del Real Madrid Club de Fútbol. El míster en su despedida alegaba un desgaste de su mensaje y la correspondiente disminución de su capacidad para dirigir al grupo.
A muchos se les atragantaba este argumento, y todavía creen que la verdadera razón de la partida fue la incapacidad de deshacerse de varios de sus futbolistas, de renovar un equipo con claros indicios de desgaste -tanto físico como mental- que lo había llevado a triunfar. Zidane, de facto, se ha negado a ser quien dé por terminado este ciclo; se ha negado a dar el adiós a los pilares de su éxito.
Hoy día ZZ está de nuevo entre el madridismo y con el reto más difícil: superarse a sí mismo en su vuelta. Más allá de mitos pasados, lo avalan los títulos alcanzados que suman méritos suficientes para ser querido y respetado por la afición, la directiva y el vestuario.
Sin embargo, es vital que un técnico de su nivel y con tamaña responsabilidad (ganarlo todo) haga gala en el terreno de un despliegue táctico que vaya más allá de alinear el once de la jornada. Basta ya de ese aparente –o no- empirismo que facilita la tarea a los equipos rivales.
El Madrid se ha convertido en un equipo mediocre y Zinedine debe buscar soluciones solo ahí donde quedan: en el resto de su plantilla, en su fondo de armario o incluso en la cantera madridista. Aunque muchos dudan –dentro de los que me incluyo- de la capacidad del entrenador o del club para gestionar un proyecto más allá del corto plazo.
La ecuación no es complicada, SUMAR, no RESTAR, todo pasa por ahí. Zidane tiene que arriesgar en cada convocatoria y transmitir confianza a cada jugador; si un día las rotaciones lo hicieron campeón, entonces seguramente puede ser una opción, aún más si pensamos en la calidad de este grupo. Ojalá alguien lo haga recordar. El crudo invierno de Europa se acerca y todos saben que la Champions no perdona y ya lo van teniendo más que claro; espero –por el bien del madridismo- que tanto el equipo como su entrenador reaccionen. Quizás estén esperando por el himno de la Champions para despertar en el camino a Estambul.